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miércoles, 23 de noviembre de 2016

El niño y sus enemigos





Por Emma Goldman.

Publicado en Mother Earth, Vol. 1 No. 2, en Abril de 1906.



¿Debe el niño ser considerado como una individualidad, o como un objeto a ser moldeado de acuerdo al antojo y capricho de cada quién? Esta parece ser la pregunta más importante a responder por padres y educadores. Y si es que el niño ha de crecer desde dentro, si es que a todo lo que ansíe expresión le será permitido salir a la luz del día; o si es que ha de ser amasado como masilla por fuerzas externas, eso depende de la respuesta adecuada a esta pregunta vital.

El anhelo de los mejores y más nobles de nuestros tiempos hace a las más fuertes individualidades. Todo ser sensible aborrece la idea de ser tratado como mera máquina o como mero loro de lo convencional y lo respetable, el ser humano ansía el reconocimiento de sus semejantes.

Debe tenerse en mente que es por el canal del niño que el desarrollo de la persona madura debe pasar, y que las ideas presentes de la educación o entrenamiento de éste en la escuela y la familia — incluso la familia del liberal o el radical — son tales que sofocan su crecimiento natural.

Toda institución de nuestros días, la familia, el Estado, nuestros códigos morales, ve en cada personalidad fuerte, bella, sin compromisos, un enemigo mortal; por ende se hace  todo esfuerzo por coartar la emoción y la originalidad de pensamiento humano en el individuo con una camisa de fuerza desde su más temprana infancia; o se le da forma a todo ser humano de acuerdo a un patrón; no una individualidad integral, sino una de paciente esclavo del trabajo, un autómata profesional, un ciudadano que paga sus impuestos, o un recto moralista. Si uno, no obstante, se encuentra con la espontaneidad real (que, por cierto, es un rasgo raro) eso no se debe a nuestro método de crianza o educación del niño: la personalidad a menudo se afirma a sí misma, independiente de las barreras oficiales y familiares. Un descubrimiento como ese debe ser celebrado como un evento inusual, ya que los obstáculos puestos en el camino del crecimiento y el desarrollo del carácter son tan numerosos que se ha de considerar un milagro si retiene su fuerza y belleza y sobrevive a los diversos intentos de incapacitar aquello que le es más esencial.

Ciertamente, aquel que se ha liberado de las cadenas de la irreflexión y la estupidez comunes y corrientes; aquel que puede pararse sin muletas morales, sin la aprobación de la opinión pública — la pereza privada, le llamó Friedrich Nietzsche — puede bien entonar un canto alto y voluminoso de independencia y libertad; ha obtenido el derecho a ello con fieras y ardientes batallas. Estas batallas comienzan ya a la más delicada edad.

El niño muestra sus tendencias individuales en sus juegos, en sus preguntas, en su asociación con las personas y las cosas. Pero debe luchar con la perpetua interferencia externa en su mundo de pensamiento y emoción. Que no debe expresarse en armonía con su naturaleza, con su personalidad creciente. Que debe convertirse en cosa, en objeto. Sus preguntas encuentran respuestas estrechas, convencionales, ridículas, en su mayor parte basadas en falsedades; y, cuando, con grandes, curiosos e inocentes ojos, desea contemplar las maravillas del mundo, quienes le cuidan cierran rápidamente las ventanas y las puertas, y mantienen a la delicada planta humana en una atmósfera de invernadero, donde no puede ni respirar ni crecer libremente.

Zola, en su novela Fecundidad, mantiene que grandes grupos de personas le han declarado la muerte al niño, han conspirado contra el nacimiento del niño, — una imagen horrible ciertamente, pero la conspiración ingresada por la civilización contra el crecimiento y la formación del carácter me parece por lejos más terrible y desastrosa, debido a la lenta y gradual destrucción de sus cualidades y rasgos latentes y el efecto estupefaciente e incapacitante por lo tanto sobre su bienestar social.

Ya que todo esfuerzo en nuestra vida educativa parece estar dirigida hacia hacer del niño un ser extraño a sí mismo, debe por necesidad producir individuos extraños los unos con los otros, y en perpetuo antagonismo los unos con los otros.

El ideal del pedagogo promedio no es un ser completo, íntegro, original; en vez, busca que el resultado de su arte de la pedagogía sean autómatas de carne y sangre, para adecuarse mejor al molino de la sociedad y al vacío y la insipidez de nuestras vidas. Todo hogar, escuela, colegio y universidad está por el utilitarismo seco y frío, que rebalse el cerebro del pupilo con tremenda cantidad de ideas, traspasadas desde generaciones pasadas. “Hechos y datos,” como les llaman, constituyen mucha información, suficiente tal vez como para mantener toda forma de autoridad y para crear mucho temor reverencial por la importancia de la posesión, pero esto no es más que un gran retardo en la comprensión real del alma humana y su lugar en el mundo.

Verdades muertas y olvidadas hace mucho tiempo, ideas del mundo y sus pueblos, cubiertas de moho, incluso en los tiempos de nuestras abuelas, se machacan en las cabezas de nuestra generación joven. El cambio eterno, la miríada de variaciones, la innovación continua son la esencia de la vida. La pedagogía profesional nada sabe de ello, los sistemas de educación son ordenados en archivos, clasificados, y numerados. Carecen de la semilla fuerte y fértil que, al caer en rico suelo, les haga crecer hacia grandes alturas, están desgastados y son incapaces de despertar la espontaneidad del carácter. Instructores y maestros, con almas muertas, operan con valores muertos. La cantidad es forzada para reemplazar a la calidad. Las consecuencias por lo tanto son inevitables.

En la dirección que uno mire, buscando ansiosamente por seres humanos que no midan las ideas y las emociones con la vara de la propia conveniencia, se encuentra uno con los productos de la instrucción de ganado en vez de con los resultados de espontáneas e innatas características formándose a sí mismas en libertad.

“Ningún rastro veo ahora
de la voluntad del espíritu.
Es instrucción, nada más.”

Estas palabras del Fausto se adecuan a nuestros métodos de pedagogía perfectamente. Tomemos, por ejemplo, la manera en que la historia se enseña en nuestras escuelas. Veamos cómo los eventos del mundo se vuelven presentaciones baratas de títeres, donde unos pocos tira-cuerdas se supone que dirigieron el curso del desarrollo de todo la especie humana.

Y la historia de nuestra propia nación! ¿Acaso no fue escogido por la Providencia que fuese la nación líder sobre la tierra? ¿Y acaso no está en lo alto de las montañas por sobre las otras naciones? ¿No es acaso la joya del océano? ¿No es acaso incomparablemente virtuosa, ideal y valiente? El resultado de tal enseñanza ridícula es un soso y superficial patriotismo, cegado de sus propias limitaciones, con testarudez de toro, completamente incapaz de juzgar las capacidades de otras naciones. Así es como se castra el espíritu de la juventud, se sofoca por medio de una sobre-estimación del valor propio. No sorprende entonces que la opinión pública pueda ser manufacturada tan fácilmente.

“Alimento pre-digerido” debiese estar inscrito en toda sala de aprendizaje como advertencia a todos quienes no deseen perder su personalidad y su sentido original de juicio, quienes, en vez, estarían contentos con una gran cantidad de conchas vacías y superficiales. Eso debería ser suficiente como reconocimiento a los múltiples obstáculos puestos en el camino de un desarrollo mental independiente del niño.

Igualmente numerosas, y no menos importantes, son las dificultades que confronta la vida emocional de los jóvenes. ¿No debe uno suponer que los padres deban estar unidos a los niños por las más tiernas y delicadas cuerdas? Debería uno suponerlo; sin embargo, triste como es, es, no obstante, cierto, que los padres son los primeros en destruir las riquezas internas de sus niños.

Las Escrituras nos dicen que Dios creó al Hombre a Su semejanza, lo que por ningún motivo ha sido un éxito. Los padres siguen el mal ejemplo de su amo celestial; hacen todo esfuerzo por dar forma y moldear al niño de acuerdo a su imagen. Se aferran tenazmente a la idea de que el niño es mera parte de ellos mismos — una idea tan falsa como injuriosa, y que solo aumenta la incomprensión del alma del niño, y de las necesarias consecuencias de la esclavitud y la subordinación.

Tan pronto como los primeros rayos de conciencia iluminan la mente y el corazón del niño, comienza instintivamente a comparar su propia personalidad con la personalidad de quienes lo cuidan. ¿Cuántos riscos duros y fríos encuentran su gran mirada curiosa? Pronto se enfrenta con la dolorosa realidad de que está aquí solo para servir de materia inanimada para padres y guardianes, cuya autoridad sola le da molde y forma.

La terrible lucha de la mujer y el hombre pensantes contra las convenciones políticas, sociales y morales debe su origen a la familia, donde el niño es siempre obligado a batallar contra el uso interno y externo de la fuerza. Los imperativos categóricos: Tú has! tú debes! esto es correcto! eso es incorrecto! esto es cierto! eso es falso! caen como violenta lluvia sobre la cabeza rudimentaria del joven ser y le imprime en sus sensibilidades que debe postrarse ante las largamente establecidas y duras nociones de los pensamientos y las emociones. Sin embargo las cualidades e instintos latentes buscan afirmar sus propios métodos peculiares de encontrar la base de las cosas, de distinguir entre lo que comúnmente se denomina incorrecto, verdadero o falso.

Se inclina a ir por su propio camino, ya que está compuesto de los mismos nervios, músculos y sangre, tal como aquellos que asumen dirigir su destino. No puedo entender cómo esperan los padres que sus niños crezcan para ser espíritus independientes, auto-suficientes, cuando hacen todo esfuerzo por abreviar y limitar las diversas actividades de sus hijos, el plus en cualidad y carácter, que diferencia a su prole de sí mismos, y en virtud de la cual son portadores eminentemente equipados de ideas nuevas y vigorizantes. Un árbol joven y delicado, que está siendo recortado y podado por el jardinero para darle una forma artificial, nunca alcanzará la majestuosa altura y la belleza que cuando se le deja crecer en su naturaleza y libertad.

Cuando el niño alcanza la adolescencia, se encuentra, sumado a las restricciones del hogar y la escuela, con inmensa cantidad de tradiciones rígidas de la moral social. Las ansias de amor y sexo se topan con la ignorancia absoluta de la mayoría de los padres, quienes lo consideran algo indecente e inapropiado, algo vergonzoso, casi criminal, a ser reprimido y combatido como una enfermedad terrible. El amor y los tiernos sentimientos en la joven planta se tornan en vulgaridad y ordinariez por la estupidez de quienes le rodean, de modo que todo lo lindo y bello es o bien aplastado por completo o escondido en las profundidades más internas, como un gran pecado, que no osa enfrentar la luz.

Lo más asombroso es el hecho de que los padres se privarán de todo, sacrificarán todo por el bienestar físico del niño, se desvelarán por las noches y temerán agonizantes cualquier mal físico de su amado; pero seguirán fríos e indiferentes, sin la más leve comprensión de las ansias del alma y los anhelos de su niño, ni oyendo ni queriendo oír el fuerte llamado del joven espíritu que demanda reconocimiento. Por el contrario, sofocarán la bella voz de la primavera, de una nueva vida de belleza y el esplendor del amor; pondrán el largo y esbelto dedo de la autoridad sobre la tierna garganta y no permitirán desahogo al plateado canto del crecimiento individual, de la belleza del carácter, de la fuerza del amor y la relación humana, que por sí solos hacen que la vida valga la pena vivirla.

Y sin embargo estos padres imaginan que quieren lo mejor para su niño, y que yo sepa, algunos realmente lo quieren; pero lo mejor significa la muerte y el deterioro para el brote en desarrollo. Después de todo, no están más que imitando a sus propios amos en los asuntos de Estado, comercial, social, y moral, reprimiendo por la fuerza todo intento independiente de analizar los males de la sociedad y todo sincero esfuerzo hacia la abolición de estos males; nunca capaces de asir la eterna verdad de que todo método que emplean sirve como el mayor ímpetu por hacer nacer un mayor anhelo por la libertad y un fervor más profundo por luchar por ello.

