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domingo, 23 de octubre de 2016

Carta a los anarquistas españoles




29 de Abril de 1931




Queridos compañeros Carbó y Pestaña:



Trasmitid a nuestros amigos y compañeros españoles y, a través de ellos, a todos los trabajadores, mis ánimos para que no desfallezcan en el proceso revolucionario iniciado, así como para que se apresuren a unirse en torno a un programa práctico, trazado en un sentido libertario. Se debe evitar a toda costa la ralentización de la acción revolucionaria de las masas. Por el contrario, debemos esforzarnos por ayudarlas a presionar (mediante la fuerza si fuera preciso) al actual gobierno republicano, que está obstaculizando y desviando la revolución con sus absurdos decretos, para que desista de tales esfuerzos dañinos.

El proletariado español (obreros, campesinos y trabajadores intelectuales) debe unirse y desplegar la mayor energía revolucionaria para dar lugar a una situación en la que la burguesía no tenga oportunidad para oponerse a la conquista de la tierra, las fábricas y de las libertades completas; situación que cada vez sería más amplia e irreversible. Es crucial aplicar todas las energías para garantizar que los trabajadores españoles entiendan y tengan en cuenta que si permanecieran inactivos y limitándose únicamente a aprobar resoluciones sin ningún buen resultado, estarían haciéndole el juego a los enemigos de la revolución, dejándoles ir a la ofensiva, dándoles tiempo y, como corolario, dejándoles sofocar la revolución en marcha.

A tal fin, se hace necesaria la agrupación de las fuerzas anarquistas, especialmente con la fundación de un gran Sindicato del Campo que debería federarse en la Confederación Nacional del Trabajo y dentro del cual los anarquistas deberían trabajar denodadamente. Es también de vital importancia que ayuden a los trabajadores a instaurar, en su momento, órganos de autogestión económica y social, así como fuerzas armadas para la defensa de las conquistas sociales revolucionarias que inevitablemente serán impuestas una vez que se hayan hecho con el control de la situación y roto con las cadenas de su esclavitud. Sólo de este modo y mediante tales métodos de acción social las masas revolucionarias serán capaces de golpear mientras el hierro está caliente contra todo intento de un nuevo sistema de explotación por descarrilar la revolución en curso.

A mi parecer, la federación anarquista y la Confederación Nacional del Trabajo deben considerar esta cuestión seriamente. A tal fin, deben formar grupos de acción en cada localidad. Del mismo modo, no deben temer a asumir en sus manos la dirección estratégica, organizativa y teórica del movimiento popular. Obviamente deben evitar unirse con los partidos políticos en general y con los bolcheviques en particular, ya que imagino que los bolcheviques españoles serán buenos imitadores de sus colegas rusos. Seguirán los pasos del jesuita Lenin o incluso los de Stalin, no dudando en establecer su monopolio sobre todos los resortes de la revolución, de cara a establecer el poder de su partido sobre el territorio, los efectos de lo cual nos son familiares por el vergonzoso ejemplo de Rusia: el silenciamiento de todas las tendencias revolucionarias y el fin de la independencia de las organizaciones de los trabajadores. Ya que se ven a ellos mismos como dueños absolutos del poder y en posición de controlar todas las libertades y derechos de la revolución. De modo que inevitablemente traicionarán tanto a sus aliados como a la propia causa revolucionaria.

La causa de la revolución española es la causa de todos los trabajadores del mundo y en esta tarea es imposible trabajar conjuntamente con el partido que, en nombre de su dictadura, no tendría ningún reparo en burlar al pueblo y concentrar en sus manos todos los resortes revolucionarios, para emerger como los peores déspotas y enemigos de la libertad y las conquistas del pueblo.

Que la experiencia de Rusia sea un aviso para vosotros. ¡Ojalá que la desgracia del bolchevismo ruso nunca arraigue en el suelo revolucionario de España!


¡Larga vida a la unión de los obreros, campesinos y trabajadores intelectuales de toda España!


¡Larga vida a la revolución española, que se dirige hacia un nuevo mundo de cada vez mayores conquistas emancipadoras bajo la bandera del anarquismo!


Con mis mejores deseos fraternales.



Nestor Makhnó




(*) Carta publicada en Probuzhdeniye, N°23-27, Junio-Octubre de 1932, pp. 77-78.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Segunda carta de Piotr Kropotkin a Vladimir Illich Lenin




Dmitrov, 21 de diciembre de 1920.


Respetable Vladimir Illich:


Ha aparecido la noticia, en los diarios Izvestia y Pravda que da a conocer la decisión del gobierno soviético de tomar como rehenes a algunos miembros de los grupos de Savinkov y Cherkov del partido socialdemócrata, del centro táctico nacionalista de los guardias blancos, y a oficiales de Wrangel, para que, en caso de que sea cometido un intento de asesinato contra 108 líderes de los soviets, sean "exterminados sin piedad" tales rehenes.

¿Es que realmente no hay nadie cerca de usted que recuerde a sus camaradas y les persuada de que tales medidas representan un retorno al peor perfodo de la Edad Media y de las guerras religiosas, y es totalmente decepcionante de gente que se ha echado a cuestas la creación de la sociedad en consonancia con los principios comunistas? Cualquier persona que ame el futuro del comunismo no puede lanzarse a lograrlo con tales medidas.

¿Es posible que nadie le haya explicado lo que realmente es un rehén? Un rehén es aprisionado no por castigo a algún crimen. Es detenido para chantajear al enemigo con su muerte. "Si ustedes matan a uno de los nuestros, nosotros mataremos a uno de los suyos". Pero, ¿no es esto la misma cosa que conducir al prisionero cada mañana hasta el cadalso y regresarlo a la celda, diciéndole: "Espera un poco más, todavía no"?

¿Y no comprenden sus camaradas que esto es equivalente a una restauración de la tortura para los rehenes y sus familias?

Espero que nadie me diga que la gente en el poder se interesa tan poco por las vidas. Hoy en cita aún entre los reyes hay algunas personas que contemplan la posibilidad del asesinato como una "ocupación azarosa". Y los revolucionarios, por su lado, asumen la responsabilidad de defenderse a sí mismos ante las Cortes que atentan contra su vida. Luisa Michel eligió este camino. O rechazan el juicio y son perseguidos, como Malatesta y Voltairine de Cleyre.

Aún los reyes y los papas han rechazado tan bárbaro método de autodefensa como lo es el de tomar rehenes. ¡Cómo pueden los apóstoles de una nueva vida, y los arquitectos de un nuevo orden social dotarse de tales medios de defensa contra sus enemigos! ¿Tendrá que considerarse esto como un signo de que ustedes consideran su experimento comunista fallido y que no están salvando tanto a ese sistema tan querido para ustedes, sino salvándose ustedes mismos?

¿No se dan cuenta sus camaradas de que ustedes, comunistas, a pesar de los errores que hayan cometido están trabajando para el futuro, y que por lo mismo, no debían realizar su trabajo en forma tan cercana a lo que fue el terror primitivo? Ustedes deberían saber que precisamente estos actos, realizados por revolucionarios en el pasado, han hecho de las nuevas realizaciones comunistas algo tan difícil de lograr.

Pienso que deben tomar en cuenta que el futuro del comunismo es más precioso que sus propias vidas. Y me alegraría que con sus reflexiones renuncien a este tipo de medidas.

