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martes, 15 de septiembre de 2015

¿Qué es la Anarquía? III




   La Anarquía puede ser definida de distintas maneras. Para una hipotética definición es posible y aceptable hacer hincapié en una sociedad sin gobierno, en la falta de autoridad, acefalía estatal, o directamente puede ser concebida como el orden natural de los individuos. Al mismo tiempo, se la puede considerar como un medio, una causa o consecuencia, un fin u objetivo, una teoría, una práctica emancipadora e inclusive como un modo de vida. Los enfoques, marcos teóricos y las opiniones de pensadores, orientan.

   Una manera fácil de obtener referencias acerca del término sería tomar un diccionario o buscar la definición que hace la RAE (Real Academia Española), aunque ésta sea tendenciosa. Otra forma de informarnos sobre la Anarquía se basa en la comprensión de su etimología. Una tercera opción consta de una simple investigación sobre las apreciaciones que hicieron sobre el concepto reconocidos teóricos, pensadores, escritores y activistas que se consideraron ideológicamente como anarquistas. Cierto es, que cada definición partió desde una visión subjetiva, que a su vez estuvo influenciada por el contexto social, político y cultural del momento.



Anarquía para los teóricos anarquistas



   Pierre Joseph Proudhon (1809 -1865) fue un filósofo, pensador y escritor francés que teorizó sobre el mutualismo e individualismo anarquista. Se le atribuye ser el primer escritor en emplear la palabra “Anarquía” en una obra (aparece en ‘¿Qué es la propiedad?’ publicada en el año 1840). Proudhon estableció que la Anarquía es el estado social de no gobierno. Según sus palabras “una sociedad sin gobierno”, donde el Estado termine siendo una estructura inútil para el libre desarrollo de los individuos. Por su antiestatismo es que rechazó fervientemente al Socialismo de Estado propuesto por Louis Blanc en la Francia previa a la Comuna de París en 1871.
   En su texto 'La Anarquía es el orden' determina que “la Anarquía es el orden mientras que el gobierno es la guerra civil.”

“Si me preocupara el sentido atribuido comúnmente a ciertas palabras y dado que un error vulgar ha hecho de "Anarquía" el sinónimo de "guerra civil", tendría horror del título con que he encabezado esta publicación, porque tengo horror a la guerra civil.”

“La Anarquía es la negación de los gobiernos. Los gobiernos, de los que somos pupilos, naturalmente no han encontrado nada mejor que hacer que educarnos en el temor y el horror a su destrucción. Pero como, a su vez, los gobiernos son la negación de los individuos o del pueblo, es racional que éste, despertando a las verdades esenciales, paulatinamente se sienta más horrorizado por su propia anulación que por la de sus maestros.”

Anarquía es una vieja palabra, pero esta palabra expresa para nosotros una idea moderna, o más bien un interés moderno, porque la idea es hija del interés. La historia ha calificado de "anárquico" el estado de un pueblo en cuyo seno se encuentran varios gobiernos en competición; pero una cosa es el estado de un pueblo que, queriendo ser gobernado, carece de gobierno precisamente porque tiene demasiados, y otra el de un pueblo que, queriendo gobernarse a sí mismo, carece de gobierno precisamente porque no lo quiere. En efecto, antiguamente la Anarquía ha sido la guerra civil, y esto no porque ella expresara la ausencia de gobiernos, sino la pluralidad de éstos, la competición, la lucha de clases gubernamentales. El concepto moderno de verdad social absoluta o de democracia pura ha abierto toda una serie de conocimientos que invierten radicalmente los términos de la ecuación tradicional. Así, la Anarquía, que, confrontada con el término monarquía significa guerra civil, desde el punto de vista de la verdad absoluta o democrática no es nada menos que la expresión verdadera del orden social.”

Fragmentos de “La Anarquía es el orden”
Joseph Pierre Proudhon.