Esa compulsión está destinada a despertar la resistencia, todo padre y maestro debiese saberlo. Gran sorpresa se expresa ante el hecho de que la mayoría de los niños de padres radicales o bien se oponen a las ideas de éstos, muchos de ellos circulando los viejos y anticuados caminos, o son indiferentes a los nuevos pensamientos y enseñanzas de regeneración social. Y sin embargo nada hay de inusual en ello. Los padres radicales, aunque emancipados de la creencia de apropiación del alma humana, aún se aferran tenazmente a la idea de que son dueños del niño, y de que tienen el derecho de ejercer su autoridad sobre el niño. De modo que se disponen a moldear y formar al niño de acuerdo a su propia concepción de lo que es correcto e incorrecto, forzando sus ideas en él con la misma vehemencia que usa el padre católico promedio. Y, con esto último, sostienen la necesidad ante el joven de “hacer lo que te digo y no lo que yo hago.” Pero la mente impresionable del niño se da cuenta pronto que las vidas de sus padres están en contradicción con las ideas que representan; que, como el buen cristiano que fervientemente reza los días domingo, pero sigue rompiendo los mandamientos del señor el resto de la semana, el padre radical  acusa a Dios, al clérigo, la iglesia, el gobierno, la autoridad doméstica, pero sigue ajustándose a la condición que aborrece. Así también, el padre librepensador puede jactarse orgulloso de que su hijo de cuatro años reconoce la imagen de Thomas Paine o de Ingersoll, o que sabe que la idea de Dios es estúpida. O el padre social-demócrata puede señalar a su pequeña niña de seis años y decir, “¿quién escribió el Capital, querida?” “Karl Marx, papá!” O la madre anarquista puede hacer saber que el nombre de su hija es Louise Michel, Sophia Perovskaya, o que puede recitar los poemas revolucionarios de Herwegh, Freiligrath, o de Shelley, y que señalará los rostros de Spencer, Bakunin o Moses Harmon en todo lugar.

Estas no son exageraciones; son tristes realidades que he encontrado en mi experiencia con padres radicales. ¿Cuáles son los resultados de tales métodos de inclinación de la mente? Lo siguiente es la consecuencia, y no muy poco frecuente, tampoco. El niño, alimentado de ideas unilaterales, establecidas y fijas, pronto se agota de volver a tocar las creencias de sus padres, y sale en busca de nuevas sensaciones, no importa cuán inferior y superficial pueda ser la nueva experiencia, la mente humana no soporta lo mismo y la monotonía. Entonces ocurre que el niño o la niña, sobre-alimentado de Thomas Paine, caerá en los brazos de la iglesia, o votará por el imperialismo solo por escapar del determinismo económico y del socialismo científico, o abrirá una fábrica de blusas y se aferrará a su derecho de acumular propiedad, solo para hallar consuelo del anticuado comunismo de su padre. O la niña se casará con el primer hombre, mientras pueda mantenerse, solo para arrancar de la charla perpetua de la variedad.

Tal condición de los asuntos puede ser muy doloroso para padres que desean que sus hijos sigan su camino, pero yo lo veo como fuerzas psicológicas muy refrescantes y alentadoras. Son la más grande garantía de que la mente independiente, al menos, resistirá siempre a toda fuerza externa y extraña ejercida sobre el corazón y la cabeza humanas.

Algunos preguntarán, ¿qué hay de las naturalezas débiles, no deben ser protegidas? Sí, pero para poder hacerlo, será necesario darse cuenta de que la educación de los niños no es sinónimo de la instrucción y entrenamiento de ganado. Si la educación ha de significar realmente algo, debe insistir en el libre crecimiento y desarrollo de las fuerzas y tendencias innatas del niño. Solo de este modo podemos esperar al  individuo libre y eventualmente también a una comunidad libre, que habrá de hacer que la interferencia y la coerción del crecimiento humano sea imposible.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El Estado




Por Manuel González Prada.



Esclavizarse por razón de política vale tanto como someterse por causa de religión: esclavos de una casaca o de una levita da lo mismo que siervo de una sotana o de un hábito. Reconocer la omnipotencia de un Parlamento es, acaso, más absurdo que admitir la infalibilidad de un concilio: siquiera en las magnas reuniones de los clérigos ergotizan y fallan hombres que saben latín y cánones, mientras en los congresos divagan y legiferan personajes que a duras penas logran recordar cuántos dedos llevan en cada mano.

En el orden civil se puede ser tan Domingo de Guzmán y Torquemada como en el gobierno eclesiástico. Inquisidores laicos, los políticos mudan la Diosa-Iglesia por el Dios-Estado y rechazan los misterios del Catolicismo para profesar los dogmas de la Ley. El espíritu que anima a los curas no se diferencia mucho del que arrastra a los hombres públicos: tonsurados y no tonsurados, todos proceden o procederían de igual manera. Los políticos no fulminan excomuniones ni encienden hogueras, más declaran fuera de la ley, encarcelan, deportan y fusilan: hacen cuanto el medio social permite, que muy bien excomulgarían y quemarían, si les dejaran excomulgar y quemar.

Antes se negaba la moralidad sin la religión; hoy no se admiten el orden sin las leyes, el individuo sin la autoridad, la fiera sin el domador. Como el amor a Dios y el miedo al infierno se han convertido en entidades despreciables que de nada influyen en la conducta de las personas ingénitamente honradas, así el respeto a las autoridades y el temor a los códigos no engendran la rectitud de los corazones bien puestos: sin alguaciles ni cárceles, los honrados seguirán procediendo honradamente, como a pesar de cárceles y alguaciles, los malos continúan haciendo el mal.

Los que en nuestros días no conciben el movimiento social sin el motor del Estado se parecen a los infelices que en pleno siglo XIX no comprendían cómo un tren pudiera ir y venir sin la tracción animal. Recuerdan también al campesino que se lo explicaba todo en el automóvil menos el cómo pudiera andar sin caballos.

El individuo se ha degradado hasta el punto de convertirse en cuerpo sin alma, incondicionalmente sometido a la fuerza del Estado; para él suda y se agota en la mina, en el terruño y en la fábrica; por él lucha y muere en los campos de batalla. En la Edad Media fuimos un trozo de género para coser una sotana; hoy somos el mismo trozo para hacer una casaca. Y(todo lo sufrimos cobarde y ovejunamente! Merced a innumerables siglos de esclavitud y servidumbre, parece que hubiéramos adquirido el miedo de vernos libres y dueños de nosotros mismos: en plena libertad, vacilamos como ciegos sin lazarillo, temblamos como niño en medio de las tinieblas.

Por eso, las mismas víctimas unen su voz a la voz de los verdugos para clamar contra los valerosos reformadores que predican la total emancipación del individuo. Más no creemos que en las muchedumbres dure eternamente esa aberración mental. Las semillas arrojadas por los grandes libertarios de Rusia y Francia van germinando en América y Europa. Los burgueses más espantadizos empiezan a ver en la Anarquía algo que no se resume en las bombas de Vaillant y Ravachol.

Los que vengan mañana, juzgarán a los actuales enemigos del Estado, como nosotros juzgamos a los antiguos adversarios de la Iglesia: verán en anarquistas y rebeldes lo que nosotros vemos hoy en los impíos y herejes de otras épocas.


Manuel González Prada


(*) Este texto se publicó en 1904 en el periódico anarcosindicalista Los Parias, en Lima - Perú.

viernes, 7 de octubre de 2016

"La tiranía de la tiranía"





Por Cathy Levine.




En un artículo titulado “La tiranía de la falta de estructura”, que ha recibido gran atención en el movimiento de mujeres (en MS, en Second Wave, etc.) se ataca la tendencia hacia la "falta de líderes" y la existencia de "grupos desestructurados" como si fuera la principal -si no la única- forma orgánica del movimiento y la plantea como un callejón sin salida. Aunque escrito y recibido con buena fe, como una ayuda al movimiento, el artículo es destructivo porque distorsiona y calumnia una estrategia válida y consciente para construir movimientos revolucionarios. Es tiempo de que reconozcamos como una alternativa política real la dirección a la que apuntan estas tendencias, antes que impedir que aparezcan.

Hay por lo menos dos modelos diferentes para construir un movimiento y Joreen sólo da cuenta de uno: una organización de masas con un control fuerte y centralizado, como un partido. El otro modelo, se basa en pequeños grupos de asociación voluntaria.

Un grupo grande funciona como una suma de partes en la que cada miembro funciona como una unidad, un engranaje de la rueda de la organización más grande. El individuo está alienado por el tamaño y se ve relegado a luchar en contra de los obstáculos que genera el tamaño del grupo, por ejemplo esforzándose por asumir un punto de vista aceptado por todos.

Por otro lado, los pequeños grupos, multiplican la fuerza de cada uno de sus miembros. Al trabajar colectivamente entre pocas personas, los pequeños grupos utilizan al máximo la variada contribución de cada integrante. Lo que permite alentar y potenciar los aportes individuales, en vez de perder tiempo en la competencia por la sobrevivencia del más apto, más astuto o agraciado de la organización.

Joreen asocia la influencia de los pequeños grupos con la fase del despertar de la conciencia en el movimiento de mujeres. Sin embargo concluye que al desplazar el centro de atención desde la conciencia individual hacia la construcción de un movimiento revolucionario de masas, las mujeres deberían implicarse en la construcción de una gran organización. Este planteamiento es cierto y durante algún tiempo muchas mujeres que han participado en grupos de despertar de la conciencia sienten la necesidad de expandir sus actividades políticas más allá del rango de acción de este tipo de grupos, pero se sienten confundidas sin saber qué hacer. Aunque es igualmente cierto que otras corrientes de izquierda también están confundidas y no saben cómo derrotar al capitalismo, al imperialismo, al casi fascismo norteamericano.

Joreen, no obstante, no logra definir lo que entiende por movimiento de mujeres, requisito indispensable para debatir la estrategia o dirección a seguir. El movimiento feminista, en su sentido más pleno, en tanto movimiento para derrocar al patriarcado, es un movimiento revolucionario y socialista bajo el alero de la izquierda. Un problema central para que las mujeres determinen las estrategias del movimiento de mujeres es cómo relacionarse con la izquierda masculina; no queremos hacer nuestros sus modus operandi porque los consideramos una perpetuación de los valores patriarcales y capitalistas.

A pesar de nuestros mejores esfuerzos por renegar y apartarnos de la izquierda masculina, no lo hemos logrado del todo. Los hombres son capaces de organizar la forma en que tienen sexo: mucho apuro y luego el "portazo y gracias nena". Las mujeres deberíamos edificar el movimiento del modo en que hacemos el amor: gradualmente, implicándonos constantemente, esforzándonos sin limitaciones y, por supuesto, orgasmos múltiples. En vez de sentirnos desanimadas y aisladas ahora, deberíamos estar en nuestros pequeños grupos debatiendo, planeando, creando y problematizando. Deberíamos estar siempre generándole problemas al patriarcado y apoyando a las mujeres; deberíamos estar siempre comprometiéndonos y generando accionar feminista, porque todas nos fortalecemos con ello. Sin un accionar feminista, las mujeres caen en los tranquilizantes, se enferman y suicidan.