Con todo y estas muy serias deficiencias, la revolución de Octubre ha traído un enorme progreso. Ha demostrado que la revolución social no es imposible, cosa que la gente de Europa Occidental ya habla empezado a pensar, y que a pesar de sus defectos está trayendo algún progreso en dirección a la igualdad.

¿Por qué entonces golpear a la revolución empujándola a un camino que la lleva a su destrucción, sobre todo por defectos que no son inherentes al socialismo o al comunismo, sino que representa la sobrevivencia del viejo orden y de los antiguos efectos destructivos de la omnívora autoridad ilimitada?


Con camaradería y afecto.

Piotr Kropotkin


sábado, 27 de agosto de 2016

Primera carta de Piotr Kropotkin a Vladimir Illich Lenin




Dmitrov, 4 de Marzo de 1920.


Estimado Vladimir Illich Lenin:


Bastantes empleados del Departamento Postal y Telegráfico han venido a mí con la petición de que ponga a su atención la información sobre su desesperada situación. Puesto que este problema no sólo concierne al Comisariado de Correos y Telégrafos únicamente, sino también a la condición general de la vida cotidiana en Rusia, me he apresurado a transmitir su demanda.

Usted sabe, por supuesto, que vivir en el Distrito de Dmitrov con el salarlo que estos empleados reciben es absolutamente imposible. Es imposible siquiera comprar un kilo de papas con él; sé de ésto por mi experiencia personal. A cambio, ellos piden jabón y sal de los que no hay nada. Desde que el precio de la harina subió, es imposible comprar ocho libras de grano y cinco libras de trigo.

Resumiendo, sin recibir provisiones, los empleados están condenados a una muy real hambruna. Entre tanto, paralelamente al alza de precios, las magras provisiones que los empleados de Correo y Telégrafo han recibido del Centro de Abastecimiento del Comisariado de Correo y Telégrafo, mismas que fueron acordadas en referencia al decreto del 15 de agosto de 1918: ocho libras de trigo por empleado y cinco libras más por cada miembro de la familia incapaz de trabajar, no han sido enviadas de dos meses a la fecha. Los centros locales de abasto no pueden distribuir sus provisiones, y la petición que los cientoveinticinco empleados del área de Dmitrov han hecho a Moscú, continúa sin respuesta. Hace un mes, uno de los empleados le escribió a usted personalmente, pero hasta ahora no ha recibido respuesta.

Considero un deber el dar testimonio de que la situación de estos empleados es verdaderamente desesperada. Eso es obvio al ver sus rostros. Muchos se están preparando para dejar su hogar sin saber a dónde ir. Y entre tanto, es justicia señalar que realizan su trabajo conscientemente; se han familiarizado con su trabajo, y perder tales trabajadores no será útil para la vida de la comunidad local en ningún aspecto. Sólo añadiré que todas las categorías de empleados soviéticos en otras ramas del trabajo se encuentran en la misma desesperada situación.

En conclusión, no pude evitar mencionar algunos aspectos de la situación general al escribirle. Vivir en un gran centro como Moscú imposibilita conocer las verdaderas condiciones del país. El conocer verdaderamente las experiencias comunes implica que uno viva en las provincias, en contacto directo y cerca de la vida cotidiana con las necesidades y los infortunios de los famélicos adultos y niños que se acercan a las oficinas a demandar siquiera el permiso para poder adquirir una lámpara barata de queroseno. No tienen solución todas estas desventuras para nosotros ahora.

Es necesario acelerar la transición a condiciones más normales de vida. Nosotros no continuaremos de esta manera por mucho tiempo; vamos hacia una catástrofe sangrienta.
Una cosa es indiscutible. Aún si la dictadura del proletariado fuera un medio apropiado para enfrentar y poder derruir al sistema capitalista, lo que yo dudo profundamente, es definitivamente negativo, inadecuado para la creación de un nuevo sistema socialista. Lo que si es necesario son instituciones locales, fuerzas locales; pero no las hay, por ninguna parte. En vez de eso, dondequiera que uno voltea la cabeza hay gente que nunca ha sabido nada de la vida real, que está cometiendo los más graves errores por los que se ha pagado un precio de miles de vidas y la ruina de distritos enteros.

Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización desde abajo de los campesinos y de los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida.
Pareció que los soviets iban a servir precisamente para cumplir esta función de crear una organización desde abajo. Pero Rusia se ha convertido en una República Soviética sólo de nombre. La influencia dirigente del "partido" sobre la gente, "partido" que está principalmente constituido por los recién llegados -pues los ideólogos comunistas están sobre todo en las grandes ciudades-, ha destruido ya la influencia y energía constructiva que tenían los soviets, esa promisoria institución. En el momento actual, son los comités del partido, y no los soviets, quienes llevan la dirección en Rusia. Y su organización sufre los defectos de toda organización burocrática.

Para poder salir de este desorden mantenido, Rusia debe retomar todo el genio creativo de las fuerzas locales de cada comunidad, las que, según yo lo veo, pueden ser un factor en la construcción de la nueva vida. Y cuando más pronto la necesidad de retomar este camino sea comprendida, cuanto mejor ser~ La gente estará entonces dispuesta y gustosa a aceptar nuevas formas sociales de vida. Si la situación presente continúa, aún la palabra "socialismo" será convertida en una maldición. Esto fue lo que pasó con la concepción de "igualdad" en Francia durante los cuarenta años después de la dirección de los jacobinos.


Con camaradería y afecto.

Piotr Kropotkin


miércoles, 6 de julio de 2016

Carta de Mijaíl Bakunin a Rubicone Nabruzzi



23 de Julio de 1872



Marx es un comunista autoritario y centralista. Quiere lo que nosotros queremos: el triunfo de la igualdad económica y social, pero en el Estado y por la fuerza del Estado; por la dictadura de un gobierno provisional poderoso y, por así decirlo, despótico, esto es, por la negación de la libertad. Su ideal económico es el Estado convertido en el único propietario de la tierra y de todos los capitales (…)

Nosotros queremos ese mismo triunfo de la igualdad económica y social por la abolición del Estado y de todo cuanto se llame derecho jurídico que, según nosotros, es la negación permanente del derecho humano. Queremos la reconstitución de la sociedad y la constitución de la unidad humana, no de arriba abajo por la vía de cualquier autoridad, sino de abajo arriba, por la libre federación de las asociaciones obreras de toda clase emancipadas del yugo del Estado.

Hay otra diferencia, esta vez muy personal entre él y nosotros, enemigos de todo absolutismo, tanto doctrinario como práctico, nosotros nos inclinamos con respeto no ante las teorías que no podemos aceptar como verdaderas, sino ante el derecho de cada cual a seguir y propagar las suyas. (…) No es éste el talante de Marx. Es tan absoluto en las teorías, cuando puede, como en la práctica. A su inteligencia, verdaderamente eminente, une dos detestables defectos: es vanidoso y celoso.


Karl Marx (Izquierda) - Mijaíl Bakunin (Derecha)

domingo, 19 de junio de 2016

Carta de Nicola Sacco a su hijo Dante




Mi querido hijo y compañero:



Desde el día que te vi por última vez pensé escribirte esta carta, pero mi prolongado ayuno y el pensamiento de no poderme expresar como era mi deseo, me han hecho esperar hasta hoy.

El otro día, apenas cese la huelga de hambre, mi pensamiento voló a ti y quise escribirte en seguida, pero advertí que mis fuerzas físicas no eran suficientes y que no estaba en condiciones de readquirirlas en un momento, debí, por lo tanto, suspenderla. Mas es necesario acabar antes de que nos conduzcan de nuevo a la celda de la muerte. Es mi opinión que, apenas la Corte Suprema deniegue la revisión del proceso, nos conducirán al triste lugar, y el lunes, si nada ocurre, nos matarán apenas haya sonado la media noche.