   Rafael Barrett (1876-1910) fue un escritor vitalista y periodista español, que residió muchos años en Sudamérica, en países como Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay. Una frase suya muy interesante para analizar se encuentra en el escrito ‘Mi anarquismo’ (1908) donde expresa respecto a la Anarquía: “Me basta el sentido etimológico: "ausencia de gobierno". Hay que destruir el espíritu de autoridad y el prestigio de las leyes. Eso es todo. Será la obra del libre examen. Los ignorantes se figuran que Anarquía es desorden y que sin gobierno la sociedad se convertirá siempre en el caos. No conciben otro orden que el orden exteriormente impuesto por el terror de las armas”. Barrett, que reniega de las malas interpretaciones de la Anarquía que hacían (y continúan haciendo en la actualidad), sostiene que ella no significa desorden y, por el contrario, la considera como un orden en el cual la sociedad no vivirá caos.

   Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (1814-1876) fue un teórico anarquista-colectivista ruso y el representante más conocido del anarquismo clásico. En alusión a la Anarquía, a lo largo de su vida la entendió de diferentes maneras. En sus primeras cartas señaló que Anarquía era caos y que éste debía ser aprovechado por las masas obreras para transformarlo en la deseada revolución social. No obstante, en uno de los pasajes del compilado de textos y cartas que luego pasara a denominarse ‘Estatismo y Anarquía’ (1873) la caracteriza como sinónimo de libertad y conceptualmente la presenta como la “organización libre de masas obreras de abajo a arriba”.

"Polemizando con ellos (socialistas autoritarios), los hemos llevado a reconocer que la libertad o la Anarquía, es decir, la organización libre de las masas obreras de abajo a arriba, es el objetivo final de la evolución social, y que todo Estado, incluido el Estado popular, es un yugo, lo que significa que, por una parte, engendra el despotismo, y por otra, la esclavitud."

Fragmento de “Estatismo y Anarquía”
Mijaíl Bakunin.

   En otra carta, trata a la Anarquía como la “base para una sociedad fraternal”, negando que la Acracia (Anarquía) fuera desorden.

"Si no se puede imponer la revolución en el campo, habrá que producirla provocando el movimiento revolucionario entre los propios campesinos, empujándolos a destruir con sus propias manos el orden público, todas las instituciones políticas y civiles, y a constituir, a organizar en los campos la Anarquía."

Fragmento de ‘Carta a un francés’ -Continuación III, 1870-
Mijaíl Bakunin.


   Élisée Reclus (1830-1905) fue un geógrafo francés y miembro de la Primera Internacional. Para Reclus la Anarquía es la máxima expresión del orden de las personas, y éste orden está basado en cosas naturales, sin coacciones ni violencias por medio.

“La Anarquía es la más alta expresión del orden. Para que el socialismo llegue a su perfecta expresión, es preciso que salvaguarde al mismo tiempo los derechos del individuo y los derechos colectivos. El hombre no es un accidente sino un ser libre, necesario y activo, que, ciertamente, se une con sus semejantes pero no se confunde con ellos.”

Fragmento de “Evolución, revolución y anarquismo”
Élisée Reclus.


   Piotr Alekséyevich Kropotkin (1842-1921) fue un geógrafo naturalista y pensador comunista libertario de origen ruso. Su concepción de la Anarquía contempla la semejanza implícita con el desorden (luchas, sacrificios de las personas por revolucionar), entendiéndola como la oposición al orden actual, al que negará en pos de la apertura a la libertad de los individuos.

“Lo que llaman desorden son esas épocas durante las cuales generaciones enteras sostienen luchas incesantes y se sacrifican, preparando a la humanidad para un mundo mejor, librándola de la tiranía y la servidumbre del pasado; son esos períodos durante los cuales el genio popular se desenvuelve y da en pocos años pasos gigantescos sin los que la humanidad no hubiera dejado de ser una bestia envilecida por la tiranía y la miseria. El desorden es el germen de las más hermosas pasiones, de los más grandes heroísmos, es la epopeya del supremo amor a la humanidad. La palabra Anarquía, que implica la negación del orden actual e invoca el recuerdo de los más bellos momentos de la vida de los pueblos, ¿no está bien elegida para calificar a una falange de hombres que va a la conquista de un porvenir de libertad y amor para nuestra especie?”

Fragmento del capítulo ‘El orden’ del libro “Palabras de un Rebelde”
Piotr Kropotkin.


