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jueves, 24 de marzo de 2016

24 de Marzo: Nunca Más





   Noche del 23 de Marzo. Madrugada del 24. Hace cuarenta años. Mientras el pueblo argentino dormía. Se hicieron del poder político. Mediante la fuerza, las armas y el autoritarismo. Como tantas otras veces. Interrumpiendo períodos democráticos. Como en el 30. Como pasó en el 55. Como en 1966. Pero esta vez sería distinto. La definitiva. La avasalladora. La entreguista. La peor. Proceso de Reorganización Nacional. Fue un golpe militar, cívico y eclesiástico. Ejército, ciudadanos e iglesia. Unidos para acabar con la subversión. Unidos para terminar con la agonía de aquel movimiento obrero combativo que supo desarrollarse en aquella década. De los más gloriosos junto al de los años 20 liderado por los anarquistas. La experiencia de los 70 supo constituirse como la última gran trinchera revolucionaria que originó el proletariado y el estudiantado argentinos. Un movimiento peligroso para los de arriba. Por eso los fascistas no dudaron en exterminarlo. Quienes con el golpe dieron inicio al principio del fin del proceso iniciado por un añejo Perón y su mano derecha, el Brujo. La macabra sigla. Triple AAA. Se llevaron obreros, universitarios, estudiantes secundarios. Militantes, delegados, pensadores, críticos, profesores. Socialistas, peronistas. Los que entonces eran subversivos. Los echados de la Plaza por el General en mayo del 74. Los imberbes. A esos pibes también los vinieron a buscar.

   No fue una guerra sucia. Esto fue un genocidio. Político, social, cultural e ideológico. Barrieron con la totalidad de las bases de obreros y estudiantes organizados-combativos. Para imponer un modelo económico neoliberal. El que emprendió Martínez de Hoz. El que implementó Carlos Saúl. El que culminó con la revuelta popular de diciembre de 2001. Para iniciarlo era fundamental impedir la actividad sindical, vulnerar derechos sociales y atemorizar a la sociedad. Pero fueron más allá. No se contentaron con el terror impuesto. Llegaron al extremo. Terrorismo de Estado. Políticas de un Estado genocida al servicio del capital financiero. La burguesía nacional también fue cómplice y beneficiaria de esta catástrofe sin precedentes. Sin resistencia a la entrega, la flexibilización del sistema socioeconómico-laboral fue un trámite. Necesitaron desaparecer a decenas de miles de compañeros. Los Videla, Massera, Agosti, Perriaux, Viola, Bussi, los estrategas del modelo político-militar. Nombres que deberían prohibirse. Corresponden a algunos de los personajes más inhumanos del Proceso. No merecen tumba ni cita. Merecen un repudio permanente por siempre. Donde prima la memoria, ellos no tendrán lugar a olvido.

   No fueron 30.000. No fueron 7.000. No fueron cientos. Fueron muchísimos más. Fueron millones los que cayeron. Por cada compañero detenido-desaparecido ilegalmente murieron los sueños de cambio de otros miles. Una generación entera desapareció. Décadas de historia, siglos de lucha. Heridas que difícilmente logren cerrarse. La calma la hallamos en el día a día. En nuestro día a día. Luchando, como ellos, por un mundo mejor. Por una tierra libre de explotadores y opresores. Donde la parcela sea de quien la trabaje. Donde la máquina le pertenezca al colectivo. Por la abolición de la propiedad privada. Por la autogestión de los pueblos. Por ellos, que lucharon por un futuro más equitativo. Por nuestros porvenires, por nuestros sueños. Más allá de los medios, la táctica y la estrategia que usemos, los enemigos no cambian. Pasan los años, siguen dominando los mismos.

   Memoria para no ser vencidos. Memoria para que la existencia de los mártires nos acompañe. Memoria para no olvidar, ni perdonar, ni reconciliarnos con genocidas. Verdad para triunfar contra la amnesia a la que nos sometieron por años. Verdad para honorificar a los compañeros, como ellos se merecen. Verdad para saldar viejas deudas morales con la causa misma. Justicia para glorificar a las Madres, Abuelas e Hijos y todos los luchadores que continúan hallando identidades que parecían perdidas. Justicia para impedir que esto se repita. Justicia para materializar los esfuerzos de tantos años de búsqueda de la Verdad.

   Nunca Más una dictadura. Nunca Más un genocidio. Nunca Más terrorismo de Estado. Nunca Más desapariciones forzadas de personas en regímenes dictatoriales o en democracias. Los 30.000 de ayer son los Julio López y todos los desaparecidos desde 1983 hasta la fecha. Nunca Más un Videla. Nunca Más persecuciones ideológicas. Nunca Más represión estatal. Nunca Más crímenes de lesa humanidad. Nunca Más la “Teoría de los dos demonios”. El único demonio fue el ejército argentino. Nunca Más un 24 de Marzo de 1976.


Ni olvido, Ni perdón, Ni reconciliación. Jamás.


Nunca Más.


lunes, 12 de octubre de 2015

12 de Octubre de 1492: Fin de la libertad de nuestros pueblos originarios




   Para muchos fue el 12. Para unos pocos fue el 11. Para otros, aún más revisionistas, fue el 13. Pero la fecha sólo indica una referencia aproximada del inicio o consumación de los hechos históricos. Es definida por un calendario. Gregoriano, juliano, maya, azteca, judío. Un dato poco determinante de los procesos de la historia. Una historia que es conflictiva. Llena de incidentes, contradicciones, opresiones, sangre, muerte y pérdidas. Pérdidas culturales. Pérdidas humanas. Pérdidas sociales, políticas y económicas. Pérdidas.

   Con la llegada de la Niña, la Pinta y la Santa María a las Antillas, se iniciará el mayor etnocidio de la historia de la Humanidad. Llegaban los europeos. Hombres blancos, vestidos con finas telas, que hablaban un idioma muy extraño y estaban iluminados por un solo Dios. Eran monoteístas. Una cuestión fundamental de entender para comprender las causas de la matanza indígena. Indios porque pensaron que habían llegado a la India. Nosotros heredamos el vocablo. Lo reproducimos. Casi, inconscientemente. Pero estos indios no eran monoteístas. Adoraban al sol. A la tierra. Tenían sus dioses. Creencias propias que fueron deslegitimadas. Desvalorizadas. Manipuladas, para así efectuar una evangelización más eficaz. El originario se convencía de su nueva creencia. Si no lo lograba, era asesinado. El método de la coerción, violencia y muerte. 

