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jueves, 30 de julio de 2015

Voto: La trampa del sistema capitalista

 



   En vísperas de elecciones visualizamos un excesivo derroche de millones de billetes en propaganda política, que es solventada principalmente por capitales provenientes de empresas privadas (a cambio de "favores" políticos en caso de que el candidato apoyado triunfe en las elecciones), dinero “administrado” (malgastado) por el Estado, del pueblo y también del bolsillo de los militantes de los partidos políticos (en algunos casos).
   Durante la época de campaña se desarrolla el circo electoral que consta de una maquillada de la realidad puesta en escena, donde se exponen candidatos con supuestos aspectos de honestidad, inteligencia, empatía por los que menos ingresos perciben, con capacidad para solucionar los problemas sociales y económicos vigentes, y elocuentes discursos que generalmente logran crear falsas expectativas en el votante.

   Ha transcurrido una vasta cantidad de elecciones en cada país con democracia constituida, y el fraude electoral, las promesas incumplidas, la corrupción devenida en normalidad y el abuso de la autoridad tras la obtención del poder político constituyen concretamente sus consecuencias. Todas ellas al servicio de las clases dominantes, ya que proceden al mantenimiento del sistema capitalista. Nada más efectivo para la burguesía que la puesta en funcionamiento de una propia burocracia de fácil domesticación.




Voto, ¿La voluntad de las mayorías?



   El voto es elemental para desarrollar una democracia. También es necesario para ejercer control social. El electorado, en su mayoría, goza de un falso sentimiento de ejercer la libertad por decidir a quién entregar su voto; cuando, lejos de ello, se está convirtiendo en el único rehén del juego demagogo que imponen los dueños del poder, por cierto quienes son beneficiarios directos del circo electoral y el desfile de los partidos.
   El hecho de votar, como cualquier otro acto, te hace responsable de los efectos que genera. No obstante, no podemos llamar al triunfo de un partido político sobre otro como una “expresión de la voluntad de las mayorías”, cuando el voto es obligatorio, un alto porcentaje ni siquiera asiste a votar (entre el 20 y 30% del total), existe fraude electoral (robo o compra de votos, manipulación, amenaza, etc.-) y mecanismos prescriptivos que evitan la presencia de frentes electoralistas diminutos. Además, es muy común que tras las elecciones generales, las mismas se diriman entre dos fuerzas políticas, reduciendo aún más el abanico de opciones que posee un votante, quien generalmente termina aplicando la “teoría del mal menor” (deducir quién es menos peor) para entregar su voto al candidato que se supone que menos daño hará en su gestión.





   Las elecciones asimilan provisoriamente (hasta que culmina el periodo eleccionario) las contradicciones internas de la sociedad al reducir a todas las personas al valor de un voto, mientras que por otro lado legitiman de forma explícita la existencia de un Estado centralizador del poder, y con éste a sus fuerzas armadas del Orden, la represión, a las desigualdades socioeconómicas y la legalidad burguesa.

   En el terreno de las elecciones también suelen aparecer plataformas partidarias autoproclamadas como “partidos de la clase obrera” con cierta inserción en trabajadores, aunque sólo basta con observar el compuesto de las listas para darse con que los puestos con posibilidades de ingreso al Parlamento están ocupados por burócratas mantenidos por las bases militantes (como todo “político burgués”), profesionales de la política o intelectuales acomodados que jamás han trabajado en situación de dependencia.

   Entonces, el voto contribuye a mantener a la democracia parlamentaria como forma de gobierno, necesaria para la continuación de la reproducción legalizada de las relaciones de explotación. Distinto a ella sería poseer como sistema a una democracia directa, donde predominasen las acciones directas entre las personas y, en caso de elecciones, estas ser de tipo asamblearias con voto optativo y visible -a mano alzada, por lo general- (el voto secreto es fundamental para cometer un fraude porque no se sabe realmente a quién se votó).


   La persuasión electoral ha afectado a la población de tal manera que ésta es muy promiscua a creer en las promesas propuestas por políticos desesperados por conquistar votos. La abstención activa hoy es vista como un acto de desperdicio de una oportunidad de continuidad de reformas positivas o cambio para una sociedad.
   Es ridículo sostener que un voto puede cambiar el rumbo de un país. Si así lo fuera, estaríamos en condiciones de votar entre seguir viviendo bajo este sistema capitalista u optar por uno alternativo. Para suerte de las clases dominantes, el voto le es funcional a sus intereses de gobernar, prohibir, reprimir.
 
Si el voto podría cambiar la realidad, no tenga dudas de que estaría prohibido.
 

sábado, 6 de junio de 2015

Banderas que desunen: Nacionalismo y xenofobia


   Cada país del mundo cuenta con una de estas. Motiva a los habitantes de esa nación o, las naciones que integran al país, a entregar hasta su vida por ella. Su forma, colores, franjas y escritos representan cuestiones vinculadas con la conformación del Estado-nación o con la geografía y naturaleza de la región donde se haya establecido. Un símbolo que también se relaciona, y muy profundamente, con la xenofobia, la colonización y la discriminación y rechazo hacia los inmigrantes extranjeros.
   La bandera: ese trapo que se cuelga en las ventanas durante el mundial de fútbol, en las embajadas en el exterior, en los mástiles de los colegios posee un valor superior al de cualquier persona, animal o ecosistema dentro del territorio ocupado por el estado-nación. Su origen, actualidad y futuro radica en el temple y la entrega de toda una sociedad a su servicio.