   Johann Most (1846-1906) fue un periodista alemán, anarquista contemporáneo de los teóricos clásicos. Emma Goldman (1869-1940) fue una anarcofeminista libertaria, pionera de la lucha por la emancipación de la mujer y considerada en 1919 por Edgar Hoover, director de la agencia predecesora de la FBI, como “una de las mujeres más peligrosas de América”. Most en conjunto con Goldman publicaron en 1902 el ensayo ‘Anarquía defendida por anarquistas’, con el objetivo de conceptualizar a la Anarquía dejando de lado las falsas caracterizaciones que sufría. En la obra, critican que la sociedad norteamericana piense a la Anarquía como caos y maldad, y a su defecto, la definen como “la unión mediante la ausencia de todo gobierno del hombre por el hombre”, es decir, “la libertad individual perfecta”. Por otro lado, afirman que a la Anarquía no se puede llegar sin utilizar la violencia como medio.

Para la mayor parte de los americanos Anarquía es una mala palabra, otro nombre para la maldad, la perversidad y el caos. Los anarquistas son vistos como un rebaño de despeinados, sucios, viles y rufianes empeñados en asesinar a los ricos y dividir su capital. Sin embargo, Anarquía, para sus seguidores significa la unión mediante la ausencia de todo gobierno del hombre por el hombre; en suma, significa la libertad individual perfecta.

Si hasta el momento el significado de la Anarquía ha sido interpretado como el estado de mayor desorden, es porque han enseñado a la gente que sus asuntos están regulados, que ellos son gobernados sabiamente, y que esa autoridad es una necesidad.” (…) La imagen es una fea caricatura, pero su aceptación general no debe ser sometida a pregunta, considerando como continuamente la idea ha sido martillada en la mente del público. Sin embargo, creemos que la Anarquía -que es la libertad de cada individuo de la coacción dañosa por otros, sea esta por otros individuos o un gobierno organizado- no pueden ser lograda sin la violencia.”

Fragmentos de “Anarquía defendida por anarquistas”
Emma Goldman-Johann Most.


   Errico Malatesta (1853-1932) fue, además de electricista y escritor, el último gran teórico del anarquismo clásico y el mayor exponente italiano. Comprendió a la Anarquía como el modelo social y político que sustituirá al modelo capitalista actual, a su Estado y gobierno. Conceptualmente trató a la Anarquía como la “sociedad sin autoridad”, “ausencia de gobierno” y “ausencia de orden”. ”Anarquía significa sociedad sin autoridad, entendiéndose por autoridad la facultad de imponer la propia voluntad, y no ya el hecho inevitable y benéfico de que quien mejor entienda y sepa hacer una cosa consiga con más facilidad hacer que se acepte su opinión, y sirva de guía, en esa cosa determinada, a aquellos que son menos capaces que él" es una de sus frases célebres sobre la Anarquía.
   Al igual que Emma Goldman y Johann Most, escribió una obra específica sobre la Anarquía, a la que tituló "La Anarquía".

 La palabra Anarquía () porque significa ausencia de gobierno, significará para todos orden natural, armonía de necesidades e intereses de todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo completa.

Si se cree que el gobierno es necesario y que sin gobierno tiene que haber desorden y confusión, es natural y lógico suponer que la Anarquía, que significa la ausencia de gobierno, tiene también que significar la ausencia del orden.”

Fragmentos de “La Anarquía”

Errico Malatesta.

 
   Herbert Read (1893-1968) fue un filósofo político, poeta, novelita y pensador inglés. Para Read, la Anarquía es la paz entre los individuos, mientras que el gobierno es fuerza represiva.

”Paz es Anarquía. Gobierno es fuerza; fuerza es represión, y la represión lleva a la reacción y a las naciones a la guerra. La guerra existirá en tanto exista el Estado. Sólo una sociedad anarquista puede ofrecer las condiciones económicas, éticas y psicológicas bajo las cuales será posible la formación de una mentalidad pacífica”

Fragmento de “Anarquía y orden”
Herbert Read.


Pensadores más importantes del Anarquismo clásico.
 
 

   Por último, y a modo de homenaje a los mártires de Chicago, es menester citar las últimas palabras de uno de los anarquistas caídos.