La otra forma de inactividad que amenaza a los que participamos en política, es la sobreimplicación que desembocó en los sesenta en una generación de activistas radicales agotados. Una vez me comentó una amiga feminista que para ella estar en el movimiento implicaba "pasar el 25% de su tiempo en actividades grupales y 75% en actividades desarrollándose ella misma". Este item es importante y real para el movimiento de mujeres por lo que debemos pensar en ello. Ya que el movimiento masculino piensa que los participantes del movimiento deben dedicar las 24 horas del día a la Causa, algo totalmente coherente con la socialización femenina en vistas al autosacrificio. Hundimos nuestra cabeza en las actividades organizacionales, descuidando nuestro desarrollo personal, sin importar cuál sea la causa de nuestra dedicación al resto. Finalmente, un día, descubrimos que no sabemos lo que estamos haciendo, ni para quien lo hacemos; el resultado es que terminamos en un estado de autodesprecio similar al que teníamos antes de ingresar al movimiento. (Por otro lado la sobreimplicación masculina, obviamente que no motivada por ningún autosacrificio de género, huele intensamente a la ética judía/protestante/trabajo/logro, e incluso a la fachada "racional", fría, no emocional, con la cual el machismo suprime los sentimientos de los hombres).

Estos escollos perennes del movimiento popular, que representan un pozo sin fondo para el movimiento, los explica Jo Freeman como parte de la "Tiranía de la desestructura", lo que es una broma en el contexto de una nación de semiautómatas que luchan por mantener una apariencia de individualidad en contra de un aparataje militar/industrial postecnológico. Por el contrario lo que definitivamente no necesitamos más son estructuras y reglas que nos den respuestas fáciles, alternativas prefabricadas sin espacio para nuestras propias formas de vida. Lo que está amenazando a la izquierda femenina y aún más a las otras corrientes, es 'la Tiranía de la Tiranía', que ha impedido relacionarse con los individuos o generar organizaciones que no eliminen la individualidad con roles preestablecidos y liberarnos de las estructuras capitalistas.

En contraposición al supuesto de Joreen, la fase del despertar de la conciencia no ha acabado. El despertar de la conciencia es un proceso vital que debe continuar entre aquellos comprometidos con el cambio social; mediante la liberación revolucionaria. Despertar nuestras conciencias es de todas formas una idea amplia, una vaguedad, y necesita ser clarificada. Una ofensiva comercial televisiva puede despertar la conciencia de las mujeres en tanto la mujer plancha sola en su hogar la ropa de su marido; le puede recordar lo que ya sabe, que está entrampada y su vida no tiene sentido, que está aburrida, etc. pero probablemente no la animará a que deje el lavado y organice una huelga de trabajadoras del hogar. El despertar de conciencias es una estrategia de la revolución y debe ayudar a las mujeres a traducir su insatisfacción personal en conciencia de clase y posibilitar que las mujeres organizadas sean accesibles a todas las mujeres.

Con la propuesta que hace Joreen de que el próximo paso después de los grupos despertadores de conciencia es la construcción de un movimiento, ella no solo opone falsamente el uno al otro sino también pasa por alto un importante proceso del movimiento feminista: construir cultura de mujeres. Aún cuando se requiere una fuerza masiva de mujeres (y algunos hombres) para enfrentar al poder del estado, un movimiento de masas no hace la revolución por sí mismo. Si esperamos crear una sociedad libre de la supremacía masculina después de derribar al capitalismo y construir el socialismo internacional, sería mejor que empezáramos a trabajar en ello de inmediato, ya que algunos de nuestros compañeros anticapitalistas nos van a dar mucho que hacer. Debemos generar una cultura de mujeres visible dentro de la cual las mujeres puedan definirse y expresarse aparte de los patrones patriarcales y que satisfaga las necesidades de las mujeres no cubiertas por el patriarcado.

La cultura es una parte esencial del movimiento revolucionario y es también una de las herramientas más importantes de la contrarrevolución. Debemos ser muy cuidadosas en especificar que la cultura de la que estamos hablando es una revolucionaria y que confronta constantemente a la cultura del padre.

La cultura de una clase oprimida o colonizada no es necesariamente revolucionaria: Norteamérica contiene (en el sentido de "tener" y en el sentido de "impedir la propagación") 'muchas subculturas', que aunque se definen diferentes a la cultura del padre, no amenazan el status quo. De hecho son parte de una Norteamérica "multicultural", una-gran-familia-feliz de culturas étnico/sociales, la "contracultura". Ellos han sido validados, admitidos, adoptados o comprados por la gran cultura. Lo que llamamos cooptación.

La cultura de las mujeres, desde un nuevo círculo de liberación hasta la revista MS, pasando por la Bitácora de una Dueña de Casa Loca, enfrenta ese verdadero peligro justo ahora. La Nueva Mujer, es decir: de clase media, universitaria, emparejada con algún hombre, puede obtener su trozo del pastel norteamericano. Suena bien pero ¿qué pasa con la revolución? Debemos reevaluar constantemente nuestra posición para asegurarnos que no estamos siendo acogidas en los brazos siempre abiertos del Tío Sam.

El tema de la cultura de las mujeres, aunque denigrado por la ciega y arrogante izquierda masculina, no es necesariamente un tema revisionista. La polarización entre los roles femeninos y masculinos en tanto definidos y controlados por la sociedad masculina, no sólo ha subyugado a las mujeres sino que ha hecho que todos lo hombres, sin importar clase ni raza, se sientan superiores a las mujeres. Este sentimiento de superioridad junto con contrarrestar los impulsos anticapitalistas, es la espina dorsal del sistema. El objetivo de la revolución feminista es que las mujeres conquisten la humanidad plena, lo que significa destruir los roles masculinos y femeninos que hacen a los hombres y a las mujeres, humanos a medias. Recuperaremos nuestra humanidad perdida creando cultura de mujeres.

El tema de nuestra humanidad perdida muestra aquello que los marxistas comunes han descuidado en sus análisis durante más de medio siglo: los elementos psicosexuales en la estructura del carácter de cada individuo, que actúa como un policía interior, en cada miembro de la sociedad. Wilhelm Reich describió en forma estrecha, heterosexual y centrada en lo masculino la armazón del carácter en cada persona y cómo los transforma en verdaderos fascistas o en buenos ciudadanos. Las mujeres experimentamos este fenómeno a diario que se manifiesta en la represión de los sentimientos, especialmente obvio entre nuestros amigos varones, para quienes es muy difícil expresar o incluso "exponer" sus sentimientos honestamente. La tara psíquica con la que la psicología capitalista nos coacciona, es problema de los individuos, es una situación social que nos afecta a todos y que ayuda a la sociedad capitalista avanzada a mantenernos en el mismo saco. Las taras psíquicas de los ciudadanos logran que trabajen, que peleen en las guerras, que repriman a sus mujeres, a los no-blancos y a todo los inconformistas susceptibles de ser reprimidos. En nuestra sociedad postecnológica, todo sus miembros la reconocen como la cultura más avanzada, aunque las taras psíquicas sean también las más avanzadas, sin duda ahora hay mucha más mierda para la psique como el "yo estoy bien, tú estás bien" de Jonathan Livingstone Seagull y su política, sin mencionar a los postneofreudianos y a los cirujanos psíquicos.

Por enésima vez, permítasenos decir que hasta que no encaremos nuestras cadenas psíquicas internas, cuando estudiamos las externas en las estructuras políticas y las relaciones sociales, no lograremos crear una fuerza que amenace a nuestro enemigo, es más ni siquiera sabremos quién es el enemigo. La izquierda ha perdido horas y mucho papel intentando definir a la clase dominante; pero la clase dominante tiene sus representantes carceleros dentro de la mente de cada miembro de la sociedad, por eso la lógica que hay detrás se llama paranoia. La tiranía de la tiranía es un enemigo profundamente fortificado.

El grupo pequeño es donde se conecta la lucha psicológica con la participación política. Es por eso que los temas de táctica y estrategia y los métodos de organización son tan cruciales en este momento. Durante décadas, la izquierda ha estado intentando sacar a la calle a la gente, siempre y cuando existiera un número suficiente para provocar algún efecto. Como lo planteaba IF Stone, no se puede hacer la revolución cuando más de la mitad de la población es feliz. Tampoco debemos esperar a que cada uno se radicalice. Por un lado, debemos plantear constantemente alternativas al capitalismo a través de cooperativas de alimentos, acciones antiempresariales y acciones de rebelión personal, pero también debemos combatir las estructuras capitalistas psíquicas y los valores y formas de vida que de ellas derivan. Las estructuras, los presidentes, los líderes, la retórica… cuando una reunión de izquierdistas se vuelve indistinguible en el estilo de una sesión del senado, no debemos reírnos sino reevaluar la estructura que hay detrás del estilo y reconocerla como una representante del enemigo.

El origen de la preferencia por los pequeños grupos en el movimiento de mujeres - y por pequeños grupos me refiero a colectivos políticos - fue, como lo expuso Joreen, una reacción en contra de la organización jerárquica y sobreestructurada de la sociedad en general y de los grupos masculinos de izquierda en particular. Pero la gente no se da cuenta de que reaccionamos en contra de la burocracia porque nos priva de la gestión, como el resto de esta sociedad. Y en vez de reconocer nuestra locura volviendo al redil estructurado, nosotras que nos rebelamos en contra de la burocracia debemos crear alternativas a la organización burocrática. La razón para construir un movimiento basado en los colectivos es que queremos crear una cultura revolucionaria coherente con nuestra visión de una nueva sociedad; es más que una reacción; los pequeños grupos son una solución.

Debido a que el movimiento de las mujeres tiende, en este momento, hacia los pequeños grupos y que carece de dirección, algunos concluyen que los pequeños grupos son culpables de la falta de dirección. Ellos enarbolan el arcaísmo de la "estructura" como la solución al jaque estratégico, como si la estructura nos pudiera dar la comprensión teórica o el alivio a las ansiedades personales. Nos puede dar una estructura en la cual "organizarnos" o reunir más mujeres, pero en ausencia de estrategia política podemos estar generando una ironía kafkiana donde el proceso sea reemplazado por la reunión.

La falta de energía política nos ha estado acechando durante los últimos años, aunque en menor medida en el movimiento de mujeres que en la izquierda masculina, probablemente se relaciona directamente con sentimientos de insatisfacción personal que tiranizan a todos y cada uno de nosotros. A menos que confrontemos estos sentimientos directamente y los tratemos con la misma seriedad con la que tratamos el bombardeo de Hanoi, la paralización que provocan los primeros impedirá que tomemos medidas en contra del segundo. Más que hacer un llamado a reemplazar los pequeños grupos por grupos estructurados más grandes, necesitamos alentarnos unas a otras para ubicarnos en pequeños grupos desestructurados que reconozcan y emulen el valor del individuo. La amistad, más que cualquier terapia, alivia inmediatamente los sentimientos de insatisfacción personal. La revolución se debiera construir siguiendo el modelo de la amistad.

El problema omnipresente que Joreen confronta, aquél de las élites, no se soluciona con la formación de estructuras. Contrariamente a la creencia de que la falta de estructuras lleva a la maquinación, a estructuras invisibles basadas en élites, la ausencia de estructuras en pequeños grupos de confianza mutua, combate al elitismo en su nivel básico, el nivel de las dinámicas personales, en las cuales el individuo que contrarresta la inseguridad con un comportamiento agresivo domina sobre aquel cuya inseguridad lo mantiene en silencio. Los pequeños grupos que involucran personalmente aprenden primero a reconocer aquellas diferencias de estilo y después a apreciarlas y trabajar con ellas. Más que intentar ignorar o aniquilar las diferencias de estilo personal, los pequeños grupos aprenden a apreciarlas y a utilizarlas; por lo tanto a fortalecer el poder personal de cada individuo. Dado esto cada uno ha sido socializado en una sociedad en la cual la competencia individual es la forma de existencia. No vamos a eliminar todos los estilos personales en tanto poder a menos que reconozcamos las diferencias y aprendamos a dejar coexistir esas diferencias. Ya que no somos el enemigo sino las víctimas, necesitamos potenciarnos y no destruirnos unos a otros. Los elementos destructivos retrocederán en la medida en que nos fortalezcamos. Pero mientras tanto debemos protegernos de las situaciones que recompensan el estilo personal con el poder. Las reuniones premian a los más agresivos, retóricos, carismáticos y que se expresan con más claridad (casi siempre hombres).

