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miércoles, 3 de febrero de 2016

TPP: Un acuerdo a la medida de las multinacionales





   El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (más conocido por la sigla TPP, que corresponde a Trans-Pacific Partnership), es un tratado de libre comercio multilateral que posee como objetivo liberalizar el comercio y las inversiones de las economías de la región Asia-Pacífico.

   Uno de los medios consiste en facilitar las transacciones mercantiles con el propósito de crear un circulo fuerte de interacción y ayuda financiera para así contrarrestar la abrumadora primacía de China. El área geográfica implicada en el proyecto posee el mayor dinamismo comercial del mundo, condición que permitirá acelerar el funcionamiento del bloque como pretenden las corporaciones.


Países que forman parte del TPP
   Siendo el acuerdo de libre comercio más importante promovido por la superpotencia imperialista Estados Unidos desde el año 1993, cuando por entonces entraba en vigor el acuerdo NAFTA, éste incluye a otros once países: México, Perú, Chile, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Singapur, Vietnam y el Reino de Brunei Darussalam.

   La ronda de negociaciones entre los diplomáticos de los países participantes del TPP tuvo su apertura allá por marzo de 2010. Desde entonces, todas las reuniones se desarrollaron "en secreto", a espaldas de los pueblos y sin contar con ningún tipo de aval democrático. Es por este motivo que la escasa información que se tiene acerca del Tratado de Asociación Transpacífico surge de las filtraciones de los textos oficiales que realizo WikiLeaks en noviembre de 2013, Y de las opiniones criticas de algunas voces en desacuerdo con el avance del imperialismo norteamericano.


Beneficiados y perjudicados por el TPP

   En los documentos filtrados se constataron más de 26 capítulos de negociación, donde se especifican las "regulaciones" que deben llevar adelante los gobiernos de los doce países involucrados en el tratado. Estas regulaciones (que, en realidad, significaran prohibiciones, retrocesos en materia de derechos humanos y libertades democráticas, además de censura), se realizaran en áreas sensibles para los habitantes, poniendo en riesgo el bienestar social. Son estas el marco normativo laboral, el comercio de productos de primera necesidad como los lácteos, el medio ambiente y las inversiones estatales. También sufrirán cambios perjudiciales la reglamentación de las patentes, la navegación en Internet y los derechos de autor.


El TPP busca controlar y censurar la voz critica
   Con respecto al Derecho de Propiedad Intelectual, y según los datos que WikiLeaks pudo filtrar, el proyecto ampliara los derechos de propiedad intelectual de las corporaciones farmacéuticas, principalmente las residentes en Estados Unidos. Se buscara la aceptación de una cuota de exclusividad de esas patentes farmacéuticas, imposibilitando de esta manera la independencia y progreso de la investigación científica en el resto de los países, lo que agravara la dependencia en ese rubro. En definitiva, lo que tratara de establecer el TPP es la prohibición de la venta de medicamentos genéricos, lo que perjudicara sustancialmente a los pequeños laboratorios a tal punto de poner en peligro su existencia.

   Otra de las industrias beneficiadas será la automovilística japonesa, ya que el TPP eliminara las tarifas para la importación de vehículos en caso de que al menos un 45% de la unidad este producida en la región. Por ultimo, se liberalizara parte de los sectores agrícolas de Japón y Canadá, que históricamente han sido proteccionistas.
   El Tratado de Asociación Transpacífico, hecho a la medida de las pretensiones e intereses económicos de las grandes corporaciones multinacionales y grupos empresarios de Estados Unidos y Japón, aumentara la presencia de capitales extranjeros buitres en los países en vías de desarrollo, acentuara la dependencia económica con el gigante norteamericano, profundizara el régimen de acumulación capitalista basado en la explotación de los trabajadores de los países pobres y perfeccionara los sistemas de control social para que la violación de la privacidad en red se encuentre protegida por un marco normativo de regulación.

   Ante la posibilidad de que el tratado entre en funcionamiento, los movimientos populares de Latinoamérica, grandes sindicatos de América del Norte (la Federación Estadounidense del Trabajo, el Congreso de Organizaciones Industriales, el Congreso del Trabajo de Canadá, y la Unión de Trabajadores de México), y activistas de los países afectados se movilizan, realizan protestas y manifestaciones con un objetivo en común: evitar la concreción del TPP y así impedir el avance de las empresas multinacionales en la región.