   Albert Richard Parsons (1848–1887) fue un anarquista y activista sindical, al que se le acusó falsamente (luego de la sentencia, fue comprobado) de haber arrojado una bomba contra la policía durante la Revuelta de Haymarket en 1886. Por este supuesto hecho fue condenado a muerte y finalmente ahorcado el 11 de noviembre de 1887. Previo a su ejecución, y siendo fiel a sus principios, expresó:

Los principios fundamentales de la Anarquía son: abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por el sistema de la libre cooperación universal, único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, mátenme.”

lunes, 27 de julio de 2015

Correspondencia entre Pierre Joseph Proudhon y Karl Marx




   La correspondencia entre estos dos grandes pensadores contemporáneos consta de dos cartas. La primera, enviada por Karl Marx desde Alemania donde le solicita a Proudhon su unión a la red de corresponsales socialistas que incluiría a los países de Alemania, Inglaterra y Francia, con el fin de que éste periódicamente dé a conocer la situación de los conflictos en lucha en territorio francés.

   La segunda trata de la respuesta de Proudhon, donde el anarquista francés hizo hincapié en las diferencias ideológicas y personales que separaban a ambos pensadores, motivos suficientes para luego rechazar la propuesta de Marx.

   Karl Marx no contestó a la respuesta de Proudhon y, desde entonces, se encargó de percibirlo como un enemigo ideológico.

   Carta de Karl Marx a Pierre Joseph Proudhon, fechada el 5 de mayo de 1846.

 Mi querido Proudhon:

"Me había hecho el propósito muchas veces desde que salí de París de escribirle; hasta hoy me lo han impedido circunstancias independientes de mi voluntad. Le ruego crea usted que los únicos motivos de mi silencio son un aumento de trabajo, las molestias de un cambio de domicilio, etcétera.

Y ahora, sobre todo, saltemos “in media res”. Conjuntamente con dos de mis amigos, Federico Engels y Felipe Gigot (los dos en Bruselas), he organizado con los comunistas y socialistas alemanes una correspondencia regular, que deberá ocuparse de la discusión de cuestiones científicas, de la vigilancia de los escritos populares y de la propaganda socialista que se puede hacer en Alemania por ese medio. El propósito principal de nuestra correspondencia será, sin embargo, el de poner a los socialistas alemanes en relación con los socialistas franceses e ingleses, de informar a los extranjeros sobre los movimientos socialistas en Alemania y de informar a los alemanes en Alemania sobre los progresos del socialismo en Francia y en Inglaterra. De esta manera, las diferencias de opinión se podrán manifestar; se llegará a un cambio de ideas y a una crítica imparcial. He ahí un paso que había dado el movimiento social en su expresión “literaria”, a fin de liberarse de los límites de la «nacionalidad». Y, en el momento de la acción, es ciertamente de un gran interés para cada uno estar informado del estado de cosas en el extranjero como en su casa.
Además de los comunistas en Alemania, nuestra correspondencia comprenderá también a los socialistas alemanes en París v Londres. Están ya establecidas nuestras relaciones con Inglaterra; en lo que se refiere a Francia, todos pensamos que no podemos encontrar mejor corresponsal que usted; usted sabe que los ingleses y los alemanes hasta hoy le han apreciado mejor que sus propios compatriotas.

Pero ya ve usted que se trata únicamente de crear una correspondencia regular y de asegurarle los medios de .proseguir el movimiento social en los diferentes países: de llegar a un interés rico y variado como nunca podría realizarlo el trabajo de uno solo. .

Si quiere aceptar nuestra propuesta, los gastos de importe de las cartas que le serán enviadas, así como de las que nos mandará, serán sufragados aquí; las colectas que se hacen en Alemania serán destinadas a cubrir los gastos de correspondencia.

La dirección a la cual escribirá aquí es la del señor Felipe Gigot, 8 calle Bodenbrock. Es él quien tendrá también la firma de las cartas de Bruselas. .
No tengo necesidad de añadir que toda esa correspondencia exige por su parte el secreto más absoluto; en Alemania nuestros amigos deben trabajar con la mayor circunspección para no comprometerse. . Conteste muy pronto y crea en la amistad bien sincera de su adicto."

