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viernes, 20 de febrero de 2015

El Desempleo como teoría aplicable del Capitalismo


   Desempleado es todo aquel trabajador perteneciente a la Población Económicamente Activa, con edad entre 18 y 65 años, una determinada capacidad de producción y predisposición a ser empleado, pero que no consigue serlo.
   Además, existe un segundo grupo de trabajadores, que sí posee empleo pero este no contempla la cantidad de horas necesarias para considerarlo como tal, sus condiciones son inferiores a las ideales de un trabajo formal, y generalmente su sueldo es insuficiente para satisfacer las necesidades económicas de quien ejerce la función, o de su familia; ellos son los subocupados.


 
   Según la Organización Internacional del Trabajo, actualmente alrededor de 1.000.000.000 de personas carecen de empleo formal. De las cuales, 850.000.000 se encuentran subocupadas y unas 150.000.000 desempleadas. En este punto, es necesario aclarar que las organizaciones mundiales manejan estadísticas distintas, ya que algunas toman a los subocupados como empleados, reduciendo de manera significativa el impacto que genera esta lamentable realidad.
   De la totalidad entre desempleados y subocupados, 837.000.000 son pobres, y muchas veces, son padres o madres "sostén" de sus familias. Al mismo tiempo, es aún más común que ambos trabajen, con el objetivo de ampliar la fuente de ingresos para su hogar, necesaria para solventar los gastos diarios, entre servicios y bienes de consumo.
 

  


El desempleo, como teoría capitalista


  
   Pese a que durante las recesiones económicas, las tasas de desempleo disparan hacia números de dos dígitos, el desempleo no sólo existe en épocas de crisis. De hecho, pensadores han hecho una "apología del desempleo" y han descripto sus beneficios.

   La escuela monetarista moderna de la segunda mitad del siglo XX, encabezada por el economista estadounidense Milton Friedman, planteó que es necesaria la existencia de una Tasa natural de Desempleo, y que en caso de que esta descendiera, provocaría aceleramientos en la inflación. Esta teoría fue aplicada por los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña durante los años 80, y es la misma que el Fondo Monetario Internacional implementó en los países deudores, caso de Argentina durante la década de 1990.

   Es estratégico y beneficioso para las empresas capitalistas el hecho de que la oferta de fuerza de trabajo sea mayor a la demandada por estas. De esta manera, aprovechan la necesidad de trabajar, para condicionar a los trabajadores con sueldos precarios, horarios cargados de horas extra impagas, y hasta de lugares no ambientalizados para el ejercicio del empleo.

 
 
 

Situación actual

 
   Tras la crisis económica de 2008, la economía mundial retomó cierta estabilidad en estos últimos años. No obstante, rememorando las crisis de 1929 y 1973, fueron los países más desarrollados quienes la habían sufrido más, con despidos masivos, deterioro de los salarios y hasta suicidios de obreros y burgueses que habían perdido sus fuentes de trabajo y sus empresas quebraron, respectivamente.
   En los países pobres, acostumbrados a pagar las deudas generadas por los más poderosos, no se observan progresos en el horizonte del próximo lustro sino más situaciones críticas. Las consecuencias de crisis pasadas se sienten como si hubieran pasado hace días.
   La perspectiva que ofrece el Banco Mundial, supone que “vendrán tiempos difíciles”. Inclusive, las súper-economías emergentes de Brasil, China y la India experimentarían aumentos notables en sus tasas de desocupación en los próximos años, producto de la restricción al consumo e inversiones que los mercados laborales vienen desarrollando. Además, el débil crecimiento de las políticas públicas de empleo y el estancamiento de salarios en muchos países avanzados del G20, contribuirán al desplome de la calidad laboral de los países que más crecieron en la última década.

   No sólo los 150.000.000 de desempleados sin trabajo alguno de hoy, padecerán de esta suerte para los próximos años. Según se estima, se necesitarían 600.000.000 de nuevos puestos de trabajo para el 2030 ante el aumento de la población. Cada año que pasa, se inyectan millones de jóvenes al mercado laboral. Como consecuencia de ello, la tasa de desocupación aumenta rápidamente.
 
La desesperación lleva a los desempleados a trabajar de lo que sea.
 