NO al TPP

lunes, 2 de marzo de 2015

Conquistadores del Siglo XXI: Multinacionales






   Tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial y hasta fines de la década de 1980, el mundo quedó dividido en dos sistemas socioeconómicos de organización y producción de las regiones. Son los casos del capitalismo neoliberal, liderado por los Estados Unidos, y el comunismo nacionalista nacido en la Unión Soviética y expandido a los países “satélites” de éste. Dicha época es conocida como la del “mundo bipolar”. Los países que en este lapso no se alinearon bajo ninguno de estos modelos, se agrupaban en los llamados "países del Tercer mundo", como fue el caso de Argentina.
   La disolución de la URSS en 1991, terminó por hegemonizar el dominio de Estados Unidos (y con ello, de su sistema capitalista neoliberal) sobre el resto de los países. Su sistema económico, desde hacía décadas se sostenía gracias a las acciones que poseían las empresas financieras, petroleras, automotrices, de alimentación, entre otras, que crecieron producto de la libertad de acción, compra y venta que los gobiernos les habían proveído.
   Los ciudadanos estadounidenses, desde la Segunda Guerra Mundial, se establecieron como consumidores seriales de los productos ofertados por aquellas empresas, produciendo un gran movimiento consumista interno, y así, ganancias en alza para los empresarios y accionistas. Sin embargo, el costo de exportar los productos al exterior y el pago de abultados aranceles que los países importadores aplicaban sobre estas empresas, las incentivó a que comiencen a practicar una producción globalizada. Concordando también con el período de la globalización cultural, política y tecnológica por la que transcurría el planeta.

   Empresas como McDonald`s, Nike, Microsoft, IBM o Exxon comenzaron a situar filiales por diversos países a lo largo del globo, aunque sus casas matrices quedaron radicadas en Estados Unidos. Poblaciones pobres de India, Taiwán, China o Tailandia concedieron (y siguen concediendo actualmente) la mano de obra barata que necesitaban las nuevas multinacionales para generar mayores utilidades por menores gastos de producción. Esto no significaba que la mano de obra explotada del resto de los países era inexistente ni sufría las mismas condiciones infrahumanas de trabajo, sino que aquí se registraba (y registra) la mayor cantidad de empleados de aquellas.

   Bajo un método de extracción de riqueza de las naciones subdesarrolladas (las ganancias generadas por las filiales iban a la casa central, en Estados Unidos generalmente), en pocos años las empresas multinacionales más reconocidas almacenaron miles de millones de dólares, permitiéndose comprar pequeñas empresas que servían de "competencia" en los países donde se desarrollaban, eliminando así el sistema de competencia perfecta por el que profesaba el padre del liberalismo clásico Adam Smith, y poseyendo muchas veces más poder que los propios estados nacionales.

 

 

Actualidad

 

   Hoy en día existen muchas empresas multinacionales. De todas ellas, las 200 más importantes concentran la cuarta parte (26,3%) de la producción económica mundial. Entre las empresas multinacionales más poderosas aparecen: las alimenticias Nestlé, Coca Cola, PepsiCo y Mondelez; la cosmética Unilever (que también cuenta con la alimenticia Knorr); las automotrices General Motors, Ford, Chrysler y Toyota, entre otras; las petrolíferas Chevron, Exxon y Shell; la tabacalera Philip Morris; y las redes de supermercados Wal-Mart y Carrefour. También Microsoft, BBVA Banco Francés y Telefónica componen el grupo.
   Las sedes centrales de estas 200 empresas se encuentran distribuidas en tan sólo 17 países. Lógicamente, la mayor parte en Estados Unidos (74), aunque también se destacan Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá e Italia. Estos primeros siete países (el G-7) aglutinan al 80% de las multinacionales. Por ello no es casualidad que traten de países desarrollados y con economías fuertes. Fuera del grupo hegemónico países como Suiza, Corea del Sur, Suecia, Australia y Países Bajos cuentan con las casas matrices multinacionales.
   El crecimiento económico de estas empresas registra un aumento constante desde su apertura a la globalización productiva a fines del Siglo XX. Sin embargo, por las crisis económicas y la mala administración empresarial, suelen tener balances negativos. El caso más famoso fue la pérdida multimillonaria que tuvo IBM en 1992, motivo por el cual estuvo al borde de la bancarrota.
Las multinacionales actualmente se ubican en cualquier ciudad y pueblo del mundo.