Karl Marx


P.D.: "Le denuncio al señor Grün, en París. Este hombre es un petardista literario, una especie de charlatán que quisiera hacer el comercio de ideas modernas. Trata de encubrir su ignorancia con frases pomposas y arrogantes, pero se ha hecho ridículo con su galimatías. Además, este hombre es peligroso. Abusa de las relaciones que ha establecido con autores conocidos, gracias a su impertinencia, para hacerse con ellos un pedestal y comprometerlos ante el público alemán.
En su libro sobre los socialistas franceses tiene la audacia de llamarse el profesor de Proudhon, pretende haberle revelado los axiomas importantes de la ciencia alemana y se burla de sus escritos. Quizá le hablaré más tarde de este individuo. Aprovecho con placer la ocasión que tengo con esta carta para decirle cuánto me es agradable entrar en relación con un hombre tan distinguido como usted. Entre tanto permítame decirme su adicto."

Felipe Gigot


"En cuanto a mí, sólo puedo asegurarle que usted, señor Proudhon, aprobará el proyecto que acabamos de presentarle y que tendrá la complacencia de no negarnos su colaboración.
Le expreso el profundo respeto que sus escritos me han inspirado por usted, y soy su bien adicto",
Federico Engels
   Respuesta de Pierre Joseph Proudhon a Karl Marx, con fecha del 17 de mayo de 1846 en Lyon, Francia.


Mi querido señor Marx:

"Acepto de buen grado hacerme uno de los colaboradores de su correspondencia, cuyo propósito y organización me parecen ser muy útiles. No le prometo, sin embargo, escribirle mucho o con frecuencia; mis ocupaciones de toda naturaleza, junto a mi pereza natural, no me permiten estos esfuerzos epistolares. Tomaré también la libertad de hacer algunas reservas, que me son inspiradas por algunos trozos de su carta.
Ante todo, a pesar de que mis ideas sobre organización y realización estén en este momento completamente precisadas, por lo menos en lo que concierne a los principios, pienso que es mi deber, que es el deber de todo socialista, conservar aún por algún tiempo la forma antigua o dubitativa en una palabra, profeso con el público un antidogmatismo económico casi absoluto.
Busquemos juntos, si usted quiere, las leyes de la sociedad; las formas en que esas leyes se realizan; el proceso según el cual llegamos a descubrirlas; pero, ¡por Dios!, después de haber derribado todos los dogmatismos “a priori” no pensemos en doctrinar al pueblo a nuestro modo; no caigamos en la contradicción de su compatriota Martín Lutero, quien después de haber derribado la teología católica, se consagró enseguida, con la ayuda de excomuniones y anatemas, a fundar una teología protestante.
Desde hace tres siglos, Alemania no está ocupada más que en destruir la “revocadura” o renovación del señor Lutero; no preparemos para el género humano una nueva tarea con nuevos atolladeros. Aplaudo con todo mi corazón su idea de publicar un día todas las opiniones; hagamos una buena y leal polémica; demos al mundo el ejemplo de una tolerancia sabia y previsora; pero, por estar a la cabeza del movimiento, no nos hagamos los jefes de una nueva religión,' aunque fuera esa religión la religión de la lógica, la religión de la razón. Recibamos, animemos todas las protestas, condenemos todas las exclusiones, todos los misticismos; no consideremos jamás una cuestión agotada y cuando hayamos utilizado hasta nuestro último argumento, empecemos de nuevo, si es necesario, con elocuencia e ironía. Con esta condición entraré con placer en su asociación; si no, no.

Tengo también que hacerle algunas observaciones sobre estas palabras de su carta: “En el momento de la acción”. Quizás conserve usted aún la opinión de que ninguna reforma es posible actualmente sin un golpe de fuerza; sin lo que se llamaba antaño una revolución y que no es más que un bamboleo. Esa opinión que concibo, que excuso, que discutiría de buena gana por haberla tenido mucho tiempo yo mismo, le confieso que mis últimos estudios me han hecho rectificar completamente.

Creo que no necesitamos de ello para triunfar y que, por consiguiente, no debemos fijar la acción revolucionaria como medio de reforma social, porque ese pretendido medio sería simplemente una llamada a la fuerza, a lo arbitrario, concretamente una contradicción. Para mí el problema es así: hacer entrar en la sociedad, por una combinación económica, las riquezas que han salido por otra combinación económica. En otros términos, transformar en Economía política la teoría de la propiedad contra la propiedad, con el fin de engendrar 10 que vosotros, socialistas alemanes, llamáis comunidad y que me limitaré por el momento a llamar libertad, igualdad. Pienso conocer el medio de resolver, en breve plazo, ese problema; prefiero, pues, hacer arder la propiedad a fuego lento, más bien que darle una nueva fuerza al hacer un San Bartalomé de los propietarios.