   Cristóbal Colón, un navegante genovés, simplemente responsable. Responsable de haber zarpado hacia la India. Responsable de haber creído llegar a tierras indias. Responsable de haber hallado al “Nuevo Mundo”. Nuevo Mundo para ellos. Un territorio nunca antes visto por el ojo europeo. Libre de toda explotación y sumisiones que se establecieron en la posteridad. Con comunidades autogobernadas a miles de kilómetros de los feudos, vasallos y Señores. Un suelo con una incalculable belleza paisajística. Un continente donde abundaban las esmeraldas, los recursos naturales y el tan preciado oro. Una tentación para el hombre blanco. Un valioso brillante tan anhelado por éste, que lo llevó a provocar extensos ríos de sangre para conseguirlo. Oro que formó parte de la primitiva acumulación capitalista necesaria para la Revolución Industrial.

   Los indios eran pacifistas. De lo contrario, no hubiesen vuelto los europeos. Los que llegaron, hubieran muerto a manos de estos salvajes. Pero no fue así. Tuvieron oportunidad de sobrevivir. De convertirse en salvajes. Ahora ellos. Verdaderos bárbaros, para luego asesinar al noventa por ciento de la población autóctona. Sólo cincuenta años tardaron. De 110 millones a 11 millones los redujeron. En nombre de Dios, la iglesia y el catolicismo. El Vaticano, el mayor beneficiado de la colonización. Las misiones, evangelización y los Tomás de Torquemada que la formalizaron. Se adoctrinó al resto. Pocos indios que aprendieron a hablar castellano y a alabar al Dios de Occidente. Pocos que sobrevivieron. Oprimidos, hasta morir. Negados de su cultura. Violados por una cultura superior, cuya superioridad yacía en las reglas que imponían. Normas, nuevas creencias y civilización. Uso al extremo del racismo. Una noción corrompida por el interés mercantil. Porque si de razas hablamos, la verdad es que sólo existe una. La raza humana. La única que representa al Ser Humano. En el Viejo continente, en la India a la que no se llegó y aquí. Hace siglos, hoy y siempre.

   Parecían dioses los foráneos. Llegaban en grandes construcciones a base madera, nunca antes vistas por estos pagos. Trajeron técnicas, alimentos, creencias y enfermedades, como la viruela. Cosas que ya habían. Pero distintas. Por eso comenzó la conquista. Por el choque de culturas. Lógicamente diferenciadas, complejas y a las que se defendieron con la vida. Porque se resistió a la usurpación de tierras. Se resistió con todas las fuerzas a la negación de la identidad como pueblos con existencia propia. No americana. Originaria. Pero no pudieron impedir la destrucción, casi por completo, de sus raíces, sus saberes, su descendencia, su intuición. Perdieron hombres, mujeres, niños, viejos y sabios, por cantidades superlativas. La medicina natural, la relación y el entendimiento con la naturaleza, fueron avasallados. No hubo opción de convivencia ni de mutuo acuerdo. Se procedió de una manera irracional. Inhumana. Que no tendrá olvido ni perdón.

   Velázquez por la hoy isla de Cuba. Cortés por México, donde se encontraban los Aztecas. Pizarro por Perú, donde habitaban los Incas. Grandes conquistadores, etnocidas y ejecutantes de las políticas de la Corona española. Políticas que llevaron a destruir civilizaciones enteras. Civilizaciones que ya existían en nuestra tierra, desde hacía siglos. Habían desarrollado sistemas de comercio, escritura, ciencias, arte, agricultura. Practicaban su cultura, su cotidianeidad, sus propias desigualdades sociales y económicas. De ellas, las grandes civilizaciones precolombinas, hoy sólo nos quedan ruinas, pintadas rupestres, y las invaluables leyendas que se transmitieron oralmente entre los integrantes del pueblo oriundo de esta tierra.

   La resistencia indígena a la conquista permitió la conservación de algunas culturas originarias. No todo se perdió en el etnocidio del siglo XVI. Durante estos cinco siglos, los pueblos originarios convivieron con la sociedad europeizada de Latinoamérica. Algunos interrelacionados, otros con poca comunicación e intercambio cultural con ella. En la actualidad luchan por mantener y enseñar a sus hijos esa esencia autóctona que aun poseen, y que se encuentra en peligro de extinción. Ellos, que son más dueños de la tierra que la sociedad que vive en ella. Los pueblos originarios que alzan su voz ante las injusticias, el etnocentrismo, el robo de sus posesiones y los genocidios que todavía soportan en sus espaldas.

   Mapuches en la Patagonia y sur de Chile. Qopiwini en Argentina. Originarios de Bolivia, Perú y los comunitarios autogobernados de los montes mexicanos. Pueblos indígenas del Amazonas, Colombia y Venezuela. Pueblos de Centroamérica. Discriminados por cada uno de los Estados, reprimidos por cada uno de sus brazos armados. Por defender a la madre tierra, a la Pachachamama. Por intentar determinar su porvenir. Por exigir lo que les pertenecen. Hoy los pueblos originarios ocupan el último escalón social de las prioridades del Estado y la sociedad capitalistas. Es nuestra mayor responsabilidad promover el cambio, que no vendrá desde arriba, sino deberá ser construido desde abajo, y en sintonía con la devolución de la libertad a nuestros pueblos originarios. Una libertad que hasta el 11 de octubre de 1492 supieron poseer.
 

 

 