Considerando los múltiples y variados derivados del término "anarquismo" que circulan, muy pocos en la izquierda se han dedicado a estudiarlo con seriedad. Estamos seguras de que las personas que se enorgullecen de la hipocresía de los tabúes sociales están imbuidos del tabú en contra del anarquismo.

Del mismo modo que con la masturbación, se nos ha educado para temer al anarquismo irracional e incuestionablemente, porque no hacerlo podría llevarnos a probarlo, aprenderlo y disfrutarlo. Para cualquiera que haya considerado alguna vez la posibilidad de que la masturbación puede proporcionar más beneficios que locura, es altamente recomendable que estudie también el anarquismo. Remontándose incluso a los tiempos de Marx cuando Bakunin era su adversario socialista más radical… más radical ya que había dado un gigantesco paso más allá al confiar en las capacidades de los individuos para salvar a la humanidad.

¿Por qué la izquierda no ha hecho otra cosa que ignorar al anarquismo? Puede ser a causa de que los anarquistas nunca han logrado una victoria revolucionaria. El marxismo ha triunfado, pero también el capitalismo, esto sólo prueba o sugiere que el perdedor, hasta este momento, está de nuestro lado. Los anarquistas rusos se opusieron tenazmente a la tiranía demasiado revisionista de los bolcheviques, de la cual se ríe con socarrona crueldad la Nueva Izquierda ante sus padres izquierdistas de los 60. Es cierto, la antigua generación de izquierdistas norteamericanos era cerrada de mente, tanto que no veían que el capitalismo se regeneraba en Rusia; pero la visión sesgada con la cual hemos esbozado la huella del dogma marxista leninista no es algo de lo cual enorgullecerse.

Desde luego las mujeres hemos salido del túnel antes que la mayoría de los hombres porque en la oscuridad, guiadas por hombres ciegos de la Nueva Izquierda, nos encontramos a nosotras mismas. Dueñas de casa para la revolución o prostitutas para el proletariado; es impresionante cómo la forma en que somos vistas se refunda a sí misma. A lo largo de todo el país, los grupos independientes de mujeres comenzaron funcionando sin estructuras, líderes y otros clichés de la izquierda masculina, crearon independiente y simultáneamente, organizaciones similares a las de los anarquistas. Lo que no es casualidad.


El estilo, la audacia de Emma Goldman ha sido adoptado por mujeres que no se consideran a sí mismas anarquistas… porque Emma avanzaba con los tiempos. Pocas mujeres han asustado a tantos hombres por tanto tiempo. Parece lógico que deberíamos estudiar a Emma Goldman, no para seguir cada uno de sus pensamientos sino para encontrar la fuente de su fortaleza y su amor a la vida. Sin embargo, no es casual que el Terror Rojo anarquista, llamado Emma Goldman, fuera también una defensora y practicante del amor libre. Ella desafió las barreras capitalistas mucho más que sus contemporáneos marxistas.


jueves, 29 de septiembre de 2016

Patria y nacionalidad




Por Mijaíl Bakunin.




El Estado no es la patria; es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política y jurídica de la patria. La gente sencilla de todos los países ama profundamente a su patria; pero éste es un amor natural y real. El patriotismo del pueblo no es sólo una idea, es un hecho; pero el patriotismo político, el amor al Estado, no es la expresión fiel de este hecho: es una expresión distorsionada por medio de una falsa abstracción, siempre en beneficio de una minoría explotadora.

La patria y la nacionalidad son, como la individualidad, hechos naturales y sociales, fisiológicos e históricos al mismo tiempo; ninguno de ellos es un principio. Sólo puede considerarse como un principio humano aquello que es universal y común a todos los hombres; la nacionalidad separa a los hombres y, por tanto, no es un principio. Un principio es el respeto que cada uno debe tener por los hechos naturales, reales o sociales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos; y por ello debemos respetarla. Violarla seria cometer un crimen; y, hablando el lenguaje de Mazzini, se convierte en un principio sagrado cada vez que es amenazada y violada. Por eso me siento siempre y sinceramente el patriota de todas las patrias oprimidas.


La esencia de la nacionalidad. Una patria representa el derecho incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región y nación a vivir, sentir, pensar, desear y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo desarrollo histórico.

Por tanto, nos inclinamos ante la tradición y la historia; o, más bien, las reconocemos, y no porque se nos presenten como barreras abstractas levantadas metafísica, jurídica y políticamente por intérpretes instruidos y profesores del pasado, sino sólo porque se han incorporado de hecho a la carne y a la sangre, a los pensamientos reales y a la voluntad de las poblaciones. Se nos dice que tal o cual región - el cantón de Tesino [en Suiza], por ejemplo -pertenece evidentemente a la familia italiana: su lenguaje, sus costumbres y sus restantes características son idénticos a los de la población de Lombardía y, en consecuencia, debería pasar a formar parte del Estado italiano unificado.

Creemos que se trata de una conclusión radicalmente falsa. Si existiera realmente una identidad sustancial entre el cantón de Tesino y Lombardía, no hay duda alguna de que Tesino se uniría espontáneamente a Lombardía. Si no es así, si no siente el más leve deseo de hacerlo, ello demuestra simplemente que la Historia real - la vigente de generación en generación en la vida real del pueblo del cantón de Tesino, y responsable de su disposición contraria a la unión con Lombardía - es algo completamente distinto de la historia escrita en los libros.

Por otra parte, debe señalarse que la historia real de los individuos y los pueblos no sólo procede por el desarrollo positivo, sino muy a menudo por la negación del pasado y por la rebelión contra él; y que este es el derecho de la vida, el inalienable derecho de la presente generación, la garantía de su libertad.


La nacionalidad y la solidaridad universal. No hay nada más absurdo y al mismo tiempo más dañino y mortífero para el pueblo que erigir el principio ficticio de la nacionalidad como ideal de todas las aspiraciones populares. El nacionalismo no es un principio humano universal. Es un hecho histórico y local que, como todos los hechos reales e inofensivos, tiene derecho a exigir general aceptación. Cada pueblo y hasta la más pequeña unidad étnica o tradicional tiene su propio carácter, su específico modo de existencia, su propia manera de hablar, de sentir, de pensar y de actuar; y esta idiosincrasia constituye la esencia de la nacionalidad, resultado de toda la vida histórica y suma total de las condiciones vitales de ese pueblo.

Cada pueblo, como cada persona, es involuntariamente lo que es, y por eso tiene un derecho a ser él mismo. En eso consisten los llamados derechos nacionales. Pero si un pueblo o una persona existe de hecho de una forma determinada, no se sigue de ello que uno u otra tengan derecho a elevar la nacionalidad, en un caso, y la individualidad en otro como principios específicos, ni que deban pasarse la vida discutiendo sobre la cuestión. Por el contrario, cuanto menos piensen en sí mismos y más imbuidos estén de valores humanos universales, más se vitalizan y cargan de sentido tanto la nacionalidad como la individualidad.


La responsabilidad histórica de toda nación. La dignidad de toda nación, como la de todo individuo, debe consistir fundamentalmente en que cada uno acepte la plena responsabilidad de sus actos, sin tratar de desplazarla a otros. ¿No son muy estúpidas todas esas lamentaciones de un muchachote quejándose con lágrimas en los ojos de que alguien lo ha corrompido y le ha puesto en el mal camino? Y lo que es impropio en el caso de un muchacho está ciertamente fuera de lugar en el caso de una nación, cuyo mismo sentimiento de autoestima debería excluir cualquier intento de cargar a otros con la culpa de sus propios errores.


Patriotismo y justicia universal. Cada uno de nosotros debería elevarse sobre ese patriotismo estrecho y mezquino para el cual el propio país es el centro del mundo, y que considera grande a una nación cuando se hace temer por sus vecinos. Deberíamos situar la justicia humana universal sobre todos los intereses nacionales. Y abandonar de una vez por todas el falso principio de la nacionalidad, inventada recientemente por los déspotas de Francia, Prusia y Rusia para aplastar el soberano principio de la libertad. La nacionalidad no es un principio; es un hecho legitimado, como la individualidad. Cada nación, grande o pequeña, tiene el indiscutible derecho a ser ella misma, a vivir de acuerdo con su propia naturaleza. Este derecho es simplemente el corolario del principio general de libertad.

Todo aquél que desee sinceramente la paz y la justicia internacional debería renunciar de una vez y para siempre a lo que se llama la gloria, el poder y la grandeza de la patria, a todos los intereses egoístas y vanos del patriotismo.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Anarquismo: La conexión feminista





Por Peggy Kornegger.

Estados Unidos, 1975.




Hace once años, cuando estudiaba en una secundaria de Illinois, no había escuchado nunca la palabra "anarquismo". Lo más cerca que estuve de ellas fue entenderla como "caos", así como en mi clase de historia alguien me transmitió el mensaje de que no había diferencia entre el socialismo, el comunismo y el fascismo, con toda la connotación que este tiene a Hitler, campos de concentración y toda clase de cosas horribles que nunca pasarían en un país libre como el nuestro. Fui sutilmente adiestrada para tragarme las ideas políticas tradicionales de E.E.U.U.: la moderación, el compromiso, el salto de valla, el considerar a Chuck percy como un chico estupendo. Aprendí bien la lección: me tomó años reconocer el sesgo y la distorsión que habían moldeado toda mi "educación". La "his-toria" de la humanidad (blanca) significó precisamente eso; como mujer estaba relegada a una existencia virtual y como anarquista apenas tenía si tenía existencia. Me habían arrebatado todo un trozo de mi pasado y de sus proyecciones al futuro. Sólo hace poco descubrí que muchos de mis tendencias e inclinaciones políticas inconscientes compartían un esquema común, y era la tradición de pensamiento anarquista o libertario. Por primera vez vi en colores después de años de ver sólo tonos grises.

Fue Emma Goldman la que me proporcionó mi primera definición de anarquismo:
El anarquismo, representa la liberación de la mente humano de la dominación de la religión; representa la liberación del cuerpo de la dominación de la propiedad; la liberación de las cadenas y restricciones de un gobierno. El anarquismo representa un orden social basado en la conjunción de grupos libres de individuos que producen el bienestar social, y un orden que le dará la garantía a todo ser humano de tener libre acceso a la tierra y a la posibilidad de cubrir sus necesidades vitales, de acuerdo a sus deseos, gustos e inclinaciones individuales. (Lo que representa en verdad el anarquismo: Emma Goldman)

Comencé muy tempranamente a hacer conexiones entre el anarquismo y el feminismo radical. Fue muy importante para mí escribir algunas percepciones sobre este tema con el objetivo de comunicar a otros el estímulo que era el anarco-feminismo. Es crucial que compartamos nuestras visiones con otros para romper las barreras que las equivocaciones y la disgregación levantaban entre nosotros. Aunque me declaraba anarco-feminista, esta definición podía ser fácilmente incluida en el socialismo, el comunismo, el feminismo cultural, el separatismo lésbico, u otra media docena de calificativos. Como escribió Su Negri: "Ningún paraguas ideológico puede cubrirme por completo". Podría resultar que tuviéramos en común mucho más que lo que creemos, ya que mientras escribo sobre mis reacciones y percepciones, no las veo separadas de las vidas y pensamientos de otras mujeres. De hecho, una de mis convicciones más fuertes en el Movimiento de Mujeres es que efectivamente compartimos una comunidad de visión increíble. Mi propia participación en esta visión no es para ofrecer postulados o respuestas rígidas sino posibilidades y relaciones flexibles que espero puedan germinar entre nosotras y contribuir a un proceso permanente de crecimiento y evolución/revolución individual y colectivo.


¿Qué significa realmente el anarquismo?