Heme aquí, pues, enteramente sólo contigo, con toda la fuerza de mi amor, para abrirte los tesoros de mi pobre corazón.

¡Nunca hubiera pensado que nuestro inseparable amor pudiera acabar tan trágicamente! Pero estos siete años de dolor me dicen que esto se ha hecho posible.

Empero, esta nuestra forzada separación no ha cambiado en un ápice nuestro afecto, que permanece más sólido y vivo que nunca. Más bien, si esto es posible, se ha agigantado más aún.

Esto no solamente es un gran modo de proceder en la vida, sino también la confirmación de un hecho: que el verdadero amor fraterno no sólo se muestra en los momentos de alegría y placer, sino más aún en los momentos de lucha y de sufrimiento.



Recuérdalo, Dante.


Nosotros lo hemos demostrado y, modestia aparte, nos sentimos orgullosos de ello.

Mucho hemos sufrido en nuestro largo calvario. Nosotros protestamos hoy, como hemos protestado ayer, y protestaremos siempre por nuestra libertad.

Si desistí de la huelga de hambre fue porque ya no quedaba en mí, sombra alguna de vida, y yo había escogido esa forma de protestar para reclamar la vida y no la muerte.

Mi sacrificio estaba animado por el deseo vivísimo que había en mí de volver a estrechar entre mis brazos a tu pequeña hermanita querida Inés, a tu madre, a ti y a todos mis amados compañeros y amigos. Por esto, hijo, vuelve ahora la vida, calma y tranquila, a reanimar mi pobre cuerpo, aunque el espíritu permanezca sin horizontes y siempre como perdido entre tétricas, sombrías, visiones de muerte.

Y bien, querido muchachito mío, después de haberme hablado tu madre tantas veces de ti y de haberte visto en mis sueños días y noches, fue alegría inefable la de volverte a ver, estrecharte entre mis brazos y hablar contigo como solía hacerlo otros días… aquellos días…

Mucho te dije en esta ocasión y mucho deseaba decirte aún; pero vi que eras siempre el amoroso muchacho de aquel entonces… que eras bueno con tu mamá, que tanto te ama, y no quise herir más largamente tu sensibilidad, porque estoy seguro que continuarás siendo el noble y buen joven que eres ahora y recordarás para siempre cuanto te dije.

Yo estoy tan seguro de esto como de que lo que voy a decirte ahora hará vibrar tu pobre corazón; pero no llores, Dante, porque muchas lágrimas ya han sido derramadas en vano -tu madre las ha derramado durante siete años, inútilmente. Por eso, hijo, en vez de llorar, hazte fuerte para poder estar en condiciones de confortar a tu pobre madre.

Te diré ahora lo que yo solía hacer cuando quería distraer a tu madre de algún triste pensamiento, para que tú puedas repetirlo cuando sea necesario. Íbamos de la mano, en un largo paseo a través de los campos al aire libre y bajo el sol radiante; recogía a mi paso flores silvestres de un lado y de otro, y se las ofrecía, y cuando la advertía cansada, la hacía sentar a la sombra de algún árbol, y ahí, en la viva y dulce armonía de madre natura, ella lo olvidaba todo y era feliz, tan feliz…

Recuerda, también esto, hijo mío. No olvides jamás, Dante, cuantas veces seas feliz en la vida, de no ser egoísta; comparte siempre tu dicha con los más infelices, más pobres y más débiles que tú, y no seas sordo nunca hacia quienes reclaman socorro.

Ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque ellos serán tus mejores amigos; ellos son los compañeros que luchan y caen como tu padre y Bartolomeo, que lucharon y hoy caen por haber reclamado felicidad y libertad para todos los pobres y harapientas muchedumbres del trabajo.

En esta lucha por la vida hallaras alegría y satisfacción y serás amado por tus semejantes.

Por todo lo que tu madre me informa acerca de cuanto has dicho y hecho en estos últimos días de atroz agonía sufridos por mí en la celda de muerte, yo estoy seguro de que serás un día el joven por mí soñado tantas veces, y esta certeza me hace casi feliz.

Nadie puede saber o decir lo que será de nosotros mañana, pero si nos matan tu no deberás olvidar jamás de mirar a tus amigos y compañeros con la misma sonrisa jovial sobre los labios con que miras a tus más íntimos afectos, porque ellos te aman con el mismo amor de que rodean a todos los demás infortunados y perseguidos compañeros.

Y esto te lo dice tu padre, tu padre que lo es todo para ti; tu padre que los ama como los ama, que sabe y conoce la nobleza de su fe -que es la mía, Dante-, los supremos sacrificios que ellos afrontan todavía por nuestra libertad, porque yo he combatido a su lado, ellos son los que nos hacen vivir en el corazón una esperanza todavía. Solamente ellos podrán evitar nuestra electrocución. Esta es la lucha, la guerra entre los ricos y los pobres, por la salvación y la libertad que tú, hijo mío, comprenderás mejor cuando seas mayor, en toda su grandiosidad y nobleza.

Pensaba continuamente en ti, Dante mío, en los tristes días transcurridos en la celda de la muerte. El canto, las tiernas voces de los niños que llegaban hasta mí del vecino jardín de juego donde brincaba la vida y la alegría sin afanes -solamente a pocos pasos de distancia de los muros que aprisionan en una atroz agonía a tres almas en pena- todo me hacía pensar insistentemente en tí y en Inés, y os deseaba tanto, tanto, ¡oh, hijos míos! …

Más luego pensé que fue mejor que no hayas venido a verme en esos días, porque te hubieras encontrado en la celda de la muerte, en presencia del cuadro espantoso de tres hombres en agonía, en espera de ser muertos, y quien sabe qué efecto hubiera podido producir en tu mente tan trágica visión, y que influencia hubiera podido tener en el futuro.

Por otra parte si tu no fueses un muchacho demasiado sensible, tal visión hubiera podido serte útil cuando, más adelante, pudieras recordarla para decir al mundo toda la vergüenza de este siglo que está encerrada en esa forma cruel de persecución y de infame muerte.

Sí, Dante mío, podrán muy bien crucificar nuestros cuerpos, como ya lo hacen desde siete años, pero no podrán destruir jamás nuestras ideas, que permanecerán aún más bellas para las generaciones futuras.

Dante, cuando me refería a tres vidas, quería decirte que con nosotros está otro joven, Celestino Madeiros, que será muerto junto con nosotros. Él ya ha estado otras dos veces en la horrible celda de muerte -que debe ser destruida con la piqueta del progreso- esa horrible celda que deshonra al Estado de Massachussets. Se debería destruir esas celdas, para levantar en su lugar fábricas y escuelas para enseñar lo útil y lo bueno a centenares de niños.

Dante, te exhorto una vez más a ser bueno y a amar con todo tu afecto a tu madre en estos tristes días, y yo moriré seguro que con todos tus cuidados y tus afectos ella será menos infeliz. Y no dejes de conservar un poco de tu amor para mí, hijo, porque yo te amo tanto, tanto…

Mis más fraternos saludos para todos los buenos amigos y compañeros.

Afectuosos besos para la pequeña Inés, para mamá, y para ti un abrazo de corazón de tu padre y compañero.