Ante el aumento del desempleo, la lucha obrera

 
   Prácticamente la totalidad de las luchas obreras se desarrollan en períodos de crisis económicas, y no es casual, ya que en ellas se presenta la mayor cantidad de suspensiones y despidos de trabajadores.
   El círculo integrado por la burguesía industrial, los terratenientes dueños de las siembras más fructíferas (administradores de la verdadera riqueza mundial y pertenecientes al 1% más rico del mundo) y los políticos, independientemente de su país, maneja como pretexto la “reducción del personal”, ya sea fabril o de la peonada campestre, para cargarle las consecuencias de las crisis sobre las espaldas de la clase obrera.
   Un panorama complicado si comprendemos que el sistema capitalista de explotación, que hoy nos rige, es cíclico y permanentemente estará cayendo en recesiones de la economía.


La "falta de vacantes" es un postal permanente que ofrecen las empresas.



   No es un disparate pensar que detrás del sufrimiento de millones de desempleados y sus hijos, existe gente almacenando cantidades excelsas de capital, fruto de la codicia, el poder establecido y la desigualdad. Es la dramática verdad.

   El problema no reside en la dirección política que hay en los países, sean desarrollados o subdesarrollados. El problema es el sistema capitalista y su forma en sí. Los mecanismos alternativos que nos presenta dentro del mercado laboral, sólo llevan a flexibilizarlo aún más.

   Ya no sólo se deberá luchar por mejores condiciones de trabajo, sino por obtenerlo al menos.
 
Necesitamos trabajo, y que sea digno. Necesitamos un cambio radical.





Fuentes consultadas: Banco Mundial, Organización Internacional del Trabajo.

 

viernes, 13 de febrero de 2015

Capitalismo y desigualdad: Muerte por hambre


   El hambre produce más muertes que el SIDA, la Malaria y el Dengue, juntas.
   Es un mal global que afecta a la población pobre, independientemente de la edad de las personas, aunque por supuesto que la situación se agrava cuando son niños y ancianos quienes la padecen.
   Al igual que las pestes mencionadas, el hambre es una enfermedad tan letal como evitable.
   Sin embargo, la desigual distribución de la riqueza, es responsable de que se presente como una forma silenciosa de genocidio de millones de personas.



 

 
   Diariamente, alrededor de 24.000 personas fallecen como consecuencia del hambre o motivos relacionados. Pese a que traten de las causas más conocidas y temidas, las hambrunas y las guerras sólo representan un 10% de la totalidad de las muertes por hambre. A diferencia de ello, La mayoría se debe a la desnutrición crónica, consecuencia del fenómeno de la “pobreza extrema”.
   La desnutrición crónica, además de conllevar a la muerte, es capaz de provocar deficiencias en el crecimiento de los niños, discapacidades motrices, visuales y mentales, riesgos durante los embarazos en las futuras madres, y una susceptibilidad mayor al padecimiento de otras graves enfermedades, ya que el sistema inmunológico se encuentra seriamente debilitado.
   La pobreza extrema afecta a 842.000.000 de personas en todo el mundo. Ellas no poseen suficientes recursos para alimentarse ni siquiera una vez al día, sufriendo de hambre y desnutrición. La gran mayoría de esta gente (827 de 842, en millones) está nucleada en países en vías de desarrollo, en donde el 14,3% de la población total, está desnutrida.
   552.000.000 viven en Asia u Oceanía, mientras que el 60% del total corresponden a mujeres.

La pobreza extrema afecta tanto a niños como a adultos o ancianos.

 

La situación de los niños


    Según datos de la UNICEF, diariamente mueren 19.000 niños (5.600.000 al año) por causas evitables, de los cuales un tercio de ellos, 6.400, son por hambre. De esta manera, anualmente el número asciende a 2.336.000 de niños fallecidos por la desigual distribución de los alimentos. Un dato aún más grave, es que el 75% de estos niños corresponde a menores de cinco años.

   Actualmente, el 10% de todos los niños que nacen en países subdesarrollados, fallecen antes de cumplir cinco años. Esto representa una reducción de un 28% de las cifras de hace cincuenta años; no obstante, un 10% sigue siendo un porcentaje demasiado alto.

   Además, son 200.000.000 los menores víctimas de la pobreza extrema, hambrunas y sed. Situación lamentable, por tratarse de padecimientos evitables con una distribución más justa de los alimentos, los recursos hídricos y la riqueza mundial.
 
La pobreza extrema impide el tratamiento del hambre.
 