sábado, 26 de septiembre de 2015

¿Por qué se los llevaron? Reflexiones a un año de Ayotzinapa





   Días siniestros. Horas trágicas. Fue el 26 de septiembre. Pero también el 27. Un saldo de 7 muertos, 17 heridos y 43 desaparecidos. Ya han pasado 365 días, y no aparecen. Eran estudiantes, lo sabemos. Querían mejorar sus condiciones de vida, y las de sus familias, también. ¿Qué estarían haciendo ahora? No lo sabemos. Quizás aprendiendo, quizás movilizándose, quizás recreándose. Eso nunca lo sabremos.
   El dolor de todo un pueblo. Desaforado, gritándole al cielo. Pidiendo la aparición de sus hijos, con vida. Pidiendo el renacimiento del fruto de esas madres que jamás, jamás dejaran de luchar. Porque su existencia se basará en la lucha. De aquí hasta el final. Por esos chavos, sí. Por esos pibes, jóvenes, estudiantes. Vidas. Sueños. Eran 43. Son 43. Serán por siempre 43. Es nuestro deber, como pibes, jóvenes o estudiantes que somos, exigir su aparición. Restitución con vida. Estés en Guerrero, en Cuzco, en Buenos Aires. Pero más importante que exigir su aparición, es renacer los ideales de los 43 de Ayotzi en nosotros. Con facetas distintas para cada contexto. Porque las realidades de las sociedades difieren. Mucho. Pero exijamos lo que nos corresponde. Libertad. Libertad para decidir. Libertad para opinar. Libertad para soñar y para vivir.
   Eran colegas. Eran indios. Eran negros. ¿Por eso se los llevaron? Existe una sola raza, la humana. Eran mexicanos, pero los siento como hermanos míos. Las fronteras son patrañas. No existen. Las crean para dividir y reinar. Que las instituciones del poder no nos separen compañeros, compañeras. Aquel día fueron 43 en Ayotzinapa, Iguala, México. Pero día a día nos desaparecen. Para callarnos. Para vendernos. Para explotarnos. Para dividirnos. El peligro, el temor. Sus armas preferidas. Si no son suficientes, desaparición.
   Son cobardes. Atacan en grupos. Poseen el marco legal a su favor para reprimir. Para asesinarnos. Su amparo es el Estado. Esa inmundicia institucional al servicio de los más poderosos. De los dueños del capital. Los oligarcas. Los terratenientes. Los políticos. Responsables son ellos. Aquí, allá, en todos lados. ¿Qué nos queda por hacer? Muchas cosas. Empecemos por dejar de lado la indiferencia. Esa que te hace cómplice de quien te reprime. Solidaricémonos a nivel global. Las cosas no suceden en un solo lugar. Vivimos en un sistema. Internacional. O se lo combate entero, o no se lo combate. Procesos que tardarán siglos. Pero hay que contribuir en la medida de nuestras posibilidades. Vale crearlas. Porque sería la mejor manera de reivindicarlos. A ellos. A los 43. A los pibes que se llevaron en las dictaduras latinoamericanas. A los del Mayo Francés. A cada pibe que cae en manos de un represor. Gatillo fácil. En la telaraña de la narcocracia.
   La narcocracia. Drogas, balas, muerte, desaparición forzada. Relaciones carnales del sistema político y el crimen organizado. Todo complementado en un círculo vicioso. Una realidad iniciada en un pueblo. Entre los ranchos. Ahora, una situación muy compleja. Ampliada a países enteros. México. Colombia. Argentina. Que no es sólo el Chapo Guzmán. Es sinónimo de terrorismo. Terrorismo de Estado. En plena democracia. Sí, en democracia. Supera a Peña Nieto. También a su partido. Y a sus aliados. Implica armas, negocios y mucho dinero. Estados Unidos en el medio. Por supuesto. Indisimulable. Común. Normal. Una habitualidad.
   Los bancos vacíos. Las mesas con sus fotografías, esperándolos. La falta de los muchachos. La falta de respuestas de un Estado criminal. Privatizador y entreguista. Responsable de la desaparición multiplicada por miles en los últimos años. Y el sistema político, con todos sus partidos adentro. Responsables de facilitar la existencia de ese Estado. Porque las cosas no se cambian compartiendo techo con tus explotadores. Vean la Comunidad de Cherán. Ni un político quedó. Ni un policía represor quedó. Palabras más, palabras menos. Autogobierno, autodefensa comunitaria y autodeterminación. En tierras donde emergió el zapatismo, era esperable. Enhorabuena. Sin fanatismos. Superando las diferencias ideológicas. Tirando todos para el mismo lado. Una cohesión revolucionaria para nuestros tiempos. Tiempos de individualismo y sectarismo.
   Por esa senda alternativa se encaminaban los normalistas de Ayotzinapa. Hacia la autodeterminación. La Libertad. La lucha por los derechos inherentes a la vida. Hacia la victoria impostergable. La de sus hijos y nietos. ¿Por eso se los llevaron? Difícil de construir una respuesta certera. Demasiada incertidumbre. Pocas certezas. Las relaciones de poder dirigen este mundo. Porque la configuración es capitalista. Aquella persona que lo cuestiona, es peligrosa. Y corre el peligro de ser silenciada. Ultrajada. Desaparecida. Asesinada.
   Un año y no se avanzó en la investigación. Un año y las críticas al sistema político mexicano se multiplicaron. Un año y siguen sin aparecer. Un año y esos padres no saben si volverán a verlos. Un año y esas madres no bajan los brazos. Un año y las esperanzas por hallar justica se renuevan. Un año y el tiempo transcurre. Un año y seguimos esperando. Poco o mucho tiempo, pero sirvió para que reflexionemos. Nos puede tocar a nosotros. Sí. Pero que sepan que en donde haya uno menos, renacerán miles en su lugar.



 
 
   Reflexiones de un pibe, joven, estudiante. Como eran los 43. Y mi interrogante, como el primer día, sigue siendo el mismo:  ¿Dónde están?

jueves, 30 de julio de 2015

Voto: La trampa del sistema capitalista

 



   En vísperas de elecciones visualizamos un excesivo derroche de millones de billetes en propaganda política, que es solventada principalmente por capitales provenientes de empresas privadas (a cambio de "favores" políticos en caso de que el candidato apoyado triunfe en las elecciones), dinero “administrado” (malgastado) por el Estado, del pueblo y también del bolsillo de los militantes de los partidos políticos (en algunos casos).
   Durante la época de campaña se desarrolla el circo electoral que consta de una maquillada de la realidad puesta en escena, donde se exponen candidatos con supuestos aspectos de honestidad, inteligencia, empatía por los que menos ingresos perciben, con capacidad para solucionar los problemas sociales y económicos vigentes, y elocuentes discursos que generalmente logran crear falsas expectativas en el votante.

   Ha transcurrido una vasta cantidad de elecciones en cada país con democracia constituida, y el fraude electoral, las promesas incumplidas, la corrupción devenida en normalidad y el abuso de la autoridad tras la obtención del poder político constituyen concretamente sus consecuencias. Todas ellas al servicio de las clases dominantes, ya que proceden al mantenimiento del sistema capitalista. Nada más efectivo para la burguesía que la puesta en funcionamiento de una propia burocracia de fácil domesticación.




Voto, ¿La voluntad de las mayorías?



   El voto es elemental para desarrollar una democracia. También es necesario para ejercer control social. El electorado, en su mayoría, goza de un falso sentimiento de ejercer la libertad por decidir a quién entregar su voto; cuando, lejos de ello, se está convirtiendo en el único rehén del juego demagogo que imponen los dueños del poder, por cierto quienes son beneficiarios directos del circo electoral y el desfile de los partidos.
   El hecho de votar, como cualquier otro acto, te hace responsable de los efectos que genera. No obstante, no podemos llamar al triunfo de un partido político sobre otro como una “expresión de la voluntad de las mayorías”, cuando el voto es obligatorio, un alto porcentaje ni siquiera asiste a votar (entre el 20 y 30% del total), existe fraude electoral (robo o compra de votos, manipulación, amenaza, etc.-) y mecanismos prescriptivos que evitan la presencia de frentes electoralistas diminutos. Además, es muy común que tras las elecciones generales, las mismas se diriman entre dos fuerzas políticas, reduciendo aún más el abanico de opciones que posee un votante, quien generalmente termina aplicando la “teoría del mal menor” (deducir quién es menos peor) para entregar su voto al candidato que se supone que menos daño hará en su gestión.