Nicola Sacco



P.D. Bartolomeo te envía también sus cariñosos saludos. Espero que tu madre te ayudará a comprender esta carta, ya que no he podido escribir mejor y de manera más clara, porque no me siento lo bastante bien, y estoy débil, tan débil… ¡Adiós!


lunes, 13 de junio de 2016

Una experiencia en camaradería amorosa



A continuación se presentan extractos de dos cartas enviadas al teórico anarquista Émile Armand (1872-1962), desde las afueras de París en junio de 1924 y publicadas tiempo después en L’en dehors, números 44 y 83. Una de ellas estaba firmada por una compañera del Grupo ‘Atlantis’”. Con respecto a este misterioso grupo, cuya denominación aparece entrecomillada en el famoso libro ‘La camaradería amorosa’ (1934), Armand sólo dice: “Razones sobre las que no nos es dable extendernos hacen que esta agrupación, cuya actividad es clandestina, esté obligada para subsistir a mantener el más estricto incógnito”.



Extractos de cartas del Grupo Atlantis a Émile Armand.

París, 29 de Junio de 1924.


“Cierta estoy que has de leer con interés la narración de una partida de campo organizada por nuestro grupo ‘Atlantis’. Para ello nos habíamos inspirado en ciertas ideas de tu gusto, al menos así lo creo. Ha sido una de nuestras salidas que mejor acierto han tenido.

“Se había convenido que los que en ella participaran se des­pojarían de sus ropas una vez llegados al lugar de la cita. La ropa para nosotros es un símbolo de virtud, como ya tú sabes. Así, como dice Fritz Oerter en Nacktheit und Anarchismus (‘Desnudez y anarquismo’), “el hombre absoluto es el hombre desnudo, sin vestido ni envoltorio, sin ‘aderezo’, para decir mejor, y también sin prejuicios y exento de esmeros artificiales”. Fuera de eso, qué consuelo pasearse, correr o quedar extendidos, desnudos, en pleno sol, los cuerpos acariciados por la brisa estival, cinco leguas distantes de toda civilización... Imagínate un cielo azul; el bosque, legua y media, extenso poco más o menos, y alrededor del claro en que estábamos reunidos, la espesura, árboles y más árboles. ¡Qué fascinación!

“Acordamos que ninguno de los de la partida se sintiera privado de comida. Nuestro egoísmo individualista no hubiera tolerado que en este día hubiera habido más o menos favorecidos con relación al alimento. Hemos puesto así completamente en común cuanta comida y bebida hemos llevado...

“Nos las arreglamos también porque durante este hermoso día hubiera recreaciones para todos los temperamentos, para todas las edades, para todas las actitudes. Tuvimos música, canto y baile, y el eco de nuestros instrumentos y de nuestros cantos nos acariciaba deliciosamente. Camaradas expertos en la materia habían organizado juegos que requieren agilidad y vigor; otros, únicamente soltura de las facultades cerebrales.


Allí había para todos los gustos y cada cual encontró según su agrado. Algunos compañeros volvieron de una pequeña excursión a un bosque vecino, trayéndonos toda clase de notas sobre las avispas, los avisperos, su miel, etc., afirmando que ciertas de sus observaciones eran inéditas. Yo soy poco competente en esta materia para emitir una apreciación.

“También quisimos que durante esta partida nadie que quisiera pudiera encontrarse sin afección. Y se convino asimismo -en honor a la variedad- que, hasta el otro día por la mañana, todos los participantes escogieran un compañero o compañera que no fuera el habitual, una vez llegados al lugar de la reunión. Aquellos que no pudieran elegir, se echarían a suertes. Naturalmente, se tomó de antemano la precaución de que hubiera un número igual de compañeras que de compañeros, pudiendo así formar los grupos de afinidad que se quería. Pues bien: de treinta y nueve parejas de todas las edades, veintidós echaron a suertes, queriendo mostrar con ello, creo yo, que lo que les importaba era la realización de la idea de que ninguno de los participantes se encontrase en este día privado de afección.

“En cuanto a los niños, se pensó igualmente con anterioridad que quedarían en compañía de quien les agradase; escogerían los juegos que más les gustasen, y se recrearían a su manera, sin tener que temer las advertencias de “no sean malos” o “esténse quietos”. Ni siquiera uno faltaba a la vuelta del otro día por la mañana.

“Estamos completamente de acuerdo contigo de que la extensión y la abundancia de la camaradería amorosa es un factor de compañerismo más efectivo, más productivo, más general. A pesar de las numerosas dificultades a las que hemos debido hacer cara a lo largo de estos últimos años, tenemos diariamente la prueba de que esto es verdad.

“Desde hace dos años hemos añadido al cambio de los compañeros y compañeras el de los niños, porque creemos que, al vivir juntos bajo un mismo techo, sin cambiar de aire (en lo moral y sexual), las facultades de iniciativa, de observación, de diferenciación de los temperamentos individuales se atrofian, se enmohecen, se embotan. Hay ventaja en el cambio de medio familiar para los chicos y los camaradas; se ve mejor nuestro yo, se cesa de reflejar e imitar servilmente a aquellos con quienes se vive.

“He aquí cómo procedemos. Entre camaradas seguros unos de otros, se da a conocer que determinada compañera, compañero o chico desearían cambiar de conjunto por un mes, dos, tres meses, a veces más. Los cambios se establecen. Ana va a casa de Pedro con sus hijos haciéndose compañera de él por un cierto tiempo, en tanto que Jacinta se va a casa de Pablo, com­pañero habitual de Ana, con sus hijos igualmente, siendo su compañera durante todo el tiempo en que Ana permanece en casa de Pedro. Los chicos de Simón van por seis meses a casa de Manuel y los chicos de éste, a cambio, van seis meses a casa de Simón... Últimamente una compañera, Lucía, ha pasado todo el verano en casa de uno de nuestros buenos amigos, a unos setecientos kilómetros de aquí. Jamás se habían visto y para que ella fuera reemplazada, las dos hermanas de él vinieron a cohabitar con el camarada de quien L... se separaba durante una temporada. Tanto unos como otros se dijeron “encantados”, y esto es lo principal. Estoy segura que, generalizando este método, llegaríamos a una camaradería práctica enteramente diferente de la forma de enlace caprichosa o exclusiva que en Occidente se decora con el nombre de “camaradería”.

“¡Y qué alegría cuando nos viene la noticia de la llegada de una amiga o amigo en tránsito! Un mes, o quince días antes, cada uno o cada una se regocija pensando en el nuevo amante que va a caerle en suerte por un día, por algunos días quizá, pues la hospitalidad que ofrecemos no se limita a comer, beber o dormir. Nosotros practicamos vis a vis unos de otros una camaradería que nada tiene en común con esa camaradería escogida, mezquina, exclusiva, caprichosa, que es la camaradería occidental. Nuestra camaradería ignora los límites, como también ignora las conveniencias y el pudor. Cuando el amigo o la amiga llega ¡con qué impaciencia nos inquirimos de las cosas y objetos diferentes que puedan faltar al medio o familia de donde él o ella proviene! Siempre hay entre nosotros un producto del que tenemos de sobra para canjear por otro que nos falta o del que no tenemos bastante, pero que ese grupo o familia posee en abundancia. Y si no hay medio de trocar, enviamos no obstante el producto que a ellos les falta y que nosotros tenemos en demasía. Nos satisface solamente el placer, la alegría que causamos a estos camaradas lejanos... ¿Acaso no actúan ellos de la misma forma con nosotros cuando se presenta la ocasión?”


sábado, 9 de abril de 2016

Carta de Ricardo Flores Magón a Emma Goldman



Los Ángeles, California, 13 de marzo de 1911.