   Los hechos históricos indudablemente representan una base presentada como antítesis y de menester consideración para pensar hacia el futuro y analizar probabilidades o posibles devenires del mañana. Así como en diferentes momentos históricos la diferenciación entre las personas se acentuó sobre su raza, lengua, posición económica, posesión de bienes inmuebles, proveniencia hereditaria o por la distinta nación, la bandera supo superar tendenciosamente estas divisiones internas, logrando una convergencia interna (alianza inconsciente) de los habitantes en pos de la realización, la supervivencia y la defensa del país.
   Esta realización puede ir desde un simple enfrentamiento futbolístico o de otro deporte, de tipo internacional, o una competencia entre estudiantes universitarios de distintas nacionalidades hasta la confrontación bélica entre estados. Quizás sea la Segunda Guerra Mundial del siglo XX una de las más difíciles de analizar teniendo en cuenta a la bandera como el factor fundamental para el conflicto. Si bien influyeron cuestiones racistas (el Nazismo torturando en campos de concentración a toda persona no aria, principalmente a judíos, hasta el Holocausto), de clase social (el proletariado dio su vida en el frente de batalla por defender a su bandera, mientras que la burguesía industrial aumentaba notablemente su poder) o cuestiones económicas (enriquecimiento de las burguesías nacionales y del capital financiero mundial), el gran responsable de ésta y el resto de las guerras, ha sido la bandera.

   En la gran guerra del pasado siglo hubieron alianzas entre países, pero estas no han sido por la ideología, la raza o el idioma de los países, sino por intereses específicos de cada país (por ejemplo, la Unión Soviética y Estados Unidos, que luego emprenderán la Guerra Fría y la bipolaridad del sistema global, terminan ejecutando al Tercer Reich alemán, y repartiéndose la mitad del territorio alemán para cada uno). El detonante de las guerras entre estados siempre fue, es y será este símbolo, fuente de toda xenofobia y que tan sólo trata de un trapo con forma y colores característicos pero que esconde detrás de sí, variadas culturas, naciones, territorios, historia y un amplio abanico de personas dispuestas a entregar su existencia física por su preservación.



Sentimiento y desunión



   Cuando debatimos respecto a las nacionalidades, dialogamos con gente de otro país o cuando simplemente reflexionamos sobre tales cuestiones que nos desunen, al pensar en otro estado-nación, generalmente primero nos imaginamos o recordamos su bandera; y desde esta, surgen el resto de los temas relacionados (política, sociedad, economía, cultura, leyes, etc.). Esto no es casual, ya que los medios de comunicación y los escritos teóricos de hoy y ayer, nos abordan la narración de otro país partiendo desde su bandera.
   Los sentimientos de respeto, fidelidad o lealtad hacia una tela colorida responden a la completa sumisión que el la individuo participa y tolera ante una autoridad que gobierna su conciencia, vida y obra. El individuo es ‘español, chino, sudafricano, australiano o chileno’, antes de dar sus primeros pasos o hablar. Se cría, se socializa, madura y muere dentro del sistema sociopolítico y económico, con sus diferentes cambios, de un país. Posiblemente, o no, ame a su bandera, contribuya o perjudique el bienestar de sus compatriotas, pero le será difícil poder abandonar su nacionalidad legal.

   Desde nuestra infancia, nos enseñan a defender y sentir orgullo por ‘nuestra bandera’. En dictaduras, en países donde el ejército es muy importante o inclusive en democracias, donde el Servicio Militar sea obligatorio, el sentimiento nacionalista aumenta a medida que la persona crece. En situaciones de guerras entre países, se prescinden de otros valores enalteciendo el patriota.

   No existen en el mundo, dos trapos estatales iguales. Tampoco más de una tiene su origen en el mismo suceso o elemento.


   ¿Por qué desunen? El nacionalismo es el vil pretexto de las clases dominantes para subordinar a los explotados a una causa común (la única que amerita la conciliación de clases). La paz social es una farsa al servicio del estado capitalista en su versión suave, el Estado de Bienestar, donde los trabajadores conviven transando con los patrones. También lo es el capitalismo de Estado de los regímenes totalitarios comunistas, ya que en estos las relaciones de explotación jamás cedieron para el cambio radical de la sociedad. Lejos de procurarlo, en estos países extremistas de derecha o izquierda, la bandera es el elemento por el cual vale la existencia de cada patriota.
   Estados Unidos, Japón, Israel, Corea del Norte, Cuba o cualquier otro país del mundo, independientemente de su forma de gobierno, exaltan sublimemente a su bandera, haciéndola a ésta un elemento con mayor importancia para sus habitantes, que en consideración con la Biblia para los cristianos o lo representado por el Corán para los musulmanes.