   La desnutrición infantil, otro mal evitable, contribuye con la muerte de 2.600.000 niños menores de cinco años. En los países en vía de desarrollo, uno de cada seis niños (aproximadamente 100.000.000 en total) padece de bajo peso.
   Uno de cada cuatro niños, a nivel mundial, tiene deficiencias en su desarrollo corporal y psíquico-mental por falta de los nutrientes adecuados. En los países subdesarrollados, la proporción puede llegar a aumentar a uno de cada tres. En esta cuestión, cabe destacar que, pese a que los niños reciben leche materna, muchas veces sus madres también se encuentran en estado de desnutrición crónica, por lo que producen una leche poco nutritiva.
   El 80% de los niños con retraso en el crecimiento viven en los 20 países más pobres del planeta. En esa lista, figuran países como Haití, Malí, Etiopía, Bangladesh o Zambia.
 

La falta de los nutrientes esenciales causa la desnutrición infantil.
 

¿Soluciones?


   El acceso a la educación está considerado como una alternativa concreta para progresar socioeconómicamente y llegar a un estatus de vida digna. Sin embargo, son unos 66.000.000 los niños que aún continúan asistiendo a la escuela primaria con hambre en los países en vía de desarrollo, de los cuales 23.000.000 se encuentran en África.
   Debemos dejar de lado las disputas internas de cada nación o región, para tener una visión global sobre los verdaderos males que afectan a quienes ni siquiera cuentan con una alternativa de cambio y progreso para sus generaciones jóvenes.

   Cada minuto, 12 familias están despidiendo los restos de uno de sus hijos. Esto significa que cada 5 segundos fallece un niño. Nuevas víctimas de la mezquindad de un sistema que se viene forjando desde hace más de dos siglos bajo los valores del egoísmo, el etnocentrismo, la rentabilidad empresarial y la esclavitud, aunque con otra denominación en el último tiempo.
   Estos niños condenados a la miseria, hambre y pestes, que conforman la escoria para el capital, indefectiblemente terminarán convirtiéndose, si llegasen a sobrevivir hasta adultos, en la mano obra barata para las empresas.
   Sus vidas se encuentran condenadas a una permanente situación de insalubridad económica. La opulencia de los ricos se traduce en una competencia capitalista por la colonización de esa mano obra barata, hambrienta, y sin otra salida que la esclavización laboral.
   He aquí donde la vida de millones pierde dignidad. El Capitalismo ya demostró su ineficiencia como sistema económico, social y de vida. Necesitamos un cambio radical, que asegure el bienestar que las poblaciones se merecen. Equidad en la posesión de las riquezas. Equidad en la distribución de los alimentos. Ni un niño ni un adulto muerto por hambre, nunca más.
 


No existe crisis que pueda justificar la muerte de un niño o adulto por hambre.
 
 
Fuentes: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), www.un.org (Proyecto Hambre), Programa Mundial de Alimentación de las Naciones Unidas (PMA).
 

viernes, 6 de febrero de 2015

Capitalismo y desigualdad: Distribución de la riqueza mundial



   Bajo el lema y la práctica de "la explotación del hombre por el hombre", funciona el actual sistema capitalista. El mismo posee la capacidad de producir suficientes bienes y servicios para satisfacer las necesidades básicas, económicas y de alimentación de todos los habitantes del planeta.
 
   Pese a ello, existe una desigual distribución de la riqueza mundial, lo que genera pobreza, y con ella, hambre, desnutrición y muerte.





 

Distribución de la riqueza mundial


   Uno podría deducir que hemos evolucionado en la práctica de una distribución más justa de la riqueza si comparamos la situación actual, con la de 250 años atrás, cuando todavía no se había desarrollado el sistema capitalista como modelo de generación de riquezas y de explotación de los trabajadores; pero las estadísticas difieren de la creencia popular, el deseo y el optimismo de los verdaderos gobernantes del mundo.
   La inequitativa distribución del capital viene procesando un aumento constante e inédito. Según la organización caritativa contra la pobreza Oxfam, el 1% más rico aumentó su riqueza de un 44 % en el 2009 a 48 % en el 2014. Y tal como se mantiene el panorama, superaría el 50% del total mundial para este año.
   Uno de los motivos del aumento en las posesiones del grupo más poderoso, que nuclea a dueños de corporaciones multinacionales, empresarios petroleros, políticos y artistas multimillonarios, es la extracción que las multinacionales realizan de las naciones más pobres por alrededor de US$ 900.000.000.000 anuales basados en la especulación y la manipulación de los precios del comercio internacional.
   Paralelamente, otro buen flujo de capitales proviene de contratos empresariales supervalorados, y pagos de deudas de préstamos por un total de US$ 600.000.000.000 anuales, barbaridades hechas posibles gracias a la corrupción política que se ejerce habitualmente en estos estados en desarrollo.
   Otro ingreso del total de los multimillonarios, que va en ascenso e importancia, se produce por la comercialización de la imagen, propaganda y marketing. En este último grupo se destacan los ingresos de los artistas más famosos, que poseen cuentas bancarias cada día más extraordinarias. Jerry Seinfeld, Paul McCartney, Bono, Jimmy Buffet, Justin Bieber, Madonna, Damien Hirst, Jennifer Lawrence y Bruno Mars, entre otros, se destacan en este grupo.
En cualquier región del Globo, los artistas más ricos sólo se contratan por dólares.
 
