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lunes, 3 de agosto de 2015

Donald Trump: Racismo y contradicción


   Este exitoso empresario capitalista de los bienes raíces, la farándula y los casinos vive en una eterna amnesia de conciencia. A sus bien llevados 69 años aún sigue sosteniendo un pensamiento aberrantemente xenófobo, signo de la contradicción en la que vive.

   Siendo hijo de madre escocesa y nieto de inmigrantes alemanes, Donald Trump parece olvidar por completo sus raíces hereditarias en cada acto de racismo contra los inmigrantes que habitan suelo estadounidense. El permanente rechazo que invoca contra ellos pulveriza la adquisición de la nacionalidad norteamericana que su abuelo, Frederick Trump, alcanzó legalmente en 1892 y por la cual la familia Trump permaneció, vive y quizás continuará desarrollándose por muchos años más en aquel país de América del Norte.







Ser racista, ayer y hoy


   Una persona que expresa con seguridad y plena convicción fuertes sentimientos hacia los demás, necesariamente debió haberlos cultivado en su interior durante largos periodos de tiempo. Trump no le escapa a la norma, es un esclavo más de ella. Su sentir racista no se presenta de casualidad ni por estrategia para ser reproducido por la Fox y la CNN, sino que desde sus primeros pasos en la industria inmobiliaria que fue así. Con flojos intentos de disimulo, llegó a ser por primera vez noticia nacional en los Estados Unidos a causa de su irreversible odio a la gente con piel morena.
Nota del NYT sobre Trump del 16/10/1973.
   La edición del The New York Times del martes 16 de octubre de 1973 contenía una nota comprometedora respecto a Donald Trump. Fue una especie de “presentación”, poco alentadora por cierto, a la sociedad, del joven magnate de 27 años por entonces, quien ya contaba con millones de dólares en sus cuentas bancarias, producto de los negocios inmuebles.

   La nota titulada "Major landlor accused of antiblack bias in city" ("El mayor poseedor de tierras de la ciudad acusado de prejuicios antinegro", en castellano), que trataba de los cargos por discriminación contraídos en la Corte Federal de Brooklyn por Donald y Fred Trump (su padre), fue escrita por el periodista Morris Kaplan y replicada en la mismísima portada del diario más famoso y tirado. Pese a ello, el tema principal de la edición había sido la Guerra de Yom Kipur.

   La denuncia por violación de una ley antidiscriminatoria de 1968 involucraba a 39 edificios de las propiedades a cargo de la firma "Trump Management Corporation", cuyo poder financiero no pudo evitar la instancia judicial. "El Gobierno sostuvo que Trump Management ha negado el alquiler o la negociación de alquiler 'por raza o color'", había escrito Morris Kaplan en la tapa del NYT. Además, revelaba que se le requerían muchas cuestiones intransigentes a la “gente de color” para que accedan al alquiler o que simplemente se les daba falsa cuenta de que “no contaban con disponibilidad habitacional por el momento”. El autor de la nota finaliza haciendo un llamado al descargo de Trump respecto a las intimidaciones que Donald, su padre y la empresa estaban sufriendo.

   La defensa del empresario consistió en una rotunda negación de la veracidad de las acusaciones a las cuales tildó de “absolutamente ridículas”, mientras que manifestó: "Nunca hemos discriminado, y nunca lo haríamos. Ha habido un número de acciones locales contra nosotros, y hemos ganado en todos ellos. Hemos demostrado en los tribunales que no discriminamos". Tal parece, durante esa ocasión, el joven multimillonario trató de esconder ante los medios de comunicación su personalidad xenófoba y sus actos discriminatorios, pero es hoy cuando se multiplican sus bochornosas declaraciones en contra de los mexicanos, latinoamericanos y demás inmigrantes que conviven en Estados Unidos.





Odio y amor a los inmigrantes


   A finales de junio del corriente año el neoyorquino Donald Trump anunció su precandidatura a presidente por el Partido Republicano para las elecciones de 2016. Desde allí, su campaña consistió en criticar desaforadamente el avance económico de China (su superioridad industrial frente a EE.UU), llegando a sostener que el cambio climático es una farsa inventada por los chinos para que se reduzca la producción manufacturera norteamericana; y expresar la conservadora intolerancia a la presencia de inmigrantes ilegales “delincuentes”, a los que extraditaría sin compasión por ninguno. En su discurso de presentación ha catalogado a los inmigrantes mexicanos como “corruptos, delincuentes, violadores y narcotraficantes”, e hizo público su deseo de construir un muro en la frontera con México, el cual “tendría que ser pagado por el Estado mexicano”.