 
Querida amiga y compañera de lucha por la Causa de la Libertad Humana:

   Le escribo para exhortarla a aplicar, en nombre de los ciudadanos de México, la influencia que usted ejerce sobre un vasto sector del pueblo norteamericano. ¿Es necesario que abunde en expresarle que estamos participando en la batalla mundial por la emancipación humana? ¿Qué nuestra causa es su causa? ¿Qué estamos luchando por lo que todo hombre o mujer inteligente sabe que es absolutamente indispensable para la felicidad y el desarrollo humanos? Me parece que no.
   Es de sobra sabido -ha sido probado más allá de cualquier sombra de duda- que ante el imperativo del poder del dinero, cientos de miles de mis compatriotas han sido expulsados de las tierras en las que, y gracias a las cuales, sus ancestros han vivido desde el principio de nuestra historia. De esa manera, han sido empujados a infiernos tales como las plantaciones de tabaco de Valle Nacional, y las de henequén de Yucatán, o bien, forzados a exiliarse cruzando la frontera de los Estados Unidos, en donde se debaten desesperadamente por salarios de hambre. De una u otra forma, hombres y mujeres tienen que vivir o, al menos, intentar sobrevivir.

   ¿Qué será de estos millones de hombres y de niños si el poder del dinero consigue sus fines? ¿Cuál será el resultado si consigue arrojarlos bajo las plantas del militarismo? Y, ¿Qué consecuencias tendrá en el carácter y forma de vida de la nación norteamericana si ésta acepta convertirse en el instrumento dócil del poder del dinero, y permanece indiferente ante los promotores de la más atroz de las esclavitudes? Ciertamente, a todas estas interrogantes es preciso dar respuesta.

   El pueblo norteamericano no entiende ni puede ver el panorama de esta espantosa realidad porque está engañado por la voluntaria deformación que hacen aquellos que tienen en juego intereses económicos gigantescos, y que no evitan ningún esfuerzo para engañarlo.

   Mientras el poder del dinero consideró que la rebelión en México apenas tenía por objeto sustituir a un dictador por otro, la consideró con indiferencia, porque tales levantamientos han sido frecuentes en la historia de los pueblos latinoamericanos, y han sido luchas que no han conseguido cambiar nada. Sin embargo, en la actualidad comprende con claridad que sus propios intereses egoístas están en riesgo; que estamos luchando por la recuperación de millones y millones de acres de tierra entregados a grupos extranjeros con la complicidad fraudulenta del nefasto gobierno de [Porfirio] Díaz, y con la total inconformidad de su legítimo propietario: el pueblo; que estamos decididos a que los pobres recuperen de nuevo lo que con justicia les pertenece. Es por eso que hoy en día el poder del dinero de Estados Unidos, respaldado por los poderes del dinero del mundo, está llamando a la nación norteamericana a las armas.
 

Ante semejante crisis, ¿guardará usted silencio? No lo creo. En realidad, sé que no lo hará.
 
De usted, por la emancipación humana
 

Ricardo Flores Magón


miércoles, 16 de marzo de 2016

Carta de Errico Malatesta a Luigi Fabbri



Londres, 30 de julio de 1919.


Queridísimo Fabbri:


Sobre la cuestión que tanto te preocupa, la de la dictadura del proletariado, me parece que estamos básicamente de acuerdo.

Se me ocurre pensar que sobre este asunto la opinión de los anarquistas no puede ser dudosa y la verdad es que antes de la revolución bolchevique nadie dudaba. Anarquía significa no gobierno, y por lo tanto con mayor razón no dictadura, que es el gobierno absoluto sin control y sin límites constitucionales.

Pero, cuando estalló la revolución bolchevique, algunos amigos nuestros confundieron lo que era revolución contra el gobierno precedente con lo que era un nuevo gobierno que venía a imponerse a la revolución para frenarla y dirigirla a los fines particulares de un partido, y casi casi se declararon bolcheviques ellos mismos.

Ahora bien, los bolcheviques son simplemente marxistas, que han permanecido honestos. y consecuentemente marxistas, a diferencia de sus maestros y modelos, los Guesde, los Plejanov, los Hyndmann, los Scheidemann, los Noske, etc., etc., que han tenido el fin que tú sabes. Nosotros respetamos su sinceridad, admiramos su energía, pero como no hemos estado nunca de acuerdo con ellos en el terreno teórico, no sabríamos solidarizarnos con ellos cuando de la teoría se pasa a la práctica.

Quizá la verdad sea simplemente esta: que nuestros amigos bolchevizantes con la expresión dictadura del proletariado entienden simplemente el hecho revolucionario de los trabajadores que toman posesión de la tierra y de los instrumentos del trabajo, y tratan de constituir una sociedad y organizar un género de vida en el que no haya sitio para una clase que explote y oprima a los productores.

Entendida así, la dictadura del proletariado sería el poder efectivo de todos los trabajadores dirigido a la destrucción de la sociedad capitalista, y se convertiría en anarquía apenas cesara la resistencia reaccionaria y nadie más pretendiera obligar con la fuerza a las masas a obedecer y trabajar para otros. Y entonces nuestro desacuerdo no sería más que una cuestión de palabras. Dictadura del proletariado significaría dictadura de todos, es decir, no sería ya dictadura, como gobierno de todos no es ya gobierno, en el sentido autoritario, histórico y práctico de la palabra. Pero los verdaderos partidarios de la dictadura del proletariado no lo entienden así y esto lo hacen ver perfectamente en Rusia. El proletariado naturalmente interviene en ella como lo hace el pueblo en los regímenes democráticos, es decir, simplemente para esconder la esencia real de las cosas. En realidad se trata de la dictadura de un partido, o más bien de los jefes de un partido; y es una dictadura verdadera y propia, con sus decretos, con sus sanciones penales, con sus agentes ejecutivos, y sobre todo con su fuerza armada, que sirve hoy para defender la revolución de sus enemigos externos, pero que servirá mañana para imponer a los trabajadores la voluntad de los dictadores, detener la revolución, consolidar los nuevo intereses que se han ido constituyendo y defender contra las masas a una nueva clase privilegiada.

También el general Bonaparte sirvió para defender la Revolución francesa contra la reacción europea, pero al defenderla la ahogó. Lenin, Trotski y sus compañeros son seguramente revolucionarios sinceros, de la forma que ellos entienden la revolución, y no traicionarán; pero preparan los cuadros gubernamentales que servirán a los que vengan después para aprovecharse de la revolución y asesinarla. Ellos serán las primeras víctimas de su método y con ellos, me temo, caerá la revolución. La historia que se repite: mutatis mutandis, la dictadura de Robespierre lleva a Robespierre a la guillotina y prepara el camino a Napoleón.

Estas son mis ideas generales sobre los asuntos de Rusia. En cuanto a los detalles, las noticias que tenemos son todavía demasiado variadas y contradictorias para poder arriesgar un juicio. Puede suceder también que muchas cosas que nos parecen malas sean el fruto de la situación y que en las circunstancias especiales de Rusia no hubiera sido posible obrar de modo diferente a como se hizo. Es mejor esperar, sobre todo porque lo que nosotros digamos no puede tener influencia alguna sobre el desarrollo de los sucesos en Rusia, y en cambio podría ser mal interpretado en Italia y dar a entender que nos hacemos eco de las calumnias interesadas de la reacción.