   No estamos condenados a aceptar la parcela de territorio, los recursos que hay en ella, a la bandera del país donde nacimos, y los límites implicados. Ese es el objetivo de los gobernantes para impedir que las sociedades oprimidas se rebelen, cuestionen sus colores y logren cooperación con las gentes de otros lugares del mundo, que viven en situaciones de vida parecidas o en peores.
Nacionalismos, regionalismos, organizaciones supranacionales, continentes. Todos nos limitan el área de acción. Las banderas, dificultan y existen para evadir la libre asociación entre las distintas sociedades de todos los países del mundo.



¡Que ardan las banderas del mundo!

sábado, 30 de mayo de 2015

Ideología y represión como servicios del Estado



   Estado es un concepto amplio que no puede reducirse ni al gobierno, ni al sistema político, ni a los habitantes de un país. Podríamos definirlo desde una perspectiva marxista, y concluir en que se trata del aparato utilizado por la burguesía para controlar monopólicamente la coerción física sobre las personas, manteniendo el orden social y permitiendo así la gesta de condiciones óptimas para el desarrollo de la reproducción de los medios de producción. Sin embargo, toda definición resulta ser reductora y limitada en el momento de ser aplicada en el plano real, aunque nos brinde una aproximación al entendimiento del complejo universo estatal.
   El Estado está conformado por todos los habitantes de un país bajo la estructura de un estado-nación (puede haber más de una nación en un solo estado, así como varios estados pueden abarcar a una sola nación). Se encuentra dividido por instituciones, y cada una de ellas alberga a profesionales, trabajadores, posee una estructura interna, técnica, reglamento y valores propios. Construye y profesa una ideología. Es el máximo responsable de las situaciones por las que atraviesan las poblaciones, posee un pasado (causas de su creación, e historia particular), un presente, compuesto por las características actuales y un futuro, vacío aún, que navega por la incertidumbre que provoca el desconocimiento de las consecuencias de los hechos que se aproximan.

   De las características actuales, que son fruto de la reproducción histórica y contradicciones de las relaciones sociales y de opresión, se destaca la presencia de dos grupos de instituciones que existen para y por la existencia misma del Estado. Responden al poder hegemónico centralizado que se desarrolla en el sistema sociopolítico de cualquier país organizado del mundo, y han sido objeto de fuerte cuestionamiento acerca de su naturaleza durante los últimos siglos transcurridos.



Estructura ideológica y represiva del Estado




   Los Aparatos Ideológicos del Estado -AIE- y el Aparato Represivo del Estado -ARE- (términos utilizados en la obra “Ideología y aparatos ideológicos de estado” de 1969 por el filósofo francés Louis Althusser), constituyen dos mundos paralelos que se entrecruzan permanentemente por necesidades recíprocas de supervivencia del sistema capitalista, y que culminan con la negación de toda tesis emancipadora que puede pensar un grupo social disconforme con la realidad actual y reduciendo sus intentos de lucha mediante la acción directa. Un Statu Quo solvente, sin cuestionamientos que peligren la integridad para su porvenir y con legitimidad, forzada si es necesaria, se establecen como los objetivos fundamentales para la eficiencia de estas estructuras del poder coercitivo.
   Los Aparatos Ideológicos del Estado son estructuras especializadas, que cuentan con una organización interna jerarquizada en la mayoría de los casos, o en su defecto, van en camino a consolidarla; que tienen como fin enseñar, propagandizar, distribuir y ejercer la ideología dominante (propiedad de los poseedores del poder político y económico, representados y garantizados institucionalmente bajo el control del Estado) sobre el resto de la población del país, a través de sus reconocidas instituciones. Ningún individuo evitará la persuasión de este aparato, ya que desde la infancia se recibe un bombardeo cultural e ideológico proveniente, que no cesará hasta el ocaso de la ancianidad, llegando a ésta tras una vida detrás arraigada por los valores culturales aprendidos del poder. En caso de tratar mínimamente de evadirlo, será automáticamente sancionado, expulsado de la organización a la que perteneciera o reprimido y condenado, generalmente en última instancia, por el brazo armado estatal, el Aparato Represivo del Estado.

   La red de instituciones que se encarga de difundir la ideología dominante, de formar personas sumisas y dependientes de una dirigencia opresora en todas las escalas sociopolíticas (desde un padre de familia autoritario, un sacerdote líder incuestionable de una misa, o un maestro líder de opinión), y con falta de crítica o voz para rebelarse, posee una división por áreas. AIE religioso (sector eclesiástico que agrupa las distintas religiones, aunque primordialmente la cual es afín al sistema político; a sus edificios, autoridades, representantes y también a sus trabajadores). AIE escolar (en sus distintos niveles, desde el inicial hasta las universidades y terciarios; es el vital para el libre desarrollo del sistema capitalista en la actualidad, ya que tiene a su disposición las herramientas para forjar hacia la nulidad el pensamiento crítico en los jóvenes y enseñar explícitamente los ideales de quienes gobiernan, procurando defender sus intereses). AIE político (lo forma el sistema político, con todos sus partidos políticos, el parlamentarismo y quienes intervienen como militancia o simpatía hacia los grupos con intención de acceder al poder). AIE familiar (es la primera estructura, de tipo paternalista, que fortalece a la ideología dominante, mediante la reproducción de la situación opresora de hombres sobre mujeres e hijos en la primera unidad social, el hogar). AIE de información y cultural (constituidos por la prensa, los medios de comunicación, las artes, la literatura y los deportes, respectivamente; su influencia sobre las mayorías poblacionales aumentan con el devenir de la historia, producto del desarrollo tecnológico y la aprehensión cultural que llevan al cabo sobre las conciencias individuales).