   Las elecciones asimilan provisoriamente (hasta que culmina el periodo eleccionario) las contradicciones internas de la sociedad al reducir a todas las personas al valor de un voto, mientras que por otro lado legitiman de forma explícita la existencia de un Estado centralizador del poder, y con éste a sus fuerzas armadas del Orden, la represión, a las desigualdades socioeconómicas y la legalidad burguesa.

   En el terreno de las elecciones también suelen aparecer plataformas partidarias autoproclamadas como “partidos de la clase obrera” con cierta inserción en trabajadores, aunque sólo basta con observar el compuesto de las listas para darse con que los puestos con posibilidades de ingreso al Parlamento están ocupados por burócratas mantenidos por las bases militantes (como todo “político burgués”), profesionales de la política o intelectuales acomodados que jamás han trabajado en situación de dependencia.

   Entonces, el voto contribuye a mantener a la democracia parlamentaria como forma de gobierno, necesaria para la continuación de la reproducción legalizada de las relaciones de explotación. Distinto a ella sería poseer como sistema a una democracia directa, donde predominasen las acciones directas entre las personas y, en caso de elecciones, estas ser de tipo asamblearias con voto optativo y visible -a mano alzada, por lo general- (el voto secreto es fundamental para cometer un fraude porque no se sabe realmente a quién se votó).


   La persuasión electoral ha afectado a la población de tal manera que ésta es muy promiscua a creer en las promesas propuestas por políticos desesperados por conquistar votos. La abstención activa hoy es vista como un acto de desperdicio de una oportunidad de continuidad de reformas positivas o cambio para una sociedad.
   Es ridículo sostener que un voto puede cambiar el rumbo de un país. Si así lo fuera, estaríamos en condiciones de votar entre seguir viviendo bajo este sistema capitalista u optar por uno alternativo. Para suerte de las clases dominantes, el voto le es funcional a sus intereses de gobernar, prohibir, reprimir.
 
Si el voto podría cambiar la realidad, no tenga dudas de que estaría prohibido.
 

lunes, 29 de junio de 2015

Fútbol: Origen, política y control social


   Este deporte tan bello, que no ha sido inventado por los ingleses, provoca crudas pasiones en cada uno de sus simpatizantes aunque actualmente sufre el flagelo que causa contraer una relación mutua con la política. Los gobiernos han subordinado al fútbol a su conjunto de herramientas para manipular a las sociedades, controlarlas, conformarlas con los escasos recursos que les proveen y ejercer un control social cada vez más evidente y, a menudo cuestionado por la crítica pública.





Origen 

 
  Las primeras evidencias de este deporte de masas se hallan en China, durante el periodo gobernado por la dinastía Han, hace unos 2.200 años (Siglo II A.C para los religiosos occidentales). El “ts'uh kúh”, que traducido se establece como el acto de “dar patadas a un balón de cuero”, fue un juego probablemente muy violento practicado con manos y pies, que surgió como un método de adiestramiento militar por el que ricos espectadores apostaban parte de sus bienes. La probabilidad de que se haya tratado de una práctica muy violenta radica en el fuerte castigo y flagelo corporal que sufría en público el capitán -visto como el máximo responsable- del equipo derrotado, a manos de los adversarios.
   Siglos después este deporte se trasladó a Japón donde se lo conoció como “Tsú-chú” y del cual se tomaron las bases del “Kemari”, que trataba de un juego cortesano de la era medieval practicado por príncipes, corteses y otros burgueses en los patios, que reemplazaban a un “mari-no-niwa” -campo de juego-, de sus ostentosos castillos. Se reemplazó la brutalidad con que se desplegaban los jugadores chinos por la habilidad y estrategia elegidas por los japoneses. La “mari” -pelota- estaba hecha con piel de cerdo o ciervo.

   Distinto al caso del deporte de la pelota en China y Japón, esta vez en el reino de Shilla (actual Corea), hace aproximadamente 1.500 años se desarrolló otro juego con pelota que también sirvió como estrategia de entrenamiento militar. Fue el “Chukkuk”.

   A través de estos datos se puede cuestionar la versión oficial sobre el origen del fútbol que indica que las islas británicas fueron el territorio madre de la gesta del deporte más importante de la actualidad a nivel global. Sin embargo, sí se puede adjudicar Gran Bretaña la transformación de un simple juego a la formalización como un deporte con reglamento y torneos de competencia. En 1848 representantes de colegios ingleses se reunieron en la Universidad de Cambridge donde crearon el famoso ‘código Cambridge’, que décadas más tarde funcionaría como base del reglamento moderno adoptado por la asociación de las distintas organizaciones futbolísticas de Gran Bretaña a priori, luego de Europa, y por último en el siglo XX, del mundo entero.




Relaciones con la política y control social


 


El fútbol es el opio del pueblo.
 

[IMAGEN]: Se parodia el empleo que hace la clase dominante (representada con políticos) con el fútbol para apaciguar y así mantener la furia con que los dominados se rebelarían.

 
   El fútbol inspira competencia, pero no deja de ser un deporte colectivo donde triunfan las buenas organizaciones internas, las estrategias inteligentes de juego, el compañerismo dentro y fuera de las canchas y, primordialmente, la cooperación entre los jugadores. En el ideal ingresan además millones de simpatizantes que asisten a los estadios para ofrecer apoyo y aliento; socios que colaboran económicamente con los clubes; y muchas esperanzas de triunfos, goles y torneos ganados. No obstante, la realidad distorsiona a la idealidad, poniéndola a ésta en un plano utópico.
 
   Entre la política, el dinero y las mafias institucionales, la pelota se mancha. El fútbol pierde su sentido colectivo.
 
  
 
 
 
 
 
   El universo de los intereses políticos abarca prácticamente todas las cuestiones sociales, sus movimientos y distracciones, como los deportes, de las poblaciones. El fútbol no es la excepción. Muy lejos del intento de evadirlo, este deporte es terreno fértil para las aspiraciones de los partidos políticos, por lo que es muy común que se construyan relaciones carnales entre el poder estatal, las dirigencias de los clubes de fútbol y sus grupos de hinchas revoltosos, a menudo violentos, que en Latinoamérica reciben la definición de “Barrabravas”, cuya existencia se presume necesaria gracias a la cultura del aguante que ejercen plenamente desde las tribunas, al mismo tiempo que son los mayores conspiradores del juego limpio. Éste triángulo macabro de la corrupción es el responsable de la mecanización del fútbol para transformarlo en un mecanismo de control social al servicio de sus intereses económicos.