Lo importante es lo que nosotros debemos hacer; pero permanezcamos siempre firmes, yo estoy lejos y en la imposibilidad de cumplir mi tarea…


lunes, 11 de enero de 2016

Carta de Mijaíl Bakunin a su hermano Pablo





CARTA A PABLO

Mijaíl Bakunin



París, 29 de marzo de 1845.




Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real.

...Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en la fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.

Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero, -sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí-; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente -está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud- y debo liberarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándola a sí misma, al sentimiento de su fuerza y de sus derechos.

Amar es querer la libertad, la completa independencia del otro; -el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama-; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aún y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.

He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, -he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual- porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo.

Querer, al amar, la dependencia de aquel a quien se ama, es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería la cosa más peligrosa y la más infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.

Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo.
Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.

Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos -no son más que mentiras-; la verdad no es una tontería, sino un hecho, la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual.


Fragmento de la Carta de Bakunin a su hermano Pablo.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Carta de América Scarfó a Émile Armand



Buenos Aires, 3 de diciembre de 1928.

Al camarada E. Armand.




Querido camarada:


El motivo de la presente es, principalmente, consultarlo. Tenemos que actuar, en todos los momentos de la vida, de acuerdo a nuestro modo de ver y de pensar, de manera que los reproches o las críticas de otra gente encuentren a nuestra individualidad protegida por los más sanos conceptos de responsabilidad y libertad en una muralla sólida que haga fracasar a esos ataques. Por eso debemos ser consecuentes con nuestras ideas.


Mi caso, camarada, pertenece al orden amoroso. Soy una joven estudiante que cree en la vida nueva. Creo que, gracias a nuestra libre acción, individual o colectiva, podremos llegar a un futuro de amor, de fraternidad y de igualdad. Deseo para todos lo que deseo para mí: la libertad de actuar, de amar, de pensar. Es decir, deseo la anarquía para toda la humanidad. Creo que para alcanzarla debemos hacer la revolución social. Pero también soy de la opinión que para llegar a esa revolución es necesario liberarse de toda clase de prejuicios, convencionalismos, falsedades morales y códigos absurdos. Y,en espera de que estalle la gran revolución, debemos cumplir esa obra en todas las acciones de nuestra existencia. Para que esa revolución llegue, por otra parte, no hay que contentarse con esperar sino que se hace necesaria nuestra acción cotidiana. Allí donde sea posible, debemos interpretar el punto de vista anarquista y, consecuentemente, humano.


En el amor, por ejemplo, no aguardaremos la revolución. Y nos uniremos libremente, despreciando los prejuicios, las barreras, las innumerables mentiras que se nos oponen como obstáculos. He conocido a un hombre, un camarada de ideas. Según las leyes burguesas, él está ‘casado’. Se ha unido a una mujer como consecuencia de una circunstancia pueril, sin amor. En ese momento no conocía nuestras ideas. Empero, él vivió con esa mujer varios años y nacieron hijos. Al vivir junto a ella, no experimentó la satisfacción que hubiera sentido con un ser amado. La vida se volvió fastidiosa, el único medio que unía a los dos seres eran los niños.“Todavía adolescente, ese hombre toma conocimiento con nuestras ideas y nace en él una conciencia. Se convierte en un valiente militante. Se consagra con ardor y con inteligencia a la propaganda. Todo su amor no dirigido a una persona lo ofrenda a su ideal. En el hogar, mientras tanto, la vida continúa con su monotonía, alterada solamente por la alegría de sus pequeños hijos. Ocurrió que las circunstancias nos hicieron encontrar al principio como compañeros de ideas. Nos hablamos, simpatizamos y aprendimos a conocernos. Así fue naciendo nuestro amor. Creímos, al principio, que sería imposible. Él, que había amado sólo en sueños, y yo, que hacía mi entrada a la vida. Cada uno continuó viviendo entre la duda y el amor. El destino –o más bien el amor– hizo lo demás. Abrimos nuestros corazones, y nuestro amor y nuestra felicidad comenzaron a entonar su canción en medio de la lucha y del ideal, que más impulso les dieron aún. Y nuestros ojos, nuestros labios, nuestros corazones se expresaron en la conjuración mágica de un primer beso. Nosotros idealizamos el amor pero llevándolo a la realidad. El amor libre que no conoce barreras ni obstáculos. Esa fuerza creadora que transporta a dos seres por un camino florido, tapizado de rosas –y algunas veces de espinas–pero donde se encuentra siempre la felicidad.


¿Es que acaso todo el universo no se convierte en un edén cuando dos seres se aman?
También su mujer –a pesar de su relativo conocimiento–simpatiza con nuestras ideas.
Últimamente ella dio pruebas de desprecio hacia los sicarios del orden burgués cuando la policía comenzó a perseguir a mi amigo. Fue así como la esposa de mi compañero y yo hemos llegado a ser amigas. Ella no ignora nada de lo que representa para mí el hombre que vivía a su lado. El sentimiento de afecto fraternal que existía entre ellos le permitió a él confiárselo a ella. Por otra parte, él le dio libertad de actuar como ella lo deseara, tal como corresponde a todo anarquista consciente. Hasta este momento, a decir verdad, hemos vivido una verdadera novela.


Nuestro amor se intensificó cada vez más. No podemos vivir completamente en común dada la situación política de mi amigo y el hecho de que debo terminar con mis estudios. Nos encontramos muy seguido en diversos lugares.
¿No es acaso ésa la mejor manera de sublimar el amor alejándolo de las preocupaciones de la vida doméstica? Aunque estoy segura que cuando existe el verdadero amor, lo más bello es el vivir juntos.


Esto es lo que quería explicar. Pero he aquí que algunos se han erigido en jueces. Y éstos no se encuentran tanto en la gente común sino más bien entre los compañeros de ideas que se tienen a sí mismos como libres de prejuicios, pero que en el fondo son intolerantes. Uno de ellos sostiene que nuestro amor es una locura; otro señala que la esposa de mi amigo juega el papel de ‘mártir’, pese a que ella no ignora nada de lo que nos concierne, es dueña de su persona y goza de su libertad. Un tercero levanta el ridículo obstáculo económico. Yo soy independiente,como lo es mi amigo. Según todas las probabilidades,me crearé una situación económica personal que me liberará de todas las inquietudes en ese sentido.


Además, la cuestión de los hijos. ¿Qué tienen que ver los hijos con los sentimientos del corazón? ¿Por qué un hombre que tiene hijos no puede amar? Es como si se dijera que un padre de familia no puede trabajar por la idea, hacer propaganda, etc. ¿Qué prueba puede hacer creer que esos pequeños seres serán olvidados porque su padre me ama? Si el padre olvidara a sus hijos merecería mi desprecio y no existiría más el amor entre nosotros.


Aquí, en Buenos Aires, ciertos camaradas tienen del amor libre una idea verdaderamente exigua. Se imaginan que sólo consiste en cohabitar sin estar casados legalmente y, mientras tanto, en sus hogares siguen perdurando todas las ridiculeces y los prejuicios que son propios de los ignorantes.