   La ideología hegemónica se presenta mayoritariamente con una gran consistencia, cuenta con una capacidad facultativa de manipulación e interviene condicionando la libertad de expresión y acción de las que deberían gozar todas las personas.






   El Aparato Represivo del Estado se diferencia de los AIE por su facultad legítima de emprender represiones y de utilizar la coerción física sobre quienes violan las reglas constituidas en el marco legal dentro de una sociedad. Si bien practica adiestramiento ideológico sobre las personas, no lo hace en un grado comparable con el de los Aparatos Ideológicos del Estado. Es la representación explícita del poder de opresión del que disponen los gobernantes, terratenientes, el alto clero y grandes empresarios, y su función se basa en el castigo corporal, psíquico, moral y social al individuo que intente desestabilizar el orden ideológico interno.
   El ARE está compuesto por las fuerzas armadas del Orden (policías y gendarmería), las leyes (también incluidas en el AIE jurídico), las formas de dominación, las sentencias y todas las unidades de detención y degradación del individuo, como las penitenciarías y juzgados de menores. Es la violencia la que le da sentido a la reproducción de los actos del Aparato Represivo del Estado.

   Todo Estado del mundo debe contemplar la necesidad existencial de la formación estratégica y básica de estos dos sistemas de administración y dominación de la población. Necesariamente existirán por la existencia del Estado. Éste sobrevive gracias al aprendizaje social de su ideología y a la represión ejercida sobre los críticos que afecten la pasividad de las mentes sumisas. No entran a consideración aquí los terrenos de la legitimidad o legalidad; porque no es oportuno ni válido para los oprimidos determinarlos desde las herramientas que tenemos a nuestra disposición, que son las brindadas por los Aparatos Ideológicos del Estado.

La policía posee la facultad legal de reprimir a la población.

sábado, 4 de abril de 2015

Obsolescencia programada: Usar, tirar, comprar.





   ¿Cuántas veces nos hemos molestado por la rápida caducidad de los aparatos tecnológicos que utilizamos? También son numerosas y muy reiteradas las ocasiones en que nuestros abuelos o padres nos relatan la gran durabilidad que tenían los mismos productos que hoy se deshacen rápidamente, hace varias décadas atrás.
   No es casualidad ni mala suerte que un celular, una televisión o un mueble tengan vidas útiles limitadas, y/o sufran fallas, tras un reducido período de uso desde su compra. Tampoco es una novedad, dentro del sistema de producción en masa que desarrollan las fábricas en este, el sistema capitalista.

   La “obsolescencia programada”, término empleado por primera vez en una conferencia de publicidad que el diseñador industrial estadounidense Brooks Stevens dio en Minneapolis en 1954, es un mecanismo estratégico, que emplean las empresas sobre los bienes de uso que luego ofertarán en el mercado comercial, para generar un mayor flujo de ganancias sin necesidad de invertir en aumento de personal o en innovaciones tecnológicas. El mismo implica la determinación del fin del funcionamiento normal del producto, presentando éste, fallas parciales o totales tras un tiempo determinado de uso. Como consecuencia, el usuario debe acceder a la compra de las piezas que sufrieron desperfectos para el eventual arreglo del bien o, en casos más comunes, a la compra de otro nuevo.

El círculo vicioso del "Comprar, tirar"

   Este mecanismo al servicio de los explotadores dueños de fábricas, no sugiere una innovación en el mundo de los negocios. En la década de 1920, las empresas comenzaron a limitar la duración de las lámparas de luz. En 1911, según los anuncios publicitarios, las mejores podían llegar a durar 2500 horas; pero para 1924, las empresas pactaron un acuerdo para que no durasen más que 1000 horas. “Phoebus” fue un cártel mundial muy conocido, donde se nucleaban los productores de lámparas de luz, que indistintamente de la marca, no duraban más de 1000 horas.

   Luego de unos años, el cártel fue denunciado por lo que, supuestamente, dejó de funcionar. Sin embargo, está claro que en la práctica, el mecanismo de la “obsolescencia programada” jamás expiró. Al contrario, se expandió a más productos. La industria automotriz, el rubro de la indumentaria y, actualmente, la tecnología y los fabricantes de electrodomésticos recurren a la práctica de esta tendencia productiva.


La empresa propagandística nos induce al permanente "comprar y tirar".


 
   Gracias a la estafa que representa la obsolescencia programada, los ingresos por venta de bienes finales de uso, se multiplican para las empresas. Objetivo cumplido para los empresarios. Penas y gastos ociosos y excesivos para la población consumidora, que se encuentra forzada a participar de un consumismo no deseado que se vuelve necesario.