 

Situación en Latinoamérica

 
    En Latinoamérica, las políticas influenciadas y condicionadas por los dictamines del Consenso de Washington en 1994, que los gobiernos llevaron al cabo durante la década de 1990 condenaron a sus poblaciones explotadas a años de padecimiento por la flexibilización laboral, los contratos basura, los bajos salarios, la desprotección ante los despidos o suspensiones, entre otras ventajas fiscales que ameritaban los empresarios.
 

   El lado beneficioso usado como pretexto por los gobiernos para construir aquellas ventajas fiscales y así atraer a estas multinacionales, se basaba en la inyección necesaria de capitales (inversiones), y en la creación de empleo (sin precisar las condiciones de estos), que podían producir estas empresas.
   A costa de ello, durante la década de 1990, las multinacionales destruyeron las industrias nacionales de los países latinoamericanos, y junto a la apertura de importaciones, constituyeron una nueva realidad laboral para los trabajadores de la región. Éstos perdieron la "cultura del trabajo" labrada durante décadas, quedando a la deriva de la voluntad del empresariado extranjero. Al mismo tiempo, los gobiernos aprobaron medidas que satisfacían los intereses empresariales en desmedro de los de la población.
   El Progresismo del Siglo XXI no revirtió mucho la realidad traída de la década nefasta. Argentina, Brasil, Venezuela o Ecuador experimentaron una mayor redistribución de sus ingresos, mejorando notablemente las economías familiares y los salarios de sus trabajadores, pero la presencia de las multinacionales y sus formas de empleo aún se mantienen, como hace 20 años, desprestigiando las condiciones y anulando las pocas posibilidades de progreso de los explotados.
 
 
 
   Es contradictorio pretender, y aún más, creer ser soberano de un territorio, cuando la economía nacional depende de empresas multinacionales buitres, que se establecen en países en crisis, explotan a jóvenes y adultos, por miserables remuneraciones. Para que esto no vuelva a suceder y ser verdaderamente soberanos, los gobiernos no deberían alentar su llegada, en caso contrario expropiar las filiales, y generar empleos formales que cubran la totalidad de la población económicamente activa. 
   De no ser así, como suele pasar, la responsabilidad de luchar por un futuro mejor pasará a manos del pueblo. La clase explotada, curtida del dominio de los empresarios y los gobiernos corruptos, deberá hacerse de los lugares de trabajo, administrarlos porque son propios y distribuir las ganancias entre quienes la generan.
   Porque el lugar de trabajo es de quien trabaja, así como la tierra es de quien la siembra y mantiene.



El primer paso a independizarse de las multinacionales, es la toma de conciencia sobre la situación de explotación en la que vive.

 

 

viernes, 6 de febrero de 2015

Capitalismo y desigualdad: Distribución de la riqueza mundial



   Bajo el lema y la práctica de "la explotación del hombre por el hombre", funciona el actual sistema capitalista. El mismo posee la capacidad de producir suficientes bienes y servicios para satisfacer las necesidades básicas, económicas y de alimentación de todos los habitantes del planeta.
 
   Pese a ello, existe una desigual distribución de la riqueza mundial, lo que genera pobreza, y con ella, hambre, desnutrición y muerte.





 

Distribución de la riqueza mundial


   Uno podría deducir que hemos evolucionado en la práctica de una distribución más justa de la riqueza si comparamos la situación actual, con la de 250 años atrás, cuando todavía no se había desarrollado el sistema capitalista como modelo de generación de riquezas y de explotación de los trabajadores; pero las estadísticas difieren de la creencia popular, el deseo y el optimismo de los verdaderos gobernantes del mundo.
   La inequitativa distribución del capital viene procesando un aumento constante e inédito. Según la organización caritativa contra la pobreza Oxfam, el 1% más rico aumentó su riqueza de un 44 % en el 2009 a 48 % en el 2014. Y tal como se mantiene el panorama, superaría el 50% del total mundial para este año.
   Uno de los motivos del aumento en las posesiones del grupo más poderoso, que nuclea a dueños de corporaciones multinacionales, empresarios petroleros, políticos y artistas multimillonarios, es la extracción que las multinacionales realizan de las naciones más pobres por alrededor de US$ 900.000.000.000 anuales basados en la especulación y la manipulación de los precios del comercio internacional.
   Paralelamente, otro buen flujo de capitales proviene de contratos empresariales supervalorados, y pagos de deudas de préstamos por un total de US$ 600.000.000.000 anuales, barbaridades hechas posibles gracias a la corrupción política que se ejerce habitualmente en estos estados en desarrollo.
   Otro ingreso del total de los multimillonarios, que va en ascenso e importancia, se produce por la comercialización de la imagen, propaganda y marketing. En este último grupo se destacan los ingresos de los artistas más famosos, que poseen cuentas bancarias cada día más extraordinarias. Jerry Seinfeld, Paul McCartney, Bono, Jimmy Buffet, Justin Bieber, Madonna, Damien Hirst, Jennifer Lawrence y Bruno Mars, entre otros, se destacan en este grupo.
En cualquier región del Globo, los artistas más ricos sólo se contratan por dólares.
 