   La aplicación de políticas de Estado sobre el fútbol no es casual, sino estratégica. Si el objetivo del partido político que gobierna es mantenerse en el poder, entonces debe contener a la población conforme con su status, sumisa y, en la medida en que le sea posible, con una buena opinión de su gestión. El Estado debe crear nuevos intereses y preferencias en terrenos alejados del cuestionamiento de su existencia para así poder evitar la lucha de las poblaciones por mejores condiciones de vida, que implicarían masivas protestas y desestabilizaciones a su régimen; y es allí donde los deportes conforman una respuesta contundente. En regiones futboleras como Latinoamérica, por ejemplo, el fútbol es la solución al temor estatal por la insurrección social.
   Millones de habitantes desvían su mirada de la realidad social, al menos por un lapso considerado de tiempo, cada vez que se congregan competencias futbolísticas nacionales e internacionales, y esto se producen de forma permanente. Cada tres días, cada fin de semana, cada año o cada cuatro años. Los medios de comunicación convierten en rutina la información deportiva, a cada instante del día. Diarios, revistas, programas de radio y televisión, portales de Web, una batería de promoción del control social.

   El aprovechamiento de la propaganda excede al uso que le dan los medios de comunicación y las empresas multinacionales. En las últimas décadas se multiplicaron los casos en los que ex jugadores se convierten en candidatos políticos municipales, provinciales y hasta presidenciales. El caso más interesante es el de George Weah, ex delantero del A.C Milan italiano y balón de oro en 1996, que fue candidato a presidente de Liberia en 2005. Han sido diputados Bebeto (Brasil), Roman Kosecki (Polonia), Oleg Blohkin (Ucrania), y actualmente Kakha Kaladze es viceprimer ministro de Georgia. En Argentina, el ex defensor de su selección Carlos Mac Allister es diputado nacional por la provincia de La Pampa. Si algo le faltaba a la relación política-fútbol es que jugadores profesionales se vuelvan políticos. Aquí se comprende que este deporte no sólo sirve para auspiciar las gestiones de los gobiernos y banalizar su presencia en la gente, sino que puede ser utilizado como un medio para alcanzar cargos políticos de gran trascendencia.

El fútbol mueve millones.

   El lucro con el deporte, y en especial del fútbol, es rotundo. En las camisetas se visualizan las marcas de los sponsors de cada institución, donde las multinacionales, cuyos dueños son a su vez titulares del poder mundial, lideran en presencia y aparecen en los clubes más poderosos del mundo. Porque el dinero en este sistema implica poder. Transferencias de jugadores con contratos multimillonarios, clubes tan poderosos que poseen ingresos tan altos que equivalen a más dinero que el de algunos sectores económicos nacionales de los países subdesarrollados más pobres.

   Este es el panorama por el que transcurre sus días el fútbol. La organización internacional que lo administra es la FIFA -Federación Internacional de Fútbol Asociados-, que junto con el narcotráfico y la trata de mujeres y niños conforma una de las mafias más desarrolladas y difíciles de investigar por sus múltiples relaciones creadas con los Estados. El lavado de dinero es moneda corriente tanto en la FIFA como en todas las organizaciones dependientes de ella que operan en los países que presencia.
 
 
 
   Las competencias internacionales más importantes de fútbol han servido para maquillar las delicadas situaciones de los países ganadores o anfitriones de los torneos. El mundial de 1976 llevado al cabo en Argentina durante la dictadura del Proceso que desapareció a 30.000 personas, y ganado por la selección local permitió contribuir al contexto de "paz social" forzada por los militares y la exaltación del ser nacional, que luego fue utilizado en 1982 para afrontar la Guerra de Malvinas. La Copa América de este año en Chile, momentáneamente esconde la crisis política por la que atraviesa el gobierno de Michelle Bachelet a causa de las masivas protestas estudiantiles y la represión policial que ya se atribuye con varios muertos. Y así se reproducen muchísimos más casos, como el Mundial de 1970 realizado en un México crítico, donde se reprimía a los estudiantes y jóvenes en las manifestaciones por mejoras.

   El bombardeo mercantil desvirtúa al deporte. Las instituciones que lo representan lo convierten en una empresa capitalista generadora de ganancias. El Estado burgués aprovecha la facultad recreativa del fútbol para distraer la atención de sus dominados.
 


El fútbol es utilizado como un instrumento de manipulación serial de los televidentes.


sábado, 6 de junio de 2015

Banderas que desunen: Nacionalismo y xenofobia


   Cada país del mundo cuenta con una de estas. Motiva a los habitantes de esa nación o, las naciones que integran al país, a entregar hasta su vida por ella. Su forma, colores, franjas y escritos representan cuestiones vinculadas con la conformación del Estado-nación o con la geografía y naturaleza de la región donde se haya establecido. Un símbolo que también se relaciona, y muy profundamente, con la xenofobia, la colonización y la discriminación y rechazo hacia los inmigrantes extranjeros.
   La bandera: ese trapo que se cuelga en las ventanas durante el mundial de fútbol, en las embajadas en el exterior, en los mástiles de los colegios posee un valor superior al de cualquier persona, animal o ecosistema dentro del territorio ocupado por el estado-nación. Su origen, actualidad y futuro radica en el temple y la entrega de toda una sociedad a su servicio.







   Los hechos históricos indudablemente representan una base presentada como antítesis y de menester consideración para pensar hacia el futuro y analizar probabilidades o posibles devenires del mañana. Así como en diferentes momentos históricos la diferenciación entre las personas se acentuó sobre su raza, lengua, posición económica, posesión de bienes inmuebles, proveniencia hereditaria o por la distinta nación, la bandera supo superar tendenciosamente estas divisiones internas, logrando una convergencia interna (alianza inconsciente) de los habitantes en pos de la realización, la supervivencia y la defensa del país.
   Esta realización puede ir desde un simple enfrentamiento futbolístico o de otro deporte, de tipo internacional, o una competencia entre estudiantes universitarios de distintas nacionalidades hasta la confrontación bélica entre estados. Quizás sea la Segunda Guerra Mundial del siglo XX una de las más difíciles de analizar teniendo en cuenta a la bandera como el factor fundamental para el conflicto. Si bien influyeron cuestiones racistas (el Nazismo torturando en campos de concentración a toda persona no aria, principalmente a judíos, hasta el Holocausto), de clase social (el proletariado dio su vida en el frente de batalla por defender a su bandera, mientras que la burguesía industrial aumentaba notablemente su poder) o cuestiones económicas (enriquecimiento de las burguesías nacionales y del capital financiero mundial), el gran responsable de ésta y el resto de las guerras, ha sido la bandera.