   Uno de los motivos por el cual el sistema de “compra, uso y descarte” se reproduce sin ningún tipo de cuestionamiento desde un amplio sector consumista, es el de la “moda”. Posiblemente el aparato tecnológico siga funcionando correctamente, la prenda de vestir no esté rota, o el mueble se encuentre en perfectas condiciones, pero uno nuevo, más innovado, con un color más llamativo o con nuevas funcionalidades esté a la venta. El aparato propagandístico del sistema capitalista es muy eficaz, por lo que fácilmente accedemos a la compra innecesaria de bienes.

  

Basura electrónica

 
   El consumismo que se produce en la población demandante de los bienes y servicios del mercado comercial, y las ganancias percibidas por los empresarios gracias al curro de esta manera deshonesta de producir, no son las únicas consecuencias directas.

   El hecho de que todos los electrodomésticos y otros aparatos tecnológicos sufran desperfectos y sean reemplazados por nuevos constantemente, conlleva a un aumento lógico, de las cantidades de basura electrónica.

   Más 7.000.000.000 de personas habitamos el mundo, hoy en día; y son 210.000 los nacimientos diarios, por lo que el crecimiento poblacional es positivo. Se promedia en un 1 Kg por día, los desechos que generamos. Ello implica que aproximadamente 7.000.000.000 Kg de basura son producidos por día. Al mismo tiempo, se producen 21.000.000.000 kg de basura electrónica (en promedio, 3 kg por persona) al año.
   Miles de toneladas de basura electrónica terminan en focos de contaminación a cielo abierto, en las profundidades de mares, lagos u océanos, o son “donados” a países subdesarrollados, principalmente en las zonas de costa africana y Asia meridional. Esta basura tecnológica es altamente tóxica. Contiene altos niveles de plomo, cobre, platino, sustancias químicas y demás materiales pesados que perduran cientos de años, ya que no son biodegradables.
 
La basura electrónica se multiplicó en las últimas décadas, producto de la "Revolución tecnológica".


   Producto de los reclamos populares, el activismo, la junta de millones de firmas en petitorios contra la obsolescencia programada por parte de organizaciones no gubernamentales, y demás medidas de protesta social, en algunos países de la Unión Europea se comenzó a legislar contra esta estafa empresarial. En Francia, por ejemplo, recientemente se aprobó una ley que castiga con multas de hasta 300.000 euros a las empresas (y con dos años de cárcel a sus dueños), que practiquen esta técnica de producción. Por su parte, en 2012 las autoridades de la Unión Europea habían aprobado una directiva que obligaba al resto de los países a adoptar su normativa para acabar con esta práctica.
   No obstante, ¿Sólo se necesita legislación desde las cúpulas políticas, para frenar la desidia, avaricia y egoísmo de los empresarios capitalistas? Si bien el problema comienza con la obsolescencia programada, hay uno más grave, que es la producción inédita de millones de toneladas de basura electrónica tóxica. ¿Qué hacer con ella?

   No hay mejor solución a los problemas, por más complejos que estos se presenten, que la prevención. Mientras los medios de producción y comunicación estén dominados por los empresarios más poderosos, nosotros seguiremos dependiendo de sus decisiones.
 
 

domingo, 8 de marzo de 2015

8 de Marzo: ¡De memoria, concientización y lucha!





   Desde hace poco más de un siglo que cada 8 de marzo se torna conmemorativo de la fecha 8 de marzo de 1857, cuando un grupo de mujeres trabajadoras de una fábrica textil ubicada en la ciudad de Nueva York fue salvajemente reprimido por la policía estadounidense tras su sublevación con motivo de lucha por la reducción de las exhaustivas jornadas de 12 horas diarias de trabajo sin descanso intermedio, contra los bajos salarios percibidos, y la falta de validación y práctica imposibilitada de la totalidad de los derechos básicos de la mujer. El saldo de dicha masacre fue de 129 mujeres asesinadas por el brazo armado y represor del Estado.
   Al contrario de ello, muchos investigadores sostienen que este día sirve de conmemoración a las más de cien mujeres calcinadas en la fábrica textil Sirtwoot Cotton (también ubicada en Nueva York), supuestamente el 8 de marzo de 1908. Sin embargo, no se puede afirmar que este hecho fuera real ya que no se registran noticias oficiales en los diarios de entonces; y además había sido domingo.
   No obstante, se suele tomar al día como acto homenaje a la memoria de las 146 jóvenes (en su mayoría inmigrantes) víctimas del incendio producido por la propia patronal burguesa dueña de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York el 25 de marzo de 1911. Éstas trabajadoras se encontraban en huelga por mejoras en sus condiciones de trabajo y de género, como las de 1857.
   Seis días antes de este trágico episodio, el 19 de marzo de 1911, se había celebrado por primera vez el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” con asistencia de millones de mujeres en varios puntos de Europa como Austria, Polonia, Alemania y Dinamarca. La propuesta para que este día se tomara como una festividad internacional fue iniciada por la socialdemócrata alemana Clara Zetkin, líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, y presentada en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague-Dinamarca- entre el 26 y 27 de agosto de 1910. Aunque la idea de Zetkin parecía genuina e innovadora, contaba con un antecedente inspirador. El “Women’s Day”, que las socialistas estadounidenses festejaban desde 1908, cuya finalidad era la reivindicación del sufragio universal. No fue hasta el año 1920 cuando lograron que fuera aprobada la Decimonovena Enmienda de la Constitución Estadounidense por la que se les otorgaba a las mujeres, por fin, el derecho al voto.