   Los miembros del 1% más rico del mundo cuentan con una riqueza individual promedio de US$ 2.700.000. Paradójicamente, existe una distribución “inequitativa” en el destino de esos capitales, ya que el 30% se encuentra en manos de ciudadanos estadounidenses.
   Entre los multimillonarios más famosos figuran el presidente norteamericano Barack Obama, la directora del FMI Christine Lagarde, el expresidente chileno Sebastián Piñera, el empresario mexicano Carlos Slim,  el creador de Microsoft Bill Gates y la familia Walton, dueña de Wal-Mart.
   En 2014 los 80 individuos más ricos del mundo acumulaban la misma riqueza que el 50% de la población mundial, que representa cerca de 3.500 millones de personas. Dicha concentración fue aún mayor que la efectuada durante 2013. Entonces, alrededor de la mitad de la riqueza mundial se hallaba en manos de 85 de las personas más acaudaladas del planeta.
En la actualidad, un empresario exitoso puede poseer más riqueza que un país entero.


 

De la vereda de enfrente, el 99%



   Es común que sea de conocimiento popular el hecho de que magnates manejen fundaciones a su nombre, por las cuales realizan donaciones a las poblaciones más pobres del mundo. Del mismo modo, las naciones desarrolladas más poderosas también ofrecen ayuda económica y humanitaria mediante organismos transnacionales como la Unión Europea o la Organización de las Naciones Unidas. Aproximadamente US$ 130.000.000.000 por año aportan a las economías subdesarrolladas por este medio.
   No obstante, no debemos olvidar que son las corporaciones multinacionales residentes en aquellas superpotencias las que realizan sus negociados e inversiones, generando ganancias diarias de miles de millones de dólares, que para nada favorecen a los trabajadores de los países pobres. Además de la explotación capitalista que reciben, se extraen indiscriminadamente sus valiosos recursos naturales.
   A los grandes empresarios les conviene que el sistema se mantenga de esta manera. Ellos, con su riqueza pueden solventar todo lo necesario para dominar a naciones enteras. A menudo realizan reuniones, a veces secretas, a veces públicas y con alcance global, donde discuten las mejores estrategias para generar mayores ganancias recortando el gasto empresarial.


   Como el sistema capitalista es irregular, cae en crisis permanentemente, y las depresiones económicas traen consecuencias lamentables para los pobres. Reducción de personal en fábricas, despidos, suspensiones, reducción del salario real, inflación de precios o depreciación de las monedas nacionales, entre otros problemas, que caen directamente sobre las espaldas de los trabajadores. Los más afectados por estos males son los niños, que pertenecen a la nueva generación que crece en un desorden económico, nunca antes visto por la Humanidad.
   Asimismo, en crisis económicas, se amplía la brecha entre el poder adquisitivo de los más pudientes para con los de menores ingresos.
   Una de cada nueve personas del mundo no tiene suficiente dinero para comer al menos una vez al día, mientras que 1000 millones de personas tienen que sobrevivir con menos de 1,25 dólares al día.

   La Humanidad avanza diariamente en áreas científicas, invierte millones de dólares en tecnología y astronomía, mientras acá en el mundo, las diferencias económicas son abismales entre la aristocracia internacional y las mayorías trabajadoras, quienes son los generadores de las riquezas.

   Por todo ello, es que se necesita una distribución de la riqueza urgente, que sea equitativa y llevada al cabo por los mismos pueblos, libres de explotación e imperialismos.



Fuentes: www.oxfam.com, credit suisse global wealth databook 2013 y 2014, www.forbes.com.