   En la gran guerra del pasado siglo hubieron alianzas entre países, pero estas no han sido por la ideología, la raza o el idioma de los países, sino por intereses específicos de cada país (por ejemplo, la Unión Soviética y Estados Unidos, que luego emprenderán la Guerra Fría y la bipolaridad del sistema global, terminan ejecutando al Tercer Reich alemán, y repartiéndose la mitad del territorio alemán para cada uno). El detonante de las guerras entre estados siempre fue, es y será este símbolo, fuente de toda xenofobia y que tan sólo trata de un trapo con forma y colores característicos pero que esconde detrás de sí, variadas culturas, naciones, territorios, historia y un amplio abanico de personas dispuestas a entregar su existencia física por su preservación.



Sentimiento y desunión



   Cuando debatimos respecto a las nacionalidades, dialogamos con gente de otro país o cuando simplemente reflexionamos sobre tales cuestiones que nos desunen, al pensar en otro estado-nación, generalmente primero nos imaginamos o recordamos su bandera; y desde esta, surgen el resto de los temas relacionados (política, sociedad, economía, cultura, leyes, etc.). Esto no es casual, ya que los medios de comunicación y los escritos teóricos de hoy y ayer, nos abordan la narración de otro país partiendo desde su bandera.
   Los sentimientos de respeto, fidelidad o lealtad hacia una tela colorida responden a la completa sumisión que el la individuo participa y tolera ante una autoridad que gobierna su conciencia, vida y obra. El individuo es ‘español, chino, sudafricano, australiano o chileno’, antes de dar sus primeros pasos o hablar. Se cría, se socializa, madura y muere dentro del sistema sociopolítico y económico, con sus diferentes cambios, de un país. Posiblemente, o no, ame a su bandera, contribuya o perjudique el bienestar de sus compatriotas, pero le será difícil poder abandonar su nacionalidad legal.

   Desde nuestra infancia, nos enseñan a defender y sentir orgullo por ‘nuestra bandera’. En dictaduras, en países donde el ejército es muy importante o inclusive en democracias, donde el Servicio Militar sea obligatorio, el sentimiento nacionalista aumenta a medida que la persona crece. En situaciones de guerras entre países, se prescinden de otros valores enalteciendo el patriota.

   No existen en el mundo, dos trapos estatales iguales. Tampoco más de una tiene su origen en el mismo suceso o elemento.


   ¿Por qué desunen? El nacionalismo es el vil pretexto de las clases dominantes para subordinar a los explotados a una causa común (la única que amerita la conciliación de clases). La paz social es una farsa al servicio del estado capitalista en su versión suave, el Estado de Bienestar, donde los trabajadores conviven transando con los patrones. También lo es el capitalismo de Estado de los regímenes totalitarios comunistas, ya que en estos las relaciones de explotación jamás cedieron para el cambio radical de la sociedad. Lejos de procurarlo, en estos países extremistas de derecha o izquierda, la bandera es el elemento por el cual vale la existencia de cada patriota.
   Estados Unidos, Japón, Israel, Corea del Norte, Cuba o cualquier otro país del mundo, independientemente de su forma de gobierno, exaltan sublimemente a su bandera, haciéndola a ésta un elemento con mayor importancia para sus habitantes, que en consideración con la Biblia para los cristianos o lo representado por el Corán para los musulmanes.

   No estamos condenados a aceptar la parcela de territorio, los recursos que hay en ella, a la bandera del país donde nacimos, y los límites implicados. Ese es el objetivo de los gobernantes para impedir que las sociedades oprimidas se rebelen, cuestionen sus colores y logren cooperación con las gentes de otros lugares del mundo, que viven en situaciones de vida parecidas o en peores.
Nacionalismos, regionalismos, organizaciones supranacionales, continentes. Todos nos limitan el área de acción. Las banderas, dificultan y existen para evadir la libre asociación entre las distintas sociedades de todos los países del mundo.



¡Que ardan las banderas del mundo!

domingo, 19 de abril de 2015

Etnocentrismo: Dialéctica entre 'nosotros' y 'otros'


   En un mundo cada día más polarizado, donde el egoísmo y las posiciones parcializadas de la realidad conjugadas diametralmente en torno al ‘nosotros’, aumentan en la consideración de la población en desmedro de la interpelación a sujetos terceros para la construcción de perspectivas más amplias de los hechos, las opiniones y prácticas racistas se consolidan como una manera normalizada de expresión hacia el ‘otros’. Como síntesis, los argumentos para defender la postura pasan a un segundo plano, y lo que se aprecia como influencia determinante, es la propiedad de la misma.
   El debate es estéril. Las ideologías, los principios de diferencia entre personas. Las diferencias, la antítesis al uso del sistema etnocentrista. Las telecomunicaciones y el caudaloso flujo de información, que podrían contribuir a la homogeneización de los intereses por sociedades más empáticas, por el contrario, agravan la situación al dejar al descubierto las raíces de las contradicciones que existen entre las ideas y prácticas de las personas. Etnocentrismo, un indicador fehaciente del encierro en la burbuja individualista que sufre el ser humano en esta etapa de la historia contemporánea, precisamente en los inicios del siglo XXI, será el blanco a discriminar en estos párrafos.

¿Qué expresaría, aproximadamente, el concepto de ‘etnocentrismo’?

Segregación del 'otro'.
   Todos los individuos poseemos definiciones personales, y por eso distintas entre sí, de los procesos y conceptos. Sin embargo, aquellos que encuentran mayor aceptación por la sociedad científica, tienden a generalizarse en el uso cotidiano. Por ejemplo, las definiciones que determina la RAE -Real Academia Española-. Ente que trata de “Tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades.”, al concepto de “etnocentrismo”.
   A su vez, el término fue desarrollado primitivamente a principios del siglo XX por William Sumner, un sociólogo pacifista estadounidense que lo definió como “la forma de ver las cosas en la que el propio grupo es el centro de todo y todos los demás grupos son ordenados y evaluados en relación a él.” Ambas definiciones coinciden en que una postura etnocentrista implicaría la visualización e interpretación de los hechos, costumbres o discursos de otros grupos de personas, desde el punto de vista adoptado por el conjunto cultural al que pertenecemos. En otras palabras, el etnocentrismo representaría la negación de la tesis y praxis del sujeto ‘otros’, mediante los parámetros y herramientas disponibles por el ‘nosotros’, las cuales permiten justificar la superioridad sobre los elementos constituidos por ‘otros’.