El hombre debe acompañar y luchar junto a la mujer contra el sistema capitalista patriarcal.
   Pese a no estar determinado el origen “oficial” por el cual se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, para tal ocasión anual debemos unirnos tantos hombres como mujeres, ancianos y jóvenes para alzar la voz de la igualdad de derechos entre ambos géneros. Esto no significa que el resto del año debemos olvidarnos de la lucha anti-heteronormatividad. Todos los días del calendario deben ser tratados como el 8 de marzo.

   No tenemos que esperar a que la Organización de Naciones Unidas lo dicte (recién en 1977 oficializó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora) para aplicarlo en los pueblos. Lo legítimo no necesita ser legalizado por la “justicia” burguesa.

   Aún hoy, y pese a los avances en materia de respaldo por los derechos de las mujeres, en numerosos lugares del planeta, ellas continúan demandando derechos básicos, tales como acceder a la educación, la cultura, el trabajo o la política. Increíblemente, algunos Estados manipulados por las religiones siguen desarrollando un ataque misógino permanente y avalado por la sociedad machista sobre el género femenino, que nos retrotrae a unos cuantos siglos atrás.
   Siguen existiendo países donde pueden llegar a condenar a muerte a una mujer por "adulterio". Culturas que prohíben la socialización de las mujeres y la muestra libre de su cara. Religiones, todas, que hacen creer a las poblaciones devotas que el aborto es el mayor crimen y castigo para la Humanidad, cuando en realidad es una causa de muerte en ascenso entre los adolescentes pobres, producto de la falta de prevención, cuidados médicos y socioeconómicos.



¡Memoria, concientización y lucha!

 


   Porque han sido cientos, miles, millones las mujeres asesinadas por el hombre a lo largo de la historia.
   En todos los países y naciones del mundo, han sufrido el maltrato, el ataque permanente, la violación de sus derechos básicos y humanos.

   Porque en innumerables culturas han sido prostituidas desde rituales de sacrificio y desfloración de niñas vírgenes.

   Fueron perseguidas desde la “cacería de brujas” en la Edad Media, quemadas en hogueras bajo el cargo de “idiotas” determinado por los gobernantes.

   Porque desde hace siglos son condenadas a la maternidad obligatoria y naturalizada en las sociedades patriarcales.

   El hombre las ha tratado como objetos sexuales comerciables, sin identidad propia.

   Por todo ello, las mujeres deben tener memoria. El primer paso a la liberación será recordar y honorificar a quienes cayeron bajo el dominio del Patriarcado.
   La concientización se desarrolla en pos de entender la situación de oprimidas por la que se transita en la cotidianeidad de la actualidad.
   La lucha es el único mecanismo que permitirá la emancipación de las mujeres del rol de explotada por el Estado y por el hombre (burgués y proletario).

 
Ni sumisas, ni devotas, ni invisibles.

   Las mujeres están destinadas a su libertad. Indefectiblemente, lograrán la liberación. Pero el camino es largo; y así como la clase oprimida lucha contra la clase hegemónica dueña del poder y las relaciones de explotación, las mujeres deberán organizarse con el objetivo de destruir al patriarcado. Es una lucha no sólo de género, sino también de clase. La clase oprimida debe arrasar contra el sistema capitalista-patriarcal.
   Los hombres tenemos la responsabilidad y el deber revolucionario de colaborar con la destrucción del sistema patriarcal. Somos nosotros quien lo mantenemos, y pese a que parezca ser el sistema capitalista nuestro único enemigo, el patriarcado también lo es.

   Ninguna mujer detrás del hombre para vencer al capitalismo patriarcal. La mujer al lado del hombre.

¡Viva la mujer que lucha!



lunes, 2 de marzo de 2015

Conquistadores del Siglo XXI: Multinacionales






   Tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial y hasta fines de la década de 1980, el mundo quedó dividido en dos sistemas socioeconómicos de organización y producción de las regiones. Son los casos del capitalismo neoliberal, liderado por los Estados Unidos, y el comunismo nacionalista nacido en la Unión Soviética y expandido a los países “satélites” de éste. Dicha época es conocida como la del “mundo bipolar”. Los países que en este lapso no se alinearon bajo ninguno de estos modelos, se agrupaban en los llamados "países del Tercer mundo", como fue el caso de Argentina.
   La disolución de la URSS en 1991, terminó por hegemonizar el dominio de Estados Unidos (y con ello, de su sistema capitalista neoliberal) sobre el resto de los países. Su sistema económico, desde hacía décadas se sostenía gracias a las acciones que poseían las empresas financieras, petroleras, automotrices, de alimentación, entre otras, que crecieron producto de la libertad de acción, compra y venta que los gobiernos les habían proveído.
   Los ciudadanos estadounidenses, desde la Segunda Guerra Mundial, se establecieron como consumidores seriales de los productos ofertados por aquellas empresas, produciendo un gran movimiento consumista interno, y así, ganancias en alza para los empresarios y accionistas. Sin embargo, el costo de exportar los productos al exterior y el pago de abultados aranceles que los países importadores aplicaban sobre estas empresas, las incentivó a que comiencen a practicar una producción globalizada. Concordando también con el período de la globalización cultural, política y tecnológica por la que transcurría el planeta.