El anarquismo ha sido calumniado y mal interpretado por tanto tiempo que probablemente lo primero que haya que hacer es dar una explicación de lo que es y no es. Quizás el estereotipo más difundido del anarquista es aquél de un hombre de aspecto malvado escondiendo una bomba encendida bajo su capa negra, dispuesto a destruir o a asesinar a cualquiera que se le atraviese. Esta imagen genera temor y repulsión en la mayoría independiente de sus ideas políticas. Como resultado se descarta el anarquismo como algo feo, violento y extremista. Otra concepción errada es que el anarquista es un idealista poco práctico, preocupado en futilidades, en abstracciones utópicas y sin contacto con la realidad concreta; en este caso el resultado también descarta el anarquismo por ser "un sueño imposible".

Ninguna de estas imágenes es representativa, (aunque haya habido anarquistas asesinos e idealistas, como en tantos movimientos políticos de izquierda o de derecha). Qué cosa sea representativa es algo que depende de nuestro punto de referencia. Hay diferentes tipos de anarquistas, del mismo modo que hay diferentes tipos de socialistas. Pero de lo que hablaré aquí será del anarquismo comunista, al que equiparo al socialismo libertario (en tanto no autoritario). Las etiquetas nos pueden confundir por lo que, con el ánimo de definir el término, diré que el anarquismo se basa en tres principios fundamentales (cada uno de los cuales creo que está relacionado, tarde o temprano, con un análisis feminista radical de la sociedad):

1. Creencia en la supresión de toda autoridad, jerarquía o gobierno.
Los anarquistas llaman a la disolución (más que a la toma) del poder de un humano sobre otro, de un estado sobre una comunidad. Mientras muchos socialistas invocan un gobierno de la clase trabajadora y un gradual "debilitamiento del estado", los anarquistas creen que los medios crean el fin, que un estado fuerte se autoperpetúa. La única forma de alcanzar el anarquismo (de acuerdo a la teoría anarquista) es a través de la creación de cooperativas y formas anti-autoritarias. El separar el proceso de los objetivos de la revolución es asegurar la perpetuación de una estructura y modelo opresor.

2. Creencia tanto en el individuo como en la colectividad.
La individualidad no es incompatible con un pensamiento comunista. Sin embargo debemos hacer una distinción entre el "individualismo basto" que alienta la competencia y el desprecio de las necesidades de los otros, y el verdadero individualismo, que implica libertad sin transgredir la libertad de los otros. Específicamente, en término de organización social y política significa equilibrar la iniciativa individual con la acción colectiva a través de la creación de estructuras que posibiliten la toma de decisiones por parte de los individuos organizados en grupos, en comunidades o en fábricas, no por "representantes" o "líderes". Significa coordinación y acción en una red de pequeños grupos o comunidades no jerárquicos (en un esquema de círculos más que de forma piramidal). Finalmente, significa que el triunfo de la revolución implica individuos y grupos autónomos, sin manipulación, trabajando juntos para tomar "directamente, sin mediación el control de la sociedad y de sus propias vidas" (Murray Bookchin: On Spontaneity and Organization, Liberation).

3. Creencia tanto en lo espontáneo como en la organización.
Los anarquistas siempre han sido acusados de promover el caos. La mayoría cree que el anarquismo es sinónimo de desorden, de confusión, de violencia. Esto es una total tergiversación de lo que en realidad representa el anarquismo. Los anarquistas no niegan la necesidad de la organización ellos sólo demandan que esta tiene que venir desde abajo, no desde arriba, desde dentro, más que desde fuera. Las estructuras externas impuestas o las reglas rígidas que promueven la manipulación y la pasividad son las formas más peligrosas que una "revolución" socialista puede adoptar. Nadie puede dictaminar el molde del futuro. La acción espontanea dentro de un contexto específico es necesaria si vamos a crear una sociedad que responda a las necesidades cambiantes de los individuos y de los grupos. Los anarquistas creen en la combinación de las cosas: una democracia de participación a pequeñas escala en conjunción que una cooperación y coordinación colectiva a gran escala (sin perder la iniciativa individual).

De este modo el anarquismo cobra un aspecto atractivo, pero ¿puede funcionar? ¿Tiene algo que ver esa utopía romántica con el mundo real? Por supuesto. Los anarquistas han tenido éxito (aunque sólo de modo temporal) en una serie de instancias (ninguna de ellas lo suficientemente conocida). España y Francia, en particular, tienen una larga tradición de actividad anarquista, y fue en estos dos países que se dio la materialización más emocionante del anarquismo teórico.


Más allá de la teoría: España 1936-1939; Francia 1968

La revolución es un asunto de los pueblo, una creación popular; la contra-revolución es asunto del Estado. Así ha sido siempre y así será siempre, ya sea en Rusia, en España o China.
(Federación Anarquista Ibérica- FAI- Tierra y Libertad, 3 de Julio de 1936)

Se cree comúnmente que la llamada Guerra Civil Española, fue simplemente una lucha entre el fascismo franquista y las fuerzas partidarias de una democracia liberal. Lo que ha sido pasado por alto, u obviado, es que en España aconteció algo mucho más importante que una guerra civil. Tuvo lugar una revolución con una amplia base social que abrazó los principios anarquistas, de modo concreto en muchas zonas del país. La reducción gradual y la eventual destrucción del movimiento libertario es menos importante que discutir aquí qué lograron realmente las mujeres y los hombres que participaron en ellas. A pesar de inmensos imprevistos ellos hicieron un trabajo anarquista.

La implementación de la colectivización anarquista y el autogobierno de los trabajadores durante la Revolución Española nos ejemplifica la organización más espontánea. Los anarquistas han sido parte de la conciencia popular española tanto en lo rural como en la industria. En el campo, tenían una larga tradición de comunalismo; muchos pueblos todavía comparten una propiedad común o dan partes de su tierra a quienes no tienen. Décadas de colectivismo rural y cooperación asentaron las bases para el anarquismo teórico que llegó a España en 1870 (por intermedio de revolucionario italiano Fanelli, amigo de Bakunin) y le dio auge al anarco-sindicalismo, la aplicación de los principios anarquistas a los sindicatos. La Confederación Nacional del Trabajo, fundada en 1910, fue la coalición anarco-sindicalista (junto a la Federación Anarquista Ibérica) que proporcionó la educación y la preparación a las organizaciones de trabajadores autogestionadas y a las colectivizaciones. Diez mil libros, periódicos y panfletos provenientes de casi todos los rincones de España para contribuir al conocimiento general del pensamiento anarquista. Los principios anarquistas de cooperación no jerárquica y la iniciativa individual combinada con las tácticas anarco-sindicalistas de sabotaje, boicot y combate, así como la instrucción en los aspectos productivos y económicos, les dieron a los trabajadores el substrato para fundar su teoría y su práctica. Esto llevó, después de julio de 1936, a una apropiación espontánea y exitosa tanto de fábricas como de los campos.

Cuando el 19 de julio de 1936, la legalidad española responde al triunfo electoral del Frente Popular, con una intervención militar, el pueblo lo resistió con una fuerza que contuvo a los militares en 24 horas. A esas alturas las urnas ganadoras eran una banalidad; había empezado una completa revolución social. Por un lado los obreros se fueron a la huelga o empezaron a hacer funcionar las fábricas ellos mismos; los campesinos, por otro lado, desconocieron a los terratenientes y empezaron a cultivar los campos por su cuenta. En un tiempo breve más del 60% de los campos españoles se trabajaban colectivamente, sin terratenientes, jefes, o competencia. La colectivización de las fábricas se dio sobre todo en la provincia de Catalunia, lo que no fue un logro menor. De este modo, después de 75 años de lucha y preparación se había logrado la colectivización, mediante la acción colectiva espontánea de los individuos inspirados en principios libertarios.

Pero ¿qué representa esta colectivización en la actualidad, y cómo funcionó? En general os colectivos anarquistas funcionan en dos niveles:
(1) En una democracia participativa a pequeña escala y (2) en una coordinación con control desde abajo a gran escala. En cada nivel objetivo principal era la descentralización y el dar cabida a la iniciativa individual. En las fábricas y el los pueblos, los representantes eran elegidos por consejos que operaban como instancias coordinantes o administrativas. Las decisiones siempre venían de las asambleas con más miembros, a las que todos los trabajadores asistían. Para estar alerta en contra de los peligros de la representación, los representantes eran los mismos trabajadores siempre sujetos al inmediato y periódico reemplazo. Estos consejos o comités eran las bases de la autogestión. A partir de ahí se podían establecer coordinaciones con federaciones autónomas que unían trabajadores y acciones de una fábrica o de un área geográfica. De este modo la distribución y el intercambio de bienes se podía realizar, así como la implementación de programas de alcance más amplio como el riego, el transporte y las comunicaciones. Una vez más el énfasis del proceso era de abajo hacia arriba. Este equilibrio esquivo entre la individualidad y el colectivo fue logrado de modo más exitoso por la Federación de Campesinos de Levante, que incluía a 900 colectivos, también se dio esto en la Federación de Colectivos de Aragón compuesta por 500 colectivos.

El aspecto más importante de la autogestión sea probablemente, la equiparación de los salarios. Esto se dio de diversas formas, pero frecuentemente a partir de un sistema de "salario familiar". Los salarios se pagaban a cada trabajador en dinero o cupones de acuerdo a las necesidades de él y sus seres dependientes. Se distribuían libremente los bienes en abundancia, mientras otros se obtenían con "dinero".

Los beneficios que produjo esta equiparación de salarios fueron enorme. Después de que se eliminó el que los beneficios se concentraran en unos pocos, los ingresos en dinero se emplearon tanto para modernizar la industria (compra de nuevas maquinaria, y mejores condiciones de trabajo) y para desarrollar la agricultura (el riego, las represas, la compra de tractores, etc.). No sólo los mejores productos resultaron más eficientes sino que también los precios eran más bajos. Esto fue así en fábricas de diversos tipos: las textiles, las municiones de metal, el gas, el agua, la electricidad, el pan, la pesca, el transporte municipal, los ferrocarriles, el teléfono, los productos ópticos, las prestaciones de salud, etc. Los trabajadores se beneficiaron con una jornada de trabajo menor, con mejores condiciones de trabajo, el cuidado libre de la salud, el pago para los cesantes, y un nuevo orgullo por sus trabajos. La autogestión engendró la creatividad y el espíritu de ayuda mutua; los trabajadores se comprometieron en producir productos que eran mejores que los producidos en condiciones de explotación. Querían demostrar que el trabajo socialista funcionaba, y que la competencia y el lucro eran innecesarios. En unos meses el nivel de vida había aumentado un 50 a un 100% en muchas zonas de España.

Los logros de los anarquistas españoles fueron más allá de unos niveles de vida alta y una igualdad económica; ellos implicaron la realización de los ideales humanos básicos: la libertad, la creatividad individual y la cooperación colectiva. Los colectivos anarquistas españoles no fracasaron: se los destruyó desde afuera. Aquellos que creían en el estado fuerte (de izquierdas y de derechas) hicieron lo posible por borrarlos fuera de la historia española. El anarquismo triunfante de aproximadamente ocho millones de españoles se comienza, recién ahora, a revelar.


Francia 1968.

Es por tu propio bien que haces la revolución
(Daniel y Gabriel Cohn –Bendit)

El anarquismo ha jugado un papel importante en la historia francés, pero más que sondear en el pasado, lo que quiero es centrarme en los acontecimientos contemporáneos de mayo y junio de 1968. Estos sucesos de mayo del 68 tienen particular significado porque han demostrado que la huelga general y la toma de las industriales por los trabajadores, así como las universidades por parte de los estudiantes, puede darse en países capitalistas de consumo. En específico, los hechos ocasionados por los estudiantes y trabajadores de Francia fueron transversal a los límites de clase y tuvo enormes consecuencia para la posibilidad de un cambio revolucionario en una sociedad de post escasez.