Mi próxima obra, que en este momento está a la mitad de su impresión, le dirá más sobre ello.

He aquí, mi querido filósofo, donde estoy por el momento. Salvo que me engañe y, si es necesario, reciba la férula de su mano, a que me someto de buen grado, esperando mi desquite. Tengo que decirle de paso que tales me parecen ser también las disposiciones de la clase obrera de Francia. Nuestros proletarios tienen una sed tan grande de ciencia, que recibirían muy mal a quien le presentara nada más que sangre para beber. En resumen, sería, a mi parecer, una mala política para nosotros hablar como exterminadores; los medios de rigor estarían prestos; el pueblo no necesita para ello ninguna exhortación.
Deploro sinceramente las pequeñas divisiones que, según parece, existen ya en el socialismo alemán y de las cuales sus quejas contra el señor G..., me ofrecen la prueba. Temo que tenga de este escritor una idea falsa. Invoco, mi querido señor Marx, su sentido razonable. G... se encuentra exiliado, sin fortuna, con una mujer y dos niños, teniendo para vivir nada más que su pluma. ¿Qué quiere que explote para vivir sino las ideas modernas? Comprendo su ira filosófica y reconozco que la santa palabra de la Humanidad nunca debiera ser materia para un tráfico; pero no quiero ver aquí más que la desgracia, la gran necesidad, y disculpo al hombre. iAh!, si todos fuéramos millonarios, las cosas andarían mejor; seríamos santos y ángeles. Pero hay que vivir y usted sabe que esa palabra no expresa aún, ni mucho menos, la idea que da la teoría pura de la asociación. Hay que vivir, es decir, comprar pan, leña, carne, pagar a un dueño de casa; v. a fe mía, el que vende ideas sociales no es más indigno que el que vende sermones. Ignoro completamente si G... se ha dado él mismo como mi preceptor. ¿Preceptor de qué? Sólo me ocupo de Economía política, cosa sobre la que él no conoce casi nada; considero la literatura como un juego de niños y en 10 que se refiere a la filosofía, sé bastante para tener el derecho de burlarme de ella cuando llega el caso. G... no me ha revelado nada; si lo ha dicho, ha dicho una impertinencia de la cual estoy seguro que se arrepiente.
Lo que sí sé, y que estimo más que condeno -un pequeño acceso de vanidad-, es que debo al señor G..., así como a su amigo Ewerbeck, el conocer las obras de usted, mi querido señor Marx, y las del señor Engels, y del libro tan importante de Feuerbach. Estos señores, a ruego mío, han hecho algunos análisis para mí en francés (ya que tengo la desgracia de no leer alemán) de las publicaciones sociales más importantes. Y es por solicitud suya por 10 que debo insertar (10 que hubiese hecho por sí mismo, además) en mi próxima obra una mención de las obras de los Señores Marx, Engels, Feuerbach, etc. En fin, G... y Ewerbeck trabajan en conservar el fuego sagrado en los alemanes residentes en París, y el respeto que tienen para estos señores los obreros que los consultan me parece una garantía segura de la rectitud de sus intenciones.

Tendría placer, mi querido Marx, en verle rectificar una opinión provocada por un momento de irritación, porque estaba enfadado al escribirme. G... me ha manifestado el deseo de traducir mi obra actual; he comprendido que esa traducción, pasando antes de otras, le procuraría algún socorro; pues le estaría muy agradecido a usted como a sus amigos, no por mí, sino por él, que le prestara su apoyo en esta ocasión, contribuyendo a la venta de un escrito que podría, sin duda, con la ayuda de usted, procurarle más provecho que a mí.

Si me quisiera dar la promesa de su colaboración, mi querido señor Marx, yo mandaría inmediatamente mis pruebas al señor G... y pienso, no obstante sus agravios personales, de los cuales no quiero ser juez, que esa conducta nos honraría a todos."
Mil amistades a sus amigos, señores Engels y Gigot.
Su bien adicto,
P. J. Proudhon