   Empresas como McDonald`s, Nike, Microsoft, IBM o Exxon comenzaron a situar filiales por diversos países a lo largo del globo, aunque sus casas matrices quedaron radicadas en Estados Unidos. Poblaciones pobres de India, Taiwán, China o Tailandia concedieron (y siguen concediendo actualmente) la mano de obra barata que necesitaban las nuevas multinacionales para generar mayores utilidades por menores gastos de producción. Esto no significaba que la mano de obra explotada del resto de los países era inexistente ni sufría las mismas condiciones infrahumanas de trabajo, sino que aquí se registraba (y registra) la mayor cantidad de empleados de aquellas.

   Bajo un método de extracción de riqueza de las naciones subdesarrolladas (las ganancias generadas por las filiales iban a la casa central, en Estados Unidos generalmente), en pocos años las empresas multinacionales más reconocidas almacenaron miles de millones de dólares, permitiéndose comprar pequeñas empresas que servían de "competencia" en los países donde se desarrollaban, eliminando así el sistema de competencia perfecta por el que profesaba el padre del liberalismo clásico Adam Smith, y poseyendo muchas veces más poder que los propios estados nacionales.

 

 

Actualidad

 

   Hoy en día existen muchas empresas multinacionales. De todas ellas, las 200 más importantes concentran la cuarta parte (26,3%) de la producción económica mundial. Entre las empresas multinacionales más poderosas aparecen: las alimenticias Nestlé, Coca Cola, PepsiCo y Mondelez; la cosmética Unilever (que también cuenta con la alimenticia Knorr); las automotrices General Motors, Ford, Chrysler y Toyota, entre otras; las petrolíferas Chevron, Exxon y Shell; la tabacalera Philip Morris; y las redes de supermercados Wal-Mart y Carrefour. También Microsoft, BBVA Banco Francés y Telefónica componen el grupo.
   Las sedes centrales de estas 200 empresas se encuentran distribuidas en tan sólo 17 países. Lógicamente, la mayor parte en Estados Unidos (74), aunque también se destacan Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá e Italia. Estos primeros siete países (el G-7) aglutinan al 80% de las multinacionales. Por ello no es casualidad que traten de países desarrollados y con economías fuertes. Fuera del grupo hegemónico países como Suiza, Corea del Sur, Suecia, Australia y Países Bajos cuentan con las casas matrices multinacionales.
   El crecimiento económico de estas empresas registra un aumento constante desde su apertura a la globalización productiva a fines del Siglo XX. Sin embargo, por las crisis económicas y la mala administración empresarial, suelen tener balances negativos. El caso más famoso fue la pérdida multimillonaria que tuvo IBM en 1992, motivo por el cual estuvo al borde de la bancarrota.
Las multinacionales actualmente se ubican en cualquier ciudad y pueblo del mundo.


 

Situación en Latinoamérica

 
    En Latinoamérica, las políticas influenciadas y condicionadas por los dictamines del Consenso de Washington en 1994, que los gobiernos llevaron al cabo durante la década de 1990 condenaron a sus poblaciones explotadas a años de padecimiento por la flexibilización laboral, los contratos basura, los bajos salarios, la desprotección ante los despidos o suspensiones, entre otras ventajas fiscales que ameritaban los empresarios.
 

   El lado beneficioso usado como pretexto por los gobiernos para construir aquellas ventajas fiscales y así atraer a estas multinacionales, se basaba en la inyección necesaria de capitales (inversiones), y en la creación de empleo (sin precisar las condiciones de estos), que podían producir estas empresas.
   A costa de ello, durante la década de 1990, las multinacionales destruyeron las industrias nacionales de los países latinoamericanos, y junto a la apertura de importaciones, constituyeron una nueva realidad laboral para los trabajadores de la región. Éstos perdieron la "cultura del trabajo" labrada durante décadas, quedando a la deriva de la voluntad del empresariado extranjero. Al mismo tiempo, los gobiernos aprobaron medidas que satisfacían los intereses empresariales en desmedro de los de la población.
   El Progresismo del Siglo XXI no revirtió mucho la realidad traída de la década nefasta. Argentina, Brasil, Venezuela o Ecuador experimentaron una mayor redistribución de sus ingresos, mejorando notablemente las economías familiares y los salarios de sus trabajadores, pero la presencia de las multinacionales y sus formas de empleo aún se mantienen, como hace 20 años, desprestigiando las condiciones y anulando las pocas posibilidades de progreso de los explotados.
 