El 22 de marzo de 1968 los estudiantes de la Universidad de Nanterre, y entre ellos el anarquista Daniel Cohn-Bendit, hicieron ocupación de los edificios administrativos de sus escuelas reclamando tanto por el fin de la guerra de Vietnam como por el término de su propia opresión como estudiantes. (Sus demandas eran muy similares que las que hacían los estudiantes de la Universidad de Columbia en Berlin). La Universidad había sido clausurada y las manifestaciones se habían extendido a la Sorbona. La SNESP (Unión de profesores secundarios y universitarios) llamó a la huelga y la Unión de Estudiantes, la UNEF, organizó una manifestación para el 6 de mayo. Ese día, los estudiantes y la policía se enfrentaron en el Cuarteto en Paris; los manifestantes levantaron barricadas en las calles, y muchos de ellos fueron brutalmente golpeados por las descontroladas fuerzas policiales. El día 7 de mayo, había crecido el número de manifestantes hasta 20 o 50 mil personas, que marchaban hacia el Etoile cantando la Internacional. Durante los días siguientes, las confrontaciones entre la policía y los estudiantes se volvieron mucho más violentas y los manifestantes sufrían la furia de la represión policial. Las conversaciones entre las asociaciones de trabajadores y las de estudiantes y profesores (como la UNEF y la FEN) dieron origen a un llamado a huelga indefinida y a manifestaciones. El 13 de mayo alrededor de 600 mil personas, estudiantes, profesores y trabajadores, marcharon por Paris protestando. El mismo día, os trabajadores de la planta de Aviación Sur en Nantes (la cuidad con la tendencia anarco-sindicalista más fuerte en Francia) se fueron a huelga. Esto llevó a la huelga general, la más larga de la historia que en la que participaron 10 millones de trabajadores - "profesionales, obreros, intelectuales y jugadores de fútbol- (como señala Murray Bookchin en su libro El anarquismo en la sociedad post escasez). Los bancos, el correo, las gasolineras, las tiendas comerciales, todo estaba cerrado; no circulaba el transporte colectivo ni el metro y la basura se acumulaba ya que los recolectores se sumaron a la huelga. La Sorbona está ocupada por estudiantes, profesores y todo el que quisiera ir a participar en las discusiones que ahí tenían lugar, sobre todo aquellos diálogos políticos en los que se cuestionaban las bases de la sociedad capitalista francesa. Por todo París aparecieron afiches y rayados en las murallas: Prohibido prohibir. Por una vida sin horarios. Todo el poder a la imaginación. Más vida y menos consumo. Mayo y junio se convirtieron en un "asalto al orden establecido" y un "festival en las calles" (M. Bookchin). Las antiguas separaciones entre clase media y clase trabajadora se volvieron insignificante en tanto los trabajadores jóvenes y los estudiantes hicieron demandas similares: liberación de todo sistema opresivo y autoritario (la universidad y la fábrica) y el derecho a decidir sobre sus propias vidas.

El pueblo francés estuvo al borde de una revolución total. Una huelga general había paralizado a todo el país, los estudiantes tenían tomadas las universidades y los trabajadores las fábricas. Lo que quedaba por hacer es que los trabajadores hicieran funcionar las fábricas y tomaran acciones y medidas inmediatas para nada menos que la completa autogestión. Desafortunadamente esto no aconteció. La política autoritaria y los métodos burocráticos calaron hondo en la mayoría de las organizaciones de trabajadores de Francia. Como en España el Partido Comunista trabajo en contra de la acción directa y espontanea de la gente en las calles: la Revolución debe ser dirigida desde arriba. Los líderes de la CGT (la organización de trabajadores comunista) intentaron evitar el contacto entre los estudiantes y los trabajadores, y una unidad entre la izquierda se volvió imposible. Como de Gaulle y la policía incrementaron la violencia, muchos huelguistas aceptaron concesiones limitadas a sus demandas (mejoras económicas, reducciones en la jornada de trabajo, etc.) y volvieron al trabajo. Los estudiantes continuaron con confrontaciones cada vez más sangrientas con la policía, pero el momento ya había pasado. Hacia finales de junio, Francia había regresado a la "normalidad" bajo el mismo el mismo régimen de De Gualle.

Lo que pasó en Francia en el 68 está conectado esencialmente con la Revolución Española del 36; en ambos casos los principios anarquistas no solo se discutieron sino que también se implementaron. El hecho de que los trabajadores franceses no implementaran la autogestión en las fábricas puede ser por qué el anarco-sindicalismo en Francia no tenía tanta presencia anterior a 1968 como sí la tuvo en España antes del 36. Por supuesto esta es una simplificación ya que las explicaciones para las revoluciones frustradas pueden ser interminables. Lo que es crucial aquí, una vez más, es el hecho que en verdad ocurrió. Con mayo-junio del 68 se descartó la creencia de que la revolución era imposible en una sociedad capitalista avanzada. Los hijos de los trabajadores de clase media franceses, criados con pasividad, consumismo y/o trabajo enajenante, rechazaban mucho más que el capitalismo. Cuestionaron la misma autoridad, al demandar el derecho a una existencia con sentido. La razón para la revolución en una sociedad industrial moderna ya no está limitada al hambre y a la escasez material; ellos incorporaron el deseo de la liberación humana de todas las formas de dominación, en el fondo un cambio radical en la "calidad de vida cotidiana" (M. Bookchin). Ellos asumieron la necesidad de una sociedad libertaria.


El anarquismo no puede seguir siendo considerado un anacronismo.

Se dice frecuentemente que los anarquistas viven en un mundo de sueños del provenir pero que no perciben lo que pasa en el presente. Sin embargo vemos el presente demasiado bien, en su real apariencia, y eso es lo que nos lleva a portar el hacha en el bosque de los prejuicios que nos acosan.
(Pedro Kropotkin)

Hay dos razones importantes que explican el fracaso de la revolución en Francia: (1) una preparación teórica inadecuada en la teoría y práctica del anarquismo, y (2) el vasto poder del Estado coronado con el autoritarismo y la burocracia, que cuentan con las potenciales simpatías de los grupos izquierdistas. En España, la revolución estuvo mucho más esparcida y fue más tenaz a causa de su extendida preparación y aun así fue aplastada por un estado fascista y una izquierda autoritaria. Es importante visualizar estos dos factores para extrapolarlos a la situación presente de los E.E.U.U. No sólo tenemos el parámetro de un estado cuyas fuerzas armadas, su policía, y sus armas nucleares pueden destruir instantáneamente a toda la humanidad, sino que nos vemos enfrentados a una penetrante reverencia hacia la autoridad y las jerarquías cuya perpetuación se concreta diariamente a través de una pasividad doméstica cultivada por la familia, la escuela, la iglesia y la televisión. Además E.E.U.U. es un país inmenso con solo una pequeña y esporádica historia de acción anarquista. Puede parecer que no sólo no estamos preparados sino que además estamos mutilados por un estado mucho más poderoso que el de Francia y España juntos. Decir que luchamos en contra de una fuerza superior es una subestimación.
Pero ¿dónde nos conduce el considerar al Enemigo como un gigante despiadado e invencible? Si evitamos paralizarnos por el fatalismo y la futilidad, no puede obligar a redefinir la revolución en un sentido que nos podría centrar en el Anarco feminismo como un dispositivo desde el cual platear la lucha por la liberación humana. Son las mujeres las que tienen las claves para los nuevos conceptos de revolución, las mujeres que encarnan esa revolución no representan la toma del poder o la dominación de un grupo sobre otro bajo ninguna circunstancia y por ningún lapso de tiempo, ya que es la dominación misma la que debe ser abolida. La sobrevivencia del planeta depende de esto. No se les puede seguir permitiendo a los hombres que sólo manipulen el medio ambiente para sus propios intereses, del mismo modo que no se les puede seguir permitiendo que destruyan sistemáticamente todas las razas de la especie humana; en tanto la existencia de la jerarquía y la autoridad amenazan la existencia humana y del planeta. La liberación global y las prácticas libertarias se han vuelto necesarias, no solo como una ensoñación. Debemos producir las condiciones de vida para sobrevivir.

El centrarnos en el Anarco-feminismo como el dispositivo revolucionario necesario para nuestra lucha no es negar la inmensa tarea que tenemos delante. Vemos efectivamente "demasiado bien" las causas de nuestra opresión y el inmenso poder del Enemigo. Pero también vemos que el camino para salir de este implacable ciclo histórico de revoluciones incompletas o frustradas, requiere nuevas definiciones y tácticas de nuestra parte; unas que apunten al proceso de "vaciamiento" que describiremos en la sección "Haciendo real la utopía".

Como mujeres estamos bien situadas para participar en este proceso, porque hemos aprendido a ser sutiles, sigilosos, silenciosas, tenaces, agudamente sensibles y expertas en habilidades de comunicación, después de años de trabajo encubierto y clandestino. Por nuestra propia sobrevivencia, hemos aprendido a configurar redes de rebeldía que eran invisibles a los ojos "expertos".

Sabemos cómo luce una bota
vista desde abajo
conocemos la Filosofía de las botas
Invadiremos todo
como maleza silenciosa
Las plantas prisioneras se rebelarán
junto a nosotras
derribaremos las cercas
y las murallas caerán.
No habrá más botas.
Por el momento consumimos basura
y dormimos, mientras esperamos
debajo de tus pies.
Cuando digamos "al ataque"
no oiréis nada
al principio.

El trabajo anarquista no es inexistente en este país. Existe en la mente y las acciones de las mujeres que se preparan (a veces inconscientemente) para la revolución que destruirá la inercia histórica y el proceso mismo de la historia.
 .

El anarquismo y el movimiento de las mujeres.

La promoción de la solidaridad entre mujeres, es la única amenaza porque se opone directamente al modelo social y psíquico de jerarquía y dominación…
(Mary Daly, Más allá del Dios padre).

En todo el país grupos independientes de mujeres empiezan a funcionar sin las estructuras de liderazgo y otras omnipotestades de los hombres izquierdistas. Se están generando espontánea e independientemente organizaciones similares a las anarquistas de hace años atrás. No es casualidad.
(Cathy Levine, La tiranía de la tiranía).

Aunque no me adentré en el papel de las mujeres en España y Francia este se puede resumir en una sola palabra: inalterado. Los hombres anarquistas han sido un poco más benévolos que el resto de los hombres en el papel de someter a la mujer. Por esto la absoluta necesidad de una revolución anárquica feminista; de otro modo los mismos principios del anarquismo se volverían una hipocresía.

El movimiento actual de mujeres y el análisis feminista radical de la sociedad han contribuido mucho al pensamiento libertario. De hecho tengo la idea que las feministas han sido anarquistas de un modo inconsciente durante años, tanto en la teoría como en la práctica. Ahora requerimos estar conscientes de las conexiones entre el anarquismo y el feminismo y usar esta plataforma para proyectar nuestras ideas y acciones. Necesitamos ser capaces de ver claramente lo que queremos lograr y cómo hacerlo. Para ser más efectivas y para hacer posible el futuro que intuimos debemos darnos cuenta que lo que queremos no es sólo un cambio sino una transformación total.

El feminismo radical es casi puro anarquismo, plantea en sus tesis fundamentales que la familia nuclear es el pilar de todo sistema autoritario. La lección que aprenden los niños desde el padre al profesor pasando por el jefe y Dios es OBEDECER la voz anónima de la Autoridad. Pasar de la niñez a la adultez representa llegar a ser un autómata incapaz de cuestionar ni de pensar claramente. Llegamos a ser un norteamericano promedio creyendo todo lo que se nos han contado y aceptando violentamente la destrucción de la vida alrededor nuestro.