   He aquí donde surge la dialéctica entre los dos sujetos plurales a comprender: 'nosotros' y 'otros'.
 

Dialéctica entre 'nosotros' y 'otros'

 
   La dialéctica del materialismo histórico planteada por Marx puede servir de referencia para la interpretación de la dialéctica del etnocentrismo entre ‘nosotros’ y ‘otros’. La lucha de clases deviene de un entramado histórico donde la autorrealización del ser estuvo determinada por la posesión de los medios de producción. La burguesía niega la existencia de la producción del proletariado, ya que éstos se encuentran en la reproducción permanente del proceso de enajenación del trabajo. En un sistema etnocentrista, por su parte, también divergen dos pensamientos opuestos, se disputan la posesión de la interpretación más cercana de la realidad y luchan entre sí, para el dominio de unos contra otros en la reproducción del practicismo con respecto a teorías y valores.
   Durante la etapa de colonización de la gran mayoría de los pueblos originarios de Latinoamérica, la obligatoriedad de su cristianización y el asesinato de quienes se oponían a las reglas provenientes de Occidente, sirven de ejemplo histórico para entender las consecuencias que puede generar un sistema de pensamiento etnocentrista.
   Sin representar innovación alguna para la Humanidad. Un bastión genuino del pensamiento occidental. Desde la imposición de los ideales de la civilización y el progreso por sobre la barbarie y el folklore, hasta la ejecución de miles de personas que cuestionaron la autoridad y legitimidad de los proveedores de la verdad absoluta. Xenofobia, racismo, arrogancia. Abstracciones resultadas del dualismo entre ambos sujetos.
   El ‘nosotros’, por lógica, sufre contradicciones y cuestionamientos internos. Lapsos de empatía, rebeldía de sus integrantes o parcial rechazo al sistema de análisis sobre el ‘otros’. También lo sufre el ‘otros’, que al mismo tiempo, puede llegar a desarrollar un sistema etnocentrista reaccionario y, que nos recuerda la célebre frase “ojo por ojo, diente por diente”, aplicable en la justicia sumeria, como Ley del Talión que se desprende del conjunto de normas del Código de Hammurabi.
 
Las "supersticiones" indígenas fueron invaloradas por los europeos cristianizadores.
 
 
   El relativismo cultural es una técnica de estudio antropológico que los profesionales utilizan para impedir practicar el pensamiento etnocentrista. Éste trata de la comprensión empírica de los hechos y observaciones de una cultura distinta, bajo los valores utilizados por el conjunto analizado. Sin embargo, no es amplio el número de individuos que lo desarrolla fuera de la empresa profesional.
   Defender nuestros valores, creencias, ideas políticas o letras no debería anticipar la desacreditación de las exposiciones, pensamiento y prácticas culturales de otras personas. Podemos convivir con otros, sin recurrir a la violencia. La discusión debe ser un punto intermedio para la aceptación, pese a no compartir las interpretaciones de los postulados, otras visualizaciones distintas a las propias.
   ‘Ponerse en lugar del otro’. Desafiar a la normativa tendencia de segregar al distinto.
 

Miles de naciones y culturas existen en el mundo. Respetemos cada uno de sus valores.
 

 

sábado, 4 de abril de 2015

Obsolescencia programada: Usar, tirar, comprar.





   ¿Cuántas veces nos hemos molestado por la rápida caducidad de los aparatos tecnológicos que utilizamos? También son numerosas y muy reiteradas las ocasiones en que nuestros abuelos o padres nos relatan la gran durabilidad que tenían los mismos productos que hoy se deshacen rápidamente, hace varias décadas atrás.
   No es casualidad ni mala suerte que un celular, una televisión o un mueble tengan vidas útiles limitadas, y/o sufran fallas, tras un reducido período de uso desde su compra. Tampoco es una novedad, dentro del sistema de producción en masa que desarrollan las fábricas en este, el sistema capitalista.

   La “obsolescencia programada”, término empleado por primera vez en una conferencia de publicidad que el diseñador industrial estadounidense Brooks Stevens dio en Minneapolis en 1954, es un mecanismo estratégico, que emplean las empresas sobre los bienes de uso que luego ofertarán en el mercado comercial, para generar un mayor flujo de ganancias sin necesidad de invertir en aumento de personal o en innovaciones tecnológicas. El mismo implica la determinación del fin del funcionamiento normal del producto, presentando éste, fallas parciales o totales tras un tiempo determinado de uso. Como consecuencia, el usuario debe acceder a la compra de las piezas que sufrieron desperfectos para el eventual arreglo del bien o, en casos más comunes, a la compra de otro nuevo.

El círculo vicioso del "Comprar, tirar"

   Este mecanismo al servicio de los explotadores dueños de fábricas, no sugiere una innovación en el mundo de los negocios. En la década de 1920, las empresas comenzaron a limitar la duración de las lámparas de luz. En 1911, según los anuncios publicitarios, las mejores podían llegar a durar 2500 horas; pero para 1924, las empresas pactaron un acuerdo para que no durasen más que 1000 horas. “Phoebus” fue un cártel mundial muy conocido, donde se nucleaban los productores de lámparas de luz, que indistintamente de la marca, no duraban más de 1000 horas.

   Luego de unos años, el cártel fue denunciado por lo que, supuestamente, dejó de funcionar. Sin embargo, está claro que en la práctica, el mecanismo de la “obsolescencia programada” jamás expiró. Al contrario, se expandió a más productos. La industria automotriz, el rubro de la indumentaria y, actualmente, la tecnología y los fabricantes de electrodomésticos recurren a la práctica de esta tendencia productiva.


La empresa propagandística nos induce al permanente "comprar y tirar".


 
   Gracias a la estafa que representa la obsolescencia programada, los ingresos por venta de bienes finales de uso, se multiplican para las empresas. Objetivo cumplido para los empresarios. Penas y gastos ociosos y excesivos para la población consumidora, que se encuentra forzada a participar de un consumismo no deseado que se vuelve necesario.


   Uno de los motivos por el cual el sistema de “compra, uso y descarte” se reproduce sin ningún tipo de cuestionamiento desde un amplio sector consumista, es el de la “moda”. Posiblemente el aparato tecnológico siga funcionando correctamente, la prenda de vestir no esté rota, o el mueble se encuentre en perfectas condiciones, pero uno nuevo, más innovado, con un color más llamativo o con nuevas funcionalidades esté a la venta. El aparato propagandístico del sistema capitalista es muy eficaz, por lo que fácilmente accedemos a la compra innecesaria de bienes.