 
 
   Es contradictorio pretender, y aún más, creer ser soberano de un territorio, cuando la economía nacional depende de empresas multinacionales buitres, que se establecen en países en crisis, explotan a jóvenes y adultos, por miserables remuneraciones. Para que esto no vuelva a suceder y ser verdaderamente soberanos, los gobiernos no deberían alentar su llegada, en caso contrario expropiar las filiales, y generar empleos formales que cubran la totalidad de la población económicamente activa. 
   De no ser así, como suele pasar, la responsabilidad de luchar por un futuro mejor pasará a manos del pueblo. La clase explotada, curtida del dominio de los empresarios y los gobiernos corruptos, deberá hacerse de los lugares de trabajo, administrarlos porque son propios y distribuir las ganancias entre quienes la generan.
   Porque el lugar de trabajo es de quien trabaja, así como la tierra es de quien la siembra y mantiene.



El primer paso a independizarse de las multinacionales, es la toma de conciencia sobre la situación de explotación en la que vive.

 

 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Escuela primaria: Primera servil al sistema capitalista

 

¿Qué nos enseñan?


   Desde que se construyó que nuestro sistema educativo se encuentra subordinado a los intereses de las clases dominantes. El objetivo de la escuela primaria no pasa de formar seres que al terminar sus estudios, y en su mayoría, van a volver a subordinarse. Pero esta vez, a un patrón, incuestionable y dueño, por un lado, de la verdad y, por el otro, de nuestra suerte.

 

 


   Primer día de clases en la escuela primaria: compañeritos nuevos, compañeritas nuevas, sonrisa perturbadora en la cara, felicidad de los papis, la tía regalona con unos chupetines de recompensa. O quizás ya estemos en 6º. Último año de primaria, amigos desde hace años, profesores con caras conocidas, la bandera a la que le juramos lealtad flameando desde donde siempre lo ha hecho.
   A la escuela primaria se la transcurre durante nuestros primeros años de afianzamiento de conceptos, aceptación y aplicación de reglas que, muchas veces, aceptamos por acción y efecto de lo que realiza el grupo al cual nos integramos. Nuestro primer grupo de pertenencia dentro del marco institucional educativo, que debería ser seguido por el secundario y el terciario o universitario, en condiciones aptas para el desarrollo profesional de una sociedad cuidada.

   No obstante, más allá de las posibilidades y tiempos de estudios promedio de los y las alumnas de nuestro país, centrémonos en la enseñanza a grandes rasgos, que se ejecuta desde la curricular conformada por el Ministerio de Educación hasta la explicación de esos temas por parte de los y las maestras que, por un sueldo precario, deben subordinarse al índice académico proclamado por el gobierno provincial dependiente directamente del gobierno nacional.

 
   ¿Qué nos enseña la escuela primaria? Destaco que necesitamos una base común para poder emprender el extenso recorrido de la escuela secundaria, los contraturnos agobiantes, amplios apuntes, el aumento en el número de materias y los nuevos conceptos. Sin embargo, con el correr de los años, vemos que los alumnos y alumnas aprenden lo que se les dice que deben aprender. La escuela primaria sigue formando alumnos y alumnas que mantienen la creencia de que Cristóbal Colón fue un pacifista que hizo “negocios” con los indios americanos y que “descubrió América”, que Domingo Sarmiento fue un progresista popular “padre de la educación”, que el hombre que aparece en los billetes violetas fue un prócer argentino de intachable reputación y sentido nacional, pero jamás se oye la palabra “revolución”, por ejemplo. Ni hablar de la educación bancaria eclesiástica.
   Además de los conceptos que se apropian en la escuela primaria, caben destacarse ciertos aspectos formadores de seres sumisos y obedientes: con seria tradición pavloviana se emplea el timbre como mecanismo de inicio o finalización de la hora; se forma fila, se saluda a la bandera y se desfila al mejor estilo de un ejército fascista; dentro de la clase, sólo habla el profesor hasta que éste disponga la posibilidad de que alguno de sus enseñados participe de la clase, prácticamente no existe debate grupal y, en pocas palabras, sirve de fábrica de individuos sumisos sin cara propia como bien lo hemos visualizado en la ya célebre película “Pink Floyd The Wall”.
 
   Las niñas y niños se ven sometidos a un sistema educativo bancario pensado por la propia burguesía hegemónica que negocia con la burocracia nacional para el mantenimiento de un sistema que te da pocas chances de progresar y muy pocas de cambiarlo. Como lo ha definido ya antes Louis Althusser, el colegio es un Aparato Ideológico del Estado para dominar a las masas, privarlas de una educación libre y libertaria. Por eso, por el hecho de que no van a permitirla jamás, es que debemos luchar conjuntamente con nuestros maestros y nuestras maestras por una educación pública, laica, de calidad y libertaria, donde podamos encontrar refugio y la alternativa al modelo capitalista de explotación del Ser Humano por el Ser Humano.

Como en "Pink Floyd The Wall", la escuela primaria forma una pasta compacta de mentes cerradas.