Las feministas estamos lidiando con un proceso de deterioro mental en el que la actitud dominante hacia el mundo exterior es lo dicho por los hombres y en el que sólo se permiten relaciones sujeto-objeto. Los políticos hombres tradicionales reducen los seres humanos a un plano de meros objetos para dominarlos y manipularlos en función de "fines" abstractos. Sin embargo las mujeres estamos intentando desarrollar una conciencia del "otro" en todos los planos. Vemos las relaciones sujeto a sujetos no sólo como deseables sino necesarias, (algunas hemos optado por trabajar y amar sólo a mujeres porque así este tipo de relaciones son más asequibles). Estamos trabajando juntas para expandir nuestra empatía y comprensión hacia otros seres vivos e identificarnos con ellos más que objetivarlos y manipularlos. Por eso el respeto por toda vida es un requisito para nuestra supervivencia. La teoría feminista radical también critica los patrones de pensamiento jerárquico de los hombres a través de los cuales la racionalidad domina a la sensualidad, la mente domina a la intuición, además generando que las continuas divisiones y polaridades (activo/pasivo, niño/adulto, sano/insano, trabajo/juego, espontaneidad/organización) nos enajenen de la experiencia mente-cuerpo como una totalidad y un continuo de la experiencia humanan. Las mujeres están intentando liberarse de estas dimensiones para vivir en armonía con el universo como totalidad y para llegar a ser humanos integrales dedicados a la sanación colectiva de nuestras heridas y escisiones individuales.

En la práctica verdadera dentro del Movimiento de Mujeres las feministas han tenido éxitos y fracasos en la abolición de la jerarquía y la dominación. Me parece que las mujeres hablan y actúan, frecuentemente como anarquistas "intuitivas" al plantear que adherimos a promovemos una negación total de todas las ideas y organizaciones patriarcales. Sin embargo esta adhesión está obstaculizada por las formas poderosas y penetrantes en que el patriarcado se encarna en nuestras mentes y relaciones. Vivir dentro y estar condicionados por una sociedad autoritaria con frecuencia nos impide hacer esas importantes relaciones entre feminismo y anarquismo. Cuando decimos que estamos combatiendo el patriarcado, no está siempre claro que eso significa combatir toda jerarquía, todo mando, todo gobierno incluso la misma idea de autoridad. Nuestros impulsos hacia el trabajo colectivo y hacia los pequeños grupos sin líderes han sido anarquistas pero en la mayoría de los casos no lo hemos designado con ese nombre. Y esto es importante porque una comprensión del feminismo como anarquismo nos podría catapultar a las mujeres desde un reformismo de soluciones provisionales hacia una confrontación revolucionaria en contra de la esencia de las políticas autoritarias.

Si queremos "hacer caer" el patriarcado, necesitamos hablar de anarquismo para saber qué significa exactamente y usarlo como plataforma para transformarnos a nosotras mismas y a las estructuras de nuestra vida cotidiana. Feminismo no significa poder empresarial femenino ni una mujer presidenta; significa ausencia de poder empresarial y ausencia de presidentes. Las Enmiendas para la Igualdad de Derecho, no transforman la sociedad, sólo les dan a las mujeres el "derecho" de ingresar a una economía jerárquica. Desafiar el sexismo significa desafiar toda jerarquía económica, política y personal; en otras palabras significa una revolución anarco-feminista.

Específicamente ¿cuándo han sido anarquistas las feministas y cuando lo hemos esbozado? Con la segunda oleada del feminismo que surgió en todo el país a finales de los 60, las formas en que las mujeres se organizaron reflejaban frecuentemente una conciencia libertaria no declarada. En la rebelión en contra del juego de poder competitivo de la jerarquía impersonal y las tácticas de organización de masas de los políticos hombres, las mujeres se dividieron en pequeños grupos concientizadores sin jefaturas que se ocupaban de los asuntos personales de la cotidianeidad. Cara a cara intentamos llegar a la causa de nuestra opresión compartiendo nuestras experiencias y percepciones desvalorizadas hasta el momento. Hemos aprendido unas de otras que la política no está "allá afuera" sino en nuestras mentes y cuerpos y entre los individuos. Las relaciones personales pueden oprimirnos, y lo hacen efectivamente, en tanta clase política. Nuestra miseria y las recriminaciones en contra de nosotras mismas eran el resultado directo de la dominación de los hombres en el hogar, en la calle, en el trabajo y en las organizaciones políticas. Así en muchas zonas de los E.E.U.U. los grupos C-R (Counsiousness Raising: Concientizadores, N. de la T.) se desarrollaron como una (re)acción directa y espontánea en contra del patriarcado. Pero son anarquistas: el énfasis en los pequeños grupos como la unidad básica de organización, la opción por lo personal en lo político, la lucha en contra del autoritarismo y la acción directa espontánea. Pero ¿dónde quedaron los años de preparación que inspiraron las actividades revolucionarias españolas? La estructura de los grupos de mujeres tenía un parecido sorprendente con los grupos de afinidad anarquistas dentro de las organizaciones anarco-sindicalistas en España, Francia y muchos otros países. Aunque no nos hayamos proclamado anarquistas, ni nos hayamos organizado conscientemente en torno a los principios anarquistas. En ese tiempo ni siquiera teníamos una red clandestina de comunicaciones ni un intercambio de ideas y capacidades. En el pasado el movimiento de mujeres fue sólo algo más que un puñado de grupos aislados a tientas en busca de respuestas, pero el anarquismo como ideal no especificado existía en nuestras mentes.

Tengo la creencia de que esto puso a las mujeres en una posición única como portadoras de un substrato anarquista en la conciencia que articulado y concretizado puede llevarnos más lejos que cualquier grupo que haya buscado la revolución total. El anarquismo intuitivo de las mujeres, si se clarifica y pule es un salto hacia delante (o más allá) en la lucha por la liberación humana. La teoría feminista radical proclama que al feminismo como la Revolución Definitiva. Esto es cierto si y sólo si reconocemos y reivindicamos nuestras raíces anarquistas. En el momento en que dejemos de ver la conexión del feminismo con el anarquismo no alcanzaremos la revolución y estaremos entrampadas en la "vieja rutina política de los hombres". Es el momento de dejar de ir a tientas en la oscuridad y ver qué hemos hecho, y hacemos, encaminadas hacia el horizonte del lugar dónde queremos finalmente estar.

Los grupos C-R fueron un buen comienzo, pero a menudo se empantanaron en conversaciones sobre problemas personales y fracasaron en asumir la acción directa y la confrontación política. Los grupos que se organizaron alrededor de asuntos o proyectos específicos a veces encontraron que la "tiranía de la falta de estructuras" podía ser tan destructiva como la "tiranía de la tiranía" (Cathy Levine Tiranía de la Tiranía y Jo Freeman: La tiranía de la falta de estructuras). El fracaso en mezclar la organización con la espontaneidad hizo emerger como líderes a aquellas que tenían más habilidades o carisma personal. Con lo que se provocó resentimiento y frustración en aquellas que se dieron cuenta que estaban en medio de escaramuzas, caza de brujas y luchas de poder. Con demasiada frecuencia esto terminaba a veces en una total falta de operatividad o bien en asumir la posición de que "lo único que necesitamos es más estructuras" (en el viejo sentido masculino del término).

Pienso que una vez más lo que hizo falta fue un análisis anarquista explícito. La organización no tiene por qué sofocar la espontaneidad ni seguir patrones jerárquicos. Los grupos o proyectos de mujeres que han tenido más éxito son los que han experimentado con estructuras flexibles y variadas: la rotación de tareas y cargos, el compartir todas las habilidades, el acceso igualitario a la información y a las fuentes, el no monopolizar la toma de decisiones y el darse tiempo para las discusiones. Este último elemento estructural es importante porque comprende los esfuerzos continuos de los miembros del grupo para vigilar las escurridizas fuerzas políticas. Si las mujeres se comprometen verbalmente en el trabajo colectivo, esto requiere una verdadera lucha para desaprender la pasividad (para eliminar a las "seguidoras") y para compartir habilidades y conocimientos (para evitar "líderes"). Esto no significa que no podamos inspirarnos en las palabras y en la vida de otros; las acciones con un carácter marcado realizadas por caracteres importantes pueden ser contagiosas, lo que no deja de ser relevante. Pero debemos evitar caer en antiguos patrones de conducta. En el lado positivo las estructuras emergentes del movimiento de mujeres en los últimos años han seguido un patrón anarquista de grupos orientado por pequeños proyectos construyendo una red clandestina de comunicaciones y acciones colectivas en torno a temas concretos. El éxito parcial en evitar líderes/estrellas y la difusión de proyectos pequeños (Centros para víctimas de violaciones, Colectivos de Salud de mujeres) en todo el país ha hecho difícil que una sola persona o un grupo hagan decaer el movimiento de mujeres. El feminismo es un monstruo con muchas cabezas que no se destruye por una decapitación individual. Nos propagamos y crecemos por vías incomprensibles para una mentalidad patriarcal.

De cualquier modo esto no significa subestimar el poder del enemigo. El mayor peligro que esto puede representar es el adoptar una visión limitada y no anarquista del feminismo como mero "cambio social". El considerar el sexismo como un mal erradicable con la participación femenina en los acontecimientos es afianzar la dominación y la opresión, porque el feminismo capitalista es una contradicción de conceptos. Cuando propiciamos asociaciones de mujeres, restaurantes, librerías, etc. tenemos que tener claro que lo hacemos por nuestra propia sobrevivencia, persiguiendo el objetivo de crear un modo de contrarrestar la competencia, el lucro personal y todas las formas económicas opresivas. Debemos comprometernos a "vivir en los límites" (Mary Daly) con valores anti-capitalistas y no-consumistas. No queremos la integración ni un "bocado del pastel" que significara "traspasar el poder de un grupo de chicos a otro grupo de chicos" (Robin Morgan, conferencia en el Boston College, nov. De 1973). Lo que requerimos es nada menos que la revolución total que invente un futuro limpio de injusticias, dominación o atropellos a la diversidad individual, en resumen una revolución anarco-feminista. Creo que las mujeres saben cómo proyectar su camino hacia la liberación humana; sólo necesitamos sacudir de nuestros análisis anarquistas femeninos, los lastres de formas, miradas y conceptos de la política masculina.


¿Cuál es el camino? Realizando la Utopía.

"Ah, tu visión es basura romántica, religiosidad sensiblera, idealismo inconsistente". "Haces poesía porque no puedes arreglártelas con la realidad concreta", esto me dice la vocecita en mi espalda. Pero de frente, si estuviera cerca, podríamos dialogar. Y en nuestro diálogo se aclararían las descripciones de lo que puede acontecer y de cómo se pueden resolver las cosas. Lo que de verdad falta en mi visión es lo concreto, los cuerpos humanos reales. Ahí dejaría de ser una mirada inconsistente para ser una realidad encarnada." (Su Negrin)

En vez de sentirnos desalentadas y aisladas deberíamos estar en nuestros pequeños grupos de discusión planificando, creando y problematizando…siempre deberíamos estar comprometiéndonos y generando activismo feminista, porque de este modo nos desarrollaríamos lentamente. En ausencia de este trabajo las mujeres consumen tranquilizantes, se enferman y se suicidan. (Cathy Levine)

Aquellas que vivíamos con la excitación de las marchas, las huelgas estudiantiles y las consignas de REVOLUCIÓN, AHORA, de los años 60, podríamos sentirnos desilusionadas y con una actitud cínica frente a cualquier cosa que pase en los 70. Rindiéndonos y aceptando aquello que parece más fácil que encarar las expectativas de décadas de lucha e incluso el fracaso definitivo. Por ello necesitamos una plataforma que nos permita enmarcar el proceso de revolución, ya que sin ella estamos condenados al encierro, a la lucha aislada o a las soluciones individuales. El tipo de plataforma o punto de consenso que proporciona el anarco-feminismo puede aparecer como un requisito para sostener cualquier intento de alcanzar horizontes utópicos. Si miramos a España y Francia vemos que la verdadera revolución no es "ni un acontecimiento accidental ni una maquinación desde arriba en busca de cuotas de poder" (Sam Doigoff). Toma años de preparación: intercambiando ideas e informaciones, realizando cambios en la conciencia y en las acciones y creando alternativas económicas y políticas a las estructuras jerárquicas del capitalismo. Requiere que la acción directa espontánea pase de los individuos autónomos a la confrontación política colectiva. Es importante "liberar la mente" y la vida personal, pero no es suficiente, la liberación no es una experiencia solitaria, forma parte de la coordinación con otros seres humanos. No hay una "liberación de mujeres" individual.