"Make America great again!", el lema de la campaña presidencial de Donald Trump.


   Recientemente, en una entrevista con la cadena internacional de noticias CNN, expresó su idea de expulsar a todos los indocumentados (alrededor de 11.000.000 de inmigrantes ilegales) de Estados Unidos para luego “invitar de manera legal sólo a los buenos”, considerando que los “malos saturan las cárceles de Estados Unidos”, según sus propias palabras. Sin embargo, en la misma entrevista ha afirmado tener un gran corazón y ‘amar’ la inmigración, justificando esa “aceptación” de los inmigrantes trabajadores con la frase: “Hay muchos trabajos que los ciudadanos de Estados Unidos no quieren hacer” (traducido englobaría al trabajo precario, doméstico y hasta de prostitución, donde es rotunda la discriminación). Al mismo tiempo, Trump rechazó ante la CNN el estatus legal de los inmigrantes, oponiéndose a la concesión de la ciudadanía. O sea, que los quiere pero no legales, e ilegales los odia.

   El mundo de ‘The Donald’ (apodo empleado por su entorno más cercano, pero que fue popularmente conocido por obra de su primera esposa, Ivana Zelníčková) es muy contradictorio. Él rechaza a todos los inmigrantes, pero ama la inmigración. Proviene genéticamente de inmigrantes, pero extraditaría a todos los actuales. Tal vez sea la edad, quizás el contexto o posiblemente sea su razón y sentido de vivir la causa de la explosión xenófoba por la que transita estos últimos días el dueño del concurso "Miss Universo".

   Una vida llena de negocios, inversiones, números, libros, mucho dinero y un ego por las nubes, puede devenir en una mente perversa. Con un patrimonio valuado en más de 5000 millones de dólares, el ahora viejo Trump se lanza a la pelea por el poder político. ¿Qué mejor manera de cumplir con sus temerarios anhelos que desde el gobierno? Le son insuficientes sus millones para echar a los inmigrantes, por eso aspira a utilizar al Estado como medio de legalización de la prohibición de los inmigrantes ilegales.


Donald Trump expresa permanentemente su odio contra los inmigrantes mexicanos.

viernes, 20 de febrero de 2015

El Desempleo como teoría aplicable del Capitalismo


   Desempleado es todo aquel trabajador perteneciente a la Población Económicamente Activa, con edad entre 18 y 65 años, una determinada capacidad de producción y predisposición a ser empleado, pero que no consigue serlo.
   Además, existe un segundo grupo de trabajadores, que sí posee empleo pero este no contempla la cantidad de horas necesarias para considerarlo como tal, sus condiciones son inferiores a las ideales de un trabajo formal, y generalmente su sueldo es insuficiente para satisfacer las necesidades económicas de quien ejerce la función, o de su familia; ellos son los subocupados.


 
   Según la Organización Internacional del Trabajo, actualmente alrededor de 1.000.000.000 de personas carecen de empleo formal. De las cuales, 850.000.000 se encuentran subocupadas y unas 150.000.000 desempleadas. En este punto, es necesario aclarar que las organizaciones mundiales manejan estadísticas distintas, ya que algunas toman a los subocupados como empleados, reduciendo de manera significativa el impacto que genera esta lamentable realidad.
   De la totalidad entre desempleados y subocupados, 837.000.000 son pobres, y muchas veces, son padres o madres "sostén" de sus familias. Al mismo tiempo, es aún más común que ambos trabajen, con el objetivo de ampliar la fuente de ingresos para su hogar, necesaria para solventar los gastos diarios, entre servicios y bienes de consumo.
 

  


El desempleo, como teoría capitalista


  
   Pese a que durante las recesiones económicas, las tasas de desempleo disparan hacia números de dos dígitos, el desempleo no sólo existe en épocas de crisis. De hecho, pensadores han hecho una "apología del desempleo" y han descripto sus beneficios.