En la sociedad burguesa también existe esa clase de uniones que ignoran al registro civil y al cura. ¿Es acaso eso el amor libre? Por último, se critica nuestra diferencia de edad simplemente porque yo tengo 16 años y mi amigo 26. Unos me acusan de perseguir una operación comercial; otros me califican de inconsciente. ¡Ah, esos pontífices del anarquismo! ¡Hacer intervenir en el amor el problema de la edad! ¡Como si no fuera suficiente que el cerebro razone para que una persona sea responsable de sus actos! Por otra parte, es un problema mío y si la diferencia de edad no me importa nada a mí, ¿por qué tiene que importarle a los demás? Lo que quiero y amo es la juventud del espíritu, que es eterna.


Hay también aquellos que nos tratan de degenerados, de enfermos y de otros calificativos de la misma especie. A todos ellos les contesto: ¿por qué? ¿Porque nosotros vivimos la vida en su verdadero sentido, porque rendimos un culto libre al amor? ¿Porque igual a los pájaros que alegran los paseos y los jardines nos amamos sin importarnos los códigos o las falsas morales? ¿Porque somos fieles a nuestros ideales? Yo desprecio a todos los que no pueden comprender lo que es saber amar.


El amor verdadero es puro. Es un sol cuyos rayos enceguecen a aquellos que no pueden escalar las alturas. A la vida hay que vivirla libremente. Rindamos a la belleza, a los placeres del espíritu, al amor, el culto que ellos se merecen.


“Esto es todo, camarada. Quisiera su opinión sobre mi caso. Sé bien lo que hago y no tengo necesidad de ser aprobada o aplazada. Sólo que al haber leído muchos de sus artículos y al estar de acuerdo con varios puntos de vista, me pondría contenta de conocer su opinión.





Ésta carta fue publicada bajo el título de "Una experiencia", en una publicación de la francesa L’en dehors el día 20 de enero de 1929. Junto a ella se presentó la respuesta de Émile Armand:

“Compañera: mi opinión importa poco en la materia de lo que me transmites sobre lo que haces. ¿Estás de acuerdo íntimamente con tu concepción personal de la vida anarquista o no estás de acuerdo? Si estás de acuerdo, ignora los comentarios e insultos de los otros y continúa tu camino. Nadie tiene el derecho de poder juzgar vuestra forma de conducirte, aún en el caso que la esposa de tu amigo fuera hostil a esas relaciones. Toda mujer unida a un anarquista (o viceversa) sabe muy bien que no deberá ejercer sobre él o sufrir de parte de él una dominación de cualquier orden”.

martes, 22 de septiembre de 2015

Carta de Ernesto Che Guevara a sus hijos


   En noviembre de 1966, a pocos días de partir hacia Bolivia, el revolucionario argentino-cubano Ernesto Che Guevara escribía la siguiente carta dedicada a sus hijos. Éstas serían sus últimas palabras para ellos.


A mis hijos

Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.
Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.
Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de

Papá


lunes, 27 de julio de 2015

Correspondencia entre Pierre Joseph Proudhon y Karl Marx




   La correspondencia entre estos dos grandes pensadores contemporáneos consta de dos cartas. La primera, enviada por Karl Marx desde Alemania donde le solicita a Proudhon su unión a la red de corresponsales socialistas que incluiría a los países de Alemania, Inglaterra y Francia, con el fin de que éste periódicamente dé a conocer la situación de los conflictos en lucha en territorio francés.

   La segunda trata de la respuesta de Proudhon, donde el anarquista francés hizo hincapié en las diferencias ideológicas y personales que separaban a ambos pensadores, motivos suficientes para luego rechazar la propuesta de Marx.

   Karl Marx no contestó a la respuesta de Proudhon y, desde entonces, se encargó de percibirlo como un enemigo ideológico.

   Carta de Karl Marx a Pierre Joseph Proudhon, fechada el 5 de mayo de 1846.

 Mi querido Proudhon:

"Me había hecho el propósito muchas veces desde que salí de París de escribirle; hasta hoy me lo han impedido circunstancias independientes de mi voluntad. Le ruego crea usted que los únicos motivos de mi silencio son un aumento de trabajo, las molestias de un cambio de domicilio, etcétera.

Y ahora, sobre todo, saltemos “in media res”. Conjuntamente con dos de mis amigos, Federico Engels y Felipe Gigot (los dos en Bruselas), he organizado con los comunistas y socialistas alemanes una correspondencia regular, que deberá ocuparse de la discusión de cuestiones científicas, de la vigilancia de los escritos populares y de la propaganda socialista que se puede hacer en Alemania por ese medio. El propósito principal de nuestra correspondencia será, sin embargo, el de poner a los socialistas alemanes en relación con los socialistas franceses e ingleses, de informar a los extranjeros sobre los movimientos socialistas en Alemania y de informar a los alemanes en Alemania sobre los progresos del socialismo en Francia y en Inglaterra. De esta manera, las diferencias de opinión se podrán manifestar; se llegará a un cambio de ideas y a una crítica imparcial. He ahí un paso que había dado el movimiento social en su expresión “literaria”, a fin de liberarse de los límites de la «nacionalidad». Y, en el momento de la acción, es ciertamente de un gran interés para cada uno estar informado del estado de cosas en el extranjero como en su casa.
Además de los comunistas en Alemania, nuestra correspondencia comprenderá también a los socialistas alemanes en París v Londres. Están ya establecidas nuestras relaciones con Inglaterra; en lo que se refiere a Francia, todos pensamos que no podemos encontrar mejor corresponsal que usted; usted sabe que los ingleses y los alemanes hasta hoy le han apreciado mejor que sus propios compatriotas.

Pero ya ve usted que se trata únicamente de crear una correspondencia regular y de asegurarle los medios de .proseguir el movimiento social en los diferentes países: de llegar a un interés rico y variado como nunca podría realizarlo el trabajo de uno solo. .

Si quiere aceptar nuestra propuesta, los gastos de importe de las cartas que le serán enviadas, así como de las que nos mandará, serán sufragados aquí; las colectas que se hacen en Alemania serán destinadas a cubrir los gastos de correspondencia.

La dirección a la cual escribirá aquí es la del señor Felipe Gigot, 8 calle Bodenbrock. Es él quien tendrá también la firma de las cartas de Bruselas. .
No tengo necesidad de añadir que toda esa correspondencia exige por su parte el secreto más absoluto; en Alemania nuestros amigos deben trabajar con la mayor circunspección para no comprometerse. . Conteste muy pronto y crea en la amistad bien sincera de su adicto."

Karl Marx


P.D.: "Le denuncio al señor Grün, en París. Este hombre es un petardista literario, una especie de charlatán que quisiera hacer el comercio de ideas modernas. Trata de encubrir su ignorancia con frases pomposas y arrogantes, pero se ha hecho ridículo con su galimatías. Además, este hombre es peligroso. Abusa de las relaciones que ha establecido con autores conocidos, gracias a su impertinencia, para hacerse con ellos un pedestal y comprometerlos ante el público alemán.
En su libro sobre los socialistas franceses tiene la audacia de llamarse el profesor de Proudhon, pretende haberle revelado los axiomas importantes de la ciencia alemana y se burla de sus escritos. Quizá le hablaré más tarde de este individuo. Aprovecho con placer la ocasión que tengo con esta carta para decirle cuánto me es agradable entrar en relación con un hombre tan distinguido como usted. Entre tanto permítame decirme su adicto."

Felipe Gigot


"En cuanto a mí, sólo puedo asegurarle que usted, señor Proudhon, aprobará el proyecto que acabamos de presentarle y que tendrá la complacencia de no negarnos su colaboración.
Le expreso el profundo respeto que sus escritos me han inspirado por usted, y soy su bien adicto",
Federico Engels
   Respuesta de Pierre Joseph Proudhon a Karl Marx, con fecha del 17 de mayo de 1846 en Lyon, Francia.