Por eso de lo que hablo es de un proceso a largo plazo que implica una serie de acciones para desaprender la pasividad y aprender a controlar nuestras propias vidas. Me refiero a un proceso de "vaciamiento" del sistema actual a través de la creación de alternativas, (concretas) teóricas y prácticas, al estado actual de cosas. La imagen romántica de un grupo pequeño de guerrilleros derrocando al gobierno de los E.E.U.U. es algo obsoleto (como lo es la política masculina) y además irrelevante dentro de nuestra concepción de la revolución. Seríamos aplastadas si tan solo lo intentáramos. En cambio, como decía un afiche "No queremos derrocar al gobierno, sino generar una situación en la que este desaparezca en la confusión". Eso es lo que pasó (temporalmente) en España y casi pasó en Francia. Es un debate abierto el si es necesaria la resistencia armada; el principio anarquista de "El medio crea el fin" pareciera implicar pacifismo, pero el poder del estado es tan grande que es difícil descartar totalmente la violencia. (La resistencia armada fue crucial en la Revolución Española y en Francia pudo serlo también). En todo caso el tema del pacifismo puede llevarnos a otra discusión y lo que me interesa aquí es enfatizar la necesidad de una preparación para transformar la sociedad, que incluya una plataforma anarco-feminista, además de paciencia revolucionaria y una activa confrontación continua con las actitudes patriarcales enquistadas.

Hemos estado involucradas muchos años en estas tácticas de preparación pero necesitamos continuar y llevarlas más allá. Las visualizo, básicamente, en tres niveles: 1. Educacional (intercambio de ideas y experiencias); 2. Económico/político; 3. Personal/político.

La "Educación" genera aceptación pero no significa "llevar las palabras a las masas", ni la persecución de los individuos para recetarles formas de ser. Me refiero a los métodos con los que hemos compartido nuestras vidas con otros desde la escritura (nuestra red de publicaciones feministas), los grupos de estudio, los programas televisivos y de radio de mujeres, las marchas y el teatro callejero. Los medios de comunicación podrían ofrecer un espacio importante para la comunicación y difusión revolucionaria; basta pensar en cómo nuestras vidas fueron condicionadas por la radio y la TV. Vistas aisladamente estas cosas pueden parecer ineficaces pero la gente cambia, efectivamente, escribiendo, leyendo, conversando y escuchando a otros, así como también participando activamente en movimientos políticos. Salir a la calle juntos destruye la pasividad y genera un espíritu de esfuerzo colectivo y fuerzas vitales que pueden ayudar a sostenernos y transformarnos. Mi propia transformación de una niña norteamericana promedio a una anarco-feminista fue el producto de una década de lectura, discusiones e intercambio con muchas personas y políticos de todo el país. Puede que mi experiencia sea única pero en ningún caso es algo extraordinario. En muchos lugares de este país la gente comienza a cuestionar lentamente los condicionamientos que lo llevan a aceptar la pasividad. Dios y el gobierno ya no son las autoridades definitivas que fueron. Esto no quiere decir que minimicemos el poder de la Iglesia y el Estado sino que enfatizamos los cambios aparentemente intrascendentes en las ideas y conductas que cuando se traducen en acciones colectivas constituyen un desafío real al patriarcado.

Las tácticas económico/políticas entran dentro de la acción directa y de la "resuelta ilegalidad" (término de Daniel Guerin). El anarco-sindicalismo plantea tres modos de acción directa: el sabotaje, la huelga y el boicot. El sabotaje es: "La obstrucción al proceso de producción por todos los medios posibles". Cada vez más el sabotaje es practicado por personas influenciadas inconscientemente por los valores del cambio social. Por ejemplo el ausentismo laboral sistemático es practicado tanto por oficinistas como por obreros. La resistencia a los empresarios se practica de un modo sutil lentificando la producción o descaradamente con la transgresión. El hacer el mínimo trabajo y lo más lento posible es una práctica habitual de los trabajadores como lo es el entorpecer el trabajo (a veces como una táctica de sindicato durante una huelga). Archivar mal documentos o perder alguno importante es común en las secretarias; o el permanente cambio de señalizaciones de destino en los trenes durante la huelga de ferrocarriles en Italia, 1967. Las tácticas de sabotaje pueden usarse para optimizar las huelgas; aunque la huelga sea el arma más importante de los trabajadores ya que siempre existe la posibilidad que una huelga particular llegue a paralizar todo el sistema si se propaga a otras fábricas y se hace general. La revolución social total es entonces el paso siguiente. Por supuesto que la autogestión de los trabajadores (con un sentido claro de cómo llegar a ella y mantenerla) es el objetivo final de la huelga general; de otro modo será una revolución abortada (como en Francia en 1968).

El boicot también puede ser una estrategia importante en una huelga o sindicato, además se puede usar para forzar cambios económicos o sociales. Rehusarse a votar, a pagar impuestos o a participar en la competencia y consumismo capitalistas, son acciones significativas cuando se acompañan de alternativas sin fines de lucro (ollas comunes, colectivos de salud y de ayuda jurídica, ropa reciclada, librerías, escuelas populares, etc.…). El consumismo es uno de los bastiones del capitalismo; practicar el boicot no comprando (especialmente aquellos productos no reciclables y los con publicidad ofensiva) es una táctica que tiene el poder de cambiar el "tono de lo cotidiano". Oponerse a votar por pasividad o desencanto es más frecuente que hacerlo por una conciencia política en contra de una pseudodemocracia en la que el poder y el dinero eligen a una elite. No votar puede ser algo más que una aceptación silenciosa, si se participa simultáneamente en la creación de formas verdaderamente democráticas en una red alternativa de grupos de afinidad anarquista.

Esto nos lleva a la tercera táctica la personal/política que está vitalmente conectada con las otras dos. Los grupos de afinidad anarquistas han sido desde hace mucho una estructura orgánica revolucionaria. En los sindicatos anarco-sindicalistas funcionan cimentando la autogestión. Pueden agruparse temporalmente para una tarea de corto plazo; otros pueden ser mas "permanentes" (como alternativa a la profesionalización y a las elites) o incluso pueden ser colectivos orgánicos donde individuos concretos aprenden a relacionarse con otros sin dominación ni posesión. Los grupos de afinidad anarquista son la base potencial en la que podemos construir una nueva sociedad libertaria, no jerárquica. Las formas de vida cambian nuestro pensamiento y nuestra percepción (y viceversa) y cuando los cambios en la conciencia se vuelven cambios en las acciones y las conductas, la revolución ha empezado.

El realizar la Utopía implica muchos niveles de lucha, además de tácticas específicas que se pueden desarrollar y cambiar constantemente, necesitamos la tenacidad política: la fuerza y habilidad para ver más allá del presente un futuro revolucionario y pleno. Para llegar a él necesitamos algo más que fe, nos exige a cada uno una obligación diaria que lo posibilite y acción directa.


La transformación del futuro.

La creación de una cultura femenina es un proceso que exige la máxima compenetración porque es la participación de una imagen que se renueva continuamente cada vez que conversamos con un amigo, que realizamos un boicot, que asumimos el manejo de una guardería de niños, que hacemos el amor con una hermana. No se define de otro modo que como un proceso de cambio. La cultura de mujeres nos purifica a todas, nombrando, creando desde una mirada armónica con nosotras mismas, con los otros y con nuestra madre tierra. En los últimos diez años hemos avanzado más rápido y más cerca que antes hacia el derrocamiento del patriarcado…lo que nos provoca una desbordante esperanza - salvaje, contagiosa, rebelde, loca ¡ESPERANZA!…La esperanza, el triunfo de la vida sobre la muerte, la desesperanza y el sinsentido que veo a mi alrededor- como una sacerdotisa del culto a una IMAGEN DE MUJER…
(Laurel: Hacia una imagen de mujer).

Antes pensaba que si la revolución no era mañana nos dominaría un sino catastrófico (o por lo menos catatónico). Ya no creo en un "antes y después de la revolución" y pienso que de este modo nos hemos librado del fracaso y la desesperación. Creo realmente que lo que necesitamos absolutamente para continuar luchando (en contra de la opresión cotidiana) es ESPERANZA, con la imagen de un futuro hermoso y poderoso que nos impulse firmemente hacia una creación desde abajo de un mundo interno y externo habitable y autorealizado (por autorealizado comprendo no sólo necesidades primarias como el alimento, vestuario, cobijo, etc. sino también necesidades psicológicas, por ejemplo un ambiente no opresivo que acoja la libre elección de alternativas posibles, específicas y concretas). Yo creo que la esperanza existe, así como está presente en la "imagen de mujer" de Laurel, en la "valentía existencial" de Mary Daly y en el anarco-feminismo. Voces distintas que describen el mismo sueño ya que "sólo el sueño puede romper las piedras que bloquean nuestras bocas" (Marge Piercy: "La provocación del sueño"). Mientras hablamos cambiamos y si cambiamos nos transformamos simultáneamente a nosotras mismas y al futuro.

Es cierto que no hay solución, individual o de otro tipo, en nuestra sociedad (Fran Taylor: "Un discurso deprimente sobre el romance, La solución Individual y Desgracias conectadas). Pero si somos capaces de contrarrestar esta deprimente verdad con una conciencia de la radical transformación que hemos experimentado - en nuestra mente y en nuestras vidas - tal vez tengamos el valor de hacer posible el SUEÑO. Obviamente que no es fácil enfrentar la opresión cotidiana y mantener la esperanza; pero es nuestra única opción. Si dejamos la esperanza (la habilidad de hacer las conexiones y proyectar el futuro) habremos perdido. La esperanza es la herramienta revolucionaria más poderosa de la mujer; es lo que nos proporcionamos unas a otras cada vez que compartimos nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestro amor. Nos impulsa a salirnos de la autoflagelación, la culpa y el fatalismo que nos mantiene cautivas en celdas separadas. Si nos rendimos ante la depresión y la desesperación ahora aceptaremos la inevitabilidad de las políticas autoritarias y la dominación patriarcal ("La desesperación es la peor traición, la seducción más fría; es creer que finalmente el enemigo triunfará" Marge Piercy "Derribando la torre").
No debemos permitir que nuestra pena y rabia se vuelva desesperanza o miopes "soluciones" a media. Nada de lo que hagamos es suficiente, sin embargo esos "pequeños cambios" en nuestras mentes, nuestras vidas, las vidas de los otros, no son totalmente inútiles y fútiles. Toma mucho tiempo hacer la revolución: es algo que uno proyecta y a la vez vive desde ahora. La transformación del futuro no será instantánea, pero puede ser total una unidad de pensamiento y acción, individualidad y colectividad, espontaneidad y organización, experimentando desde lo que es a lo que puede llegar a ser.

El anarquismo proporciona la plataforma de esta transformación. Es una imagen, un sueño, una posibilidad que se vuelve "real" si la vivenciamos. El feminismo es la conexión que enlaza al anarquismo con el futuro. Cuando vemos, de una vez, clara la conexión, cuando nos aferramos a esa imagen, cuando nos resistimos a que se nos quite la esperanza, estaremos cruzando el límite, de la nada a aquello que hoy apenas esbozamos. Hemos llevado dentro de nuestros cuerpos de mujer durante siglos esta imagen de mujer que es el anarco-feminismo. "Será una lucha continua en cada una de nosotras el parir esta imagen" (Laurel), pero debemos hacerlo. Debemos "conducir nuestra rabia como elefantes en batalla":

Somos sonámbulas atormentadas por pesadillas,
encerramos nuestra imagen en cuartos sellados, renunciando,
sólo cuando quebremos el espejo y recuperemos nuestra imagen,
sólo cuando seamos el viento que fluye y canta,
sólo en nuestros sueños los huesos pueden ser lanzas,
porque somos reales
y estamos despiertas.