   Los miembros del 1% más rico del mundo cuentan con una riqueza individual promedio de US$ 2.700.000. Paradójicamente, existe una distribución “inequitativa” en el destino de esos capitales, ya que el 30% se encuentra en manos de ciudadanos estadounidenses.
   Entre los multimillonarios más famosos figuran el presidente norteamericano Barack Obama, la directora del FMI Christine Lagarde, el expresidente chileno Sebastián Piñera, el empresario mexicano Carlos Slim,  el creador de Microsoft Bill Gates y la familia Walton, dueña de Wal-Mart.
   En 2014 los 80 individuos más ricos del mundo acumulaban la misma riqueza que el 50% de la población mundial, que representa cerca de 3.500 millones de personas. Dicha concentración fue aún mayor que la efectuada durante 2013. Entonces, alrededor de la mitad de la riqueza mundial se hallaba en manos de 85 de las personas más acaudaladas del planeta.
En la actualidad, un empresario exitoso puede poseer más riqueza que un país entero.


 

De la vereda de enfrente, el 99%



   Es común que sea de conocimiento popular el hecho de que magnates manejen fundaciones a su nombre, por las cuales realizan donaciones a las poblaciones más pobres del mundo. Del mismo modo, las naciones desarrolladas más poderosas también ofrecen ayuda económica y humanitaria mediante organismos transnacionales como la Unión Europea o la Organización de las Naciones Unidas. Aproximadamente US$ 130.000.000.000 por año aportan a las economías subdesarrolladas por este medio.
   No obstante, no debemos olvidar que son las corporaciones multinacionales residentes en aquellas superpotencias las que realizan sus negociados e inversiones, generando ganancias diarias de miles de millones de dólares, que para nada favorecen a los trabajadores de los países pobres. Además de la explotación capitalista que reciben, se extraen indiscriminadamente sus valiosos recursos naturales.
   A los grandes empresarios les conviene que el sistema se mantenga de esta manera. Ellos, con su riqueza pueden solventar todo lo necesario para dominar a naciones enteras. A menudo realizan reuniones, a veces secretas, a veces públicas y con alcance global, donde discuten las mejores estrategias para generar mayores ganancias recortando el gasto empresarial.


   Como el sistema capitalista es irregular, cae en crisis permanentemente, y las depresiones económicas traen consecuencias lamentables para los pobres. Reducción de personal en fábricas, despidos, suspensiones, reducción del salario real, inflación de precios o depreciación de las monedas nacionales, entre otros problemas, que caen directamente sobre las espaldas de los trabajadores. Los más afectados por estos males son los niños, que pertenecen a la nueva generación que crece en un desorden económico, nunca antes visto por la Humanidad.
   Asimismo, en crisis económicas, se amplía la brecha entre el poder adquisitivo de los más pudientes para con los de menores ingresos.
   Una de cada nueve personas del mundo no tiene suficiente dinero para comer al menos una vez al día, mientras que 1000 millones de personas tienen que sobrevivir con menos de 1,25 dólares al día.

   La Humanidad avanza diariamente en áreas científicas, invierte millones de dólares en tecnología y astronomía, mientras acá en el mundo, las diferencias económicas son abismales entre la aristocracia internacional y las mayorías trabajadoras, quienes son los generadores de las riquezas.

   Por todo ello, es que se necesita una distribución de la riqueza urgente, que sea equitativa y llevada al cabo por los mismos pueblos, libres de explotación e imperialismos.



Fuentes: www.oxfam.com, credit suisse global wealth databook 2013 y 2014, www.forbes.com.