Mi querido señor Marx:

"Acepto de buen grado hacerme uno de los colaboradores de su correspondencia, cuyo propósito y organización me parecen ser muy útiles. No le prometo, sin embargo, escribirle mucho o con frecuencia; mis ocupaciones de toda naturaleza, junto a mi pereza natural, no me permiten estos esfuerzos epistolares. Tomaré también la libertad de hacer algunas reservas, que me son inspiradas por algunos trozos de su carta.
Ante todo, a pesar de que mis ideas sobre organización y realización estén en este momento completamente precisadas, por lo menos en lo que concierne a los principios, pienso que es mi deber, que es el deber de todo socialista, conservar aún por algún tiempo la forma antigua o dubitativa en una palabra, profeso con el público un antidogmatismo económico casi absoluto.
Busquemos juntos, si usted quiere, las leyes de la sociedad; las formas en que esas leyes se realizan; el proceso según el cual llegamos a descubrirlas; pero, ¡por Dios!, después de haber derribado todos los dogmatismos “a priori” no pensemos en doctrinar al pueblo a nuestro modo; no caigamos en la contradicción de su compatriota Martín Lutero, quien después de haber derribado la teología católica, se consagró enseguida, con la ayuda de excomuniones y anatemas, a fundar una teología protestante.
Desde hace tres siglos, Alemania no está ocupada más que en destruir la “revocadura” o renovación del señor Lutero; no preparemos para el género humano una nueva tarea con nuevos atolladeros. Aplaudo con todo mi corazón su idea de publicar un día todas las opiniones; hagamos una buena y leal polémica; demos al mundo el ejemplo de una tolerancia sabia y previsora; pero, por estar a la cabeza del movimiento, no nos hagamos los jefes de una nueva religión,' aunque fuera esa religión la religión de la lógica, la religión de la razón. Recibamos, animemos todas las protestas, condenemos todas las exclusiones, todos los misticismos; no consideremos jamás una cuestión agotada y cuando hayamos utilizado hasta nuestro último argumento, empecemos de nuevo, si es necesario, con elocuencia e ironía. Con esta condición entraré con placer en su asociación; si no, no.

Tengo también que hacerle algunas observaciones sobre estas palabras de su carta: “En el momento de la acción”. Quizás conserve usted aún la opinión de que ninguna reforma es posible actualmente sin un golpe de fuerza; sin lo que se llamaba antaño una revolución y que no es más que un bamboleo. Esa opinión que concibo, que excuso, que discutiría de buena gana por haberla tenido mucho tiempo yo mismo, le confieso que mis últimos estudios me han hecho rectificar completamente.

Creo que no necesitamos de ello para triunfar y que, por consiguiente, no debemos fijar la acción revolucionaria como medio de reforma social, porque ese pretendido medio sería simplemente una llamada a la fuerza, a lo arbitrario, concretamente una contradicción. Para mí el problema es así: hacer entrar en la sociedad, por una combinación económica, las riquezas que han salido por otra combinación económica. En otros términos, transformar en Economía política la teoría de la propiedad contra la propiedad, con el fin de engendrar 10 que vosotros, socialistas alemanes, llamáis comunidad y que me limitaré por el momento a llamar libertad, igualdad. Pienso conocer el medio de resolver, en breve plazo, ese problema; prefiero, pues, hacer arder la propiedad a fuego lento, más bien que darle una nueva fuerza al hacer un San Bartalomé de los propietarios.

Mi próxima obra, que en este momento está a la mitad de su impresión, le dirá más sobre ello.

He aquí, mi querido filósofo, donde estoy por el momento. Salvo que me engañe y, si es necesario, reciba la férula de su mano, a que me someto de buen grado, esperando mi desquite. Tengo que decirle de paso que tales me parecen ser también las disposiciones de la clase obrera de Francia. Nuestros proletarios tienen una sed tan grande de ciencia, que recibirían muy mal a quien le presentara nada más que sangre para beber. En resumen, sería, a mi parecer, una mala política para nosotros hablar como exterminadores; los medios de rigor estarían prestos; el pueblo no necesita para ello ninguna exhortación.
Deploro sinceramente las pequeñas divisiones que, según parece, existen ya en el socialismo alemán y de las cuales sus quejas contra el señor G..., me ofrecen la prueba. Temo que tenga de este escritor una idea falsa. Invoco, mi querido señor Marx, su sentido razonable. G... se encuentra exiliado, sin fortuna, con una mujer y dos niños, teniendo para vivir nada más que su pluma. ¿Qué quiere que explote para vivir sino las ideas modernas? Comprendo su ira filosófica y reconozco que la santa palabra de la Humanidad nunca debiera ser materia para un tráfico; pero no quiero ver aquí más que la desgracia, la gran necesidad, y disculpo al hombre. iAh!, si todos fuéramos millonarios, las cosas andarían mejor; seríamos santos y ángeles. Pero hay que vivir y usted sabe que esa palabra no expresa aún, ni mucho menos, la idea que da la teoría pura de la asociación. Hay que vivir, es decir, comprar pan, leña, carne, pagar a un dueño de casa; v. a fe mía, el que vende ideas sociales no es más indigno que el que vende sermones. Ignoro completamente si G... se ha dado él mismo como mi preceptor. ¿Preceptor de qué? Sólo me ocupo de Economía política, cosa sobre la que él no conoce casi nada; considero la literatura como un juego de niños y en 10 que se refiere a la filosofía, sé bastante para tener el derecho de burlarme de ella cuando llega el caso. G... no me ha revelado nada; si lo ha dicho, ha dicho una impertinencia de la cual estoy seguro que se arrepiente.
Lo que sí sé, y que estimo más que condeno -un pequeño acceso de vanidad-, es que debo al señor G..., así como a su amigo Ewerbeck, el conocer las obras de usted, mi querido señor Marx, y las del señor Engels, y del libro tan importante de Feuerbach. Estos señores, a ruego mío, han hecho algunos análisis para mí en francés (ya que tengo la desgracia de no leer alemán) de las publicaciones sociales más importantes. Y es por solicitud suya por 10 que debo insertar (10 que hubiese hecho por sí mismo, además) en mi próxima obra una mención de las obras de los Señores Marx, Engels, Feuerbach, etc. En fin, G... y Ewerbeck trabajan en conservar el fuego sagrado en los alemanes residentes en París, y el respeto que tienen para estos señores los obreros que los consultan me parece una garantía segura de la rectitud de sus intenciones.

Tendría placer, mi querido Marx, en verle rectificar una opinión provocada por un momento de irritación, porque estaba enfadado al escribirme. G... me ha manifestado el deseo de traducir mi obra actual; he comprendido que esa traducción, pasando antes de otras, le procuraría algún socorro; pues le estaría muy agradecido a usted como a sus amigos, no por mí, sino por él, que le prestara su apoyo en esta ocasión, contribuyendo a la venta de un escrito que podría, sin duda, con la ayuda de usted, procurarle más provecho que a mí.

Si me quisiera dar la promesa de su colaboración, mi querido señor Marx, yo mandaría inmediatamente mis pruebas al señor G... y pienso, no obstante sus agravios personales, de los cuales no quiero ser juez, que esa conducta nos honraría a todos."
Mil amistades a sus amigos, señores Engels y Gigot.
Su bien adicto,
P. J. Proudhon