  

Basura electrónica

 
   El consumismo que se produce en la población demandante de los bienes y servicios del mercado comercial, y las ganancias percibidas por los empresarios gracias al curro de esta manera deshonesta de producir, no son las únicas consecuencias directas.

   El hecho de que todos los electrodomésticos y otros aparatos tecnológicos sufran desperfectos y sean reemplazados por nuevos constantemente, conlleva a un aumento lógico, de las cantidades de basura electrónica.

   Más 7.000.000.000 de personas habitamos el mundo, hoy en día; y son 210.000 los nacimientos diarios, por lo que el crecimiento poblacional es positivo. Se promedia en un 1 Kg por día, los desechos que generamos. Ello implica que aproximadamente 7.000.000.000 Kg de basura son producidos por día. Al mismo tiempo, se producen 21.000.000.000 kg de basura electrónica (en promedio, 3 kg por persona) al año.
   Miles de toneladas de basura electrónica terminan en focos de contaminación a cielo abierto, en las profundidades de mares, lagos u océanos, o son “donados” a países subdesarrollados, principalmente en las zonas de costa africana y Asia meridional. Esta basura tecnológica es altamente tóxica. Contiene altos niveles de plomo, cobre, platino, sustancias químicas y demás materiales pesados que perduran cientos de años, ya que no son biodegradables.
 
La basura electrónica se multiplicó en las últimas décadas, producto de la "Revolución tecnológica".


   Producto de los reclamos populares, el activismo, la junta de millones de firmas en petitorios contra la obsolescencia programada por parte de organizaciones no gubernamentales, y demás medidas de protesta social, en algunos países de la Unión Europea se comenzó a legislar contra esta estafa empresarial. En Francia, por ejemplo, recientemente se aprobó una ley que castiga con multas de hasta 300.000 euros a las empresas (y con dos años de cárcel a sus dueños), que practiquen esta técnica de producción. Por su parte, en 2012 las autoridades de la Unión Europea habían aprobado una directiva que obligaba al resto de los países a adoptar su normativa para acabar con esta práctica.
   No obstante, ¿Sólo se necesita legislación desde las cúpulas políticas, para frenar la desidia, avaricia y egoísmo de los empresarios capitalistas? Si bien el problema comienza con la obsolescencia programada, hay uno más grave, que es la producción inédita de millones de toneladas de basura electrónica tóxica. ¿Qué hacer con ella?

   No hay mejor solución a los problemas, por más complejos que estos se presenten, que la prevención. Mientras los medios de producción y comunicación estén dominados por los empresarios más poderosos, nosotros seguiremos dependiendo de sus decisiones.
 
 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Escuela primaria: Primera servil al sistema capitalista

 

¿Qué nos enseñan?


   Desde que se construyó que nuestro sistema educativo se encuentra subordinado a los intereses de las clases dominantes. El objetivo de la escuela primaria no pasa de formar seres que al terminar sus estudios, y en su mayoría, van a volver a subordinarse. Pero esta vez, a un patrón, incuestionable y dueño, por un lado, de la verdad y, por el otro, de nuestra suerte.

 

 


   Primer día de clases en la escuela primaria: compañeritos nuevos, compañeritas nuevas, sonrisa perturbadora en la cara, felicidad de los papis, la tía regalona con unos chupetines de recompensa. O quizás ya estemos en 6º. Último año de primaria, amigos desde hace años, profesores con caras conocidas, la bandera a la que le juramos lealtad flameando desde donde siempre lo ha hecho.
   A la escuela primaria se la transcurre durante nuestros primeros años de afianzamiento de conceptos, aceptación y aplicación de reglas que, muchas veces, aceptamos por acción y efecto de lo que realiza el grupo al cual nos integramos. Nuestro primer grupo de pertenencia dentro del marco institucional educativo, que debería ser seguido por el secundario y el terciario o universitario, en condiciones aptas para el desarrollo profesional de una sociedad cuidada.

   No obstante, más allá de las posibilidades y tiempos de estudios promedio de los y las alumnas de nuestro país, centrémonos en la enseñanza a grandes rasgos, que se ejecuta desde la curricular conformada por el Ministerio de Educación hasta la explicación de esos temas por parte de los y las maestras que, por un sueldo precario, deben subordinarse al índice académico proclamado por el gobierno provincial dependiente directamente del gobierno nacional.

 
   ¿Qué nos enseña la escuela primaria? Destaco que necesitamos una base común para poder emprender el extenso recorrido de la escuela secundaria, los contraturnos agobiantes, amplios apuntes, el aumento en el número de materias y los nuevos conceptos. Sin embargo, con el correr de los años, vemos que los alumnos y alumnas aprenden lo que se les dice que deben aprender. La escuela primaria sigue formando alumnos y alumnas que mantienen la creencia de que Cristóbal Colón fue un pacifista que hizo “negocios” con los indios americanos y que “descubrió América”, que Domingo Sarmiento fue un progresista popular “padre de la educación”, que el hombre que aparece en los billetes violetas fue un prócer argentino de intachable reputación y sentido nacional, pero jamás se oye la palabra “revolución”, por ejemplo. Ni hablar de la educación bancaria eclesiástica.
   Además de los conceptos que se apropian en la escuela primaria, caben destacarse ciertos aspectos formadores de seres sumisos y obedientes: con seria tradición pavloviana se emplea el timbre como mecanismo de inicio o finalización de la hora; se forma fila, se saluda a la bandera y se desfila al mejor estilo de un ejército fascista; dentro de la clase, sólo habla el profesor hasta que éste disponga la posibilidad de que alguno de sus enseñados participe de la clase, prácticamente no existe debate grupal y, en pocas palabras, sirve de fábrica de individuos sumisos sin cara propia como bien lo hemos visualizado en la ya célebre película “Pink Floyd The Wall”.
 
   Las niñas y niños se ven sometidos a un sistema educativo bancario pensado por la propia burguesía hegemónica que negocia con la burocracia nacional para el mantenimiento de un sistema que te da pocas chances de progresar y muy pocas de cambiarlo. Como lo ha definido ya antes Louis Althusser, el colegio es un Aparato Ideológico del Estado para dominar a las masas, privarlas de una educación libre y libertaria. Por eso, por el hecho de que no van a permitirla jamás, es que debemos luchar conjuntamente con nuestros maestros y nuestras maestras por una educación pública, laica, de calidad y libertaria, donde podamos encontrar refugio y la alternativa al modelo capitalista de explotación del Ser Humano por el Ser Humano.

Como en "Pink Floyd The Wall", la escuela primaria forma una pasta compacta de mentes cerradas.