   La escuela monetarista moderna de la segunda mitad del siglo XX, encabezada por el economista estadounidense Milton Friedman, planteó que es necesaria la existencia de una Tasa natural de Desempleo, y que en caso de que esta descendiera, provocaría aceleramientos en la inflación. Esta teoría fue aplicada por los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña durante los años 80, y es la misma que el Fondo Monetario Internacional implementó en los países deudores, caso de Argentina durante la década de 1990.

   Es estratégico y beneficioso para las empresas capitalistas el hecho de que la oferta de fuerza de trabajo sea mayor a la demandada por estas. De esta manera, aprovechan la necesidad de trabajar, para condicionar a los trabajadores con sueldos precarios, horarios cargados de horas extra impagas, y hasta de lugares no ambientalizados para el ejercicio del empleo.

 
 
 

Situación actual

 
   Tras la crisis económica de 2008, la economía mundial retomó cierta estabilidad en estos últimos años. No obstante, rememorando las crisis de 1929 y 1973, fueron los países más desarrollados quienes la habían sufrido más, con despidos masivos, deterioro de los salarios y hasta suicidios de obreros y burgueses que habían perdido sus fuentes de trabajo y sus empresas quebraron, respectivamente.
   En los países pobres, acostumbrados a pagar las deudas generadas por los más poderosos, no se observan progresos en el horizonte del próximo lustro sino más situaciones críticas. Las consecuencias de crisis pasadas se sienten como si hubieran pasado hace días.
   La perspectiva que ofrece el Banco Mundial, supone que “vendrán tiempos difíciles”. Inclusive, las súper-economías emergentes de Brasil, China y la India experimentarían aumentos notables en sus tasas de desocupación en los próximos años, producto de la restricción al consumo e inversiones que los mercados laborales vienen desarrollando. Además, el débil crecimiento de las políticas públicas de empleo y el estancamiento de salarios en muchos países avanzados del G20, contribuirán al desplome de la calidad laboral de los países que más crecieron en la última década.

   No sólo los 150.000.000 de desempleados sin trabajo alguno de hoy, padecerán de esta suerte para los próximos años. Según se estima, se necesitarían 600.000.000 de nuevos puestos de trabajo para el 2030 ante el aumento de la población. Cada año que pasa, se inyectan millones de jóvenes al mercado laboral. Como consecuencia de ello, la tasa de desocupación aumenta rápidamente.
 
La desesperación lleva a los desempleados a trabajar de lo que sea.
 

Ante el aumento del desempleo, la lucha obrera

 
   Prácticamente la totalidad de las luchas obreras se desarrollan en períodos de crisis económicas, y no es casual, ya que en ellas se presenta la mayor cantidad de suspensiones y despidos de trabajadores.
   El círculo integrado por la burguesía industrial, los terratenientes dueños de las siembras más fructíferas (administradores de la verdadera riqueza mundial y pertenecientes al 1% más rico del mundo) y los políticos, independientemente de su país, maneja como pretexto la “reducción del personal”, ya sea fabril o de la peonada campestre, para cargarle las consecuencias de las crisis sobre las espaldas de la clase obrera.
   Un panorama complicado si comprendemos que el sistema capitalista de explotación, que hoy nos rige, es cíclico y permanentemente estará cayendo en recesiones de la economía.


La "falta de vacantes" es un postal permanente que ofrecen las empresas.



   No es un disparate pensar que detrás del sufrimiento de millones de desempleados y sus hijos, existe gente almacenando cantidades excelsas de capital, fruto de la codicia, el poder establecido y la desigualdad. Es la dramática verdad.

   El problema no reside en la dirección política que hay en los países, sean desarrollados o subdesarrollados. El problema es el sistema capitalista y su forma en sí. Los mecanismos alternativos que nos presenta dentro del mercado laboral, sólo llevan a flexibilizarlo aún más.

   Ya no sólo se deberá luchar por mejores condiciones de trabajo, sino por obtenerlo al menos.
 
Necesitamos trabajo, y que sea digno. Necesitamos un cambio radical.





Fuentes consultadas: Banco Mundial, Organización Internacional